Yo también enseño a mis hijos a decir gracias, buenos días o por favor

Somos muchos los que seguimos confiando en el valor de enseñar a los niños la importancia de dar las gracias. Porque palabras como “buenos días” o “por favor” son reflejo no solo del civismo, sino de esa conexión emocional ejercida mediante la palabra donde reconocemos a la otra persona.
Resulta curioso cómo en los últimos años ha surgido una tendencia en la cual, se reafirma la necesidad de “no obligar” al niño a nada.Se pretende que sea él mismo quien elija el momento en que iniciar tal conducta, tal palabra o tal acción como si con ello, se garantizara un crecimiento y maduración más respetuoso.
Ahora bien, el clásico “laissez faire” no puede llevarse a los extremos. Como padres, como madres, no podemos olvidar que somos los mejores artífices para propiciar la adecuada integración de un niño a su mundo. Hemos de darle ejemplos, estrategias y habilidades para conectar con los suyos en la etapa más adecuada. Porque cada aprendizaje tiene su tiempo y hemos de ser capaces de desarrollarlo en el niño.
Enseñar a nuestros hijos a dar las gracias, a decir buenos días o por favor, no es “obligarles” a nada. No es imponer. Es hacerles descubrir el poder que tienen algunas palabras en nuestra sociedad. Son gestos de armonía y de reconocimiento que hay que enseñarles cuanto antes.
Dar las gracias: el poder de una palabra que deben descubrir de forma temprana
El desarrollo socioemocional  de un niño tiene su “primer despertar” entre los 3 y los 6 años. Es entonces cuando su desarrollo del lenguaje se asienta de acuerdo a sus experiencias relacionales. Aprende de todo lo que ve, integra las conductas y reacciones de sus padres y afianza incluso la comunicación no verbal (gestos, movimientos actitudes…).
Es un pequeño paso que seguirá evolucionado cuando, una vez pase la barrera del “egocentrismo” y reconozca a sus iguales, se acerque ya a una madurez emocional más afinada pero también más compleja.
Con todo ello queremos dejar patente un aspecto esencial: como progenitores, debemos actuar siempre siendo el mejor modelo de conducta para nuestros hijos. Ahí donde el valor de un “gracias” tiene un poder inigualable que a veces, subestimamos.
Dar las gracias es entender también que no puedo tener todo lo que quiero
Hay niños pequeños verdaderamente despóticos. Son criaturas que dan por sentada cada cosa que reciben, y que se ven con el pleno derecho de hacer y reaccionar como les plazca.
  • Podríamos sin duda culpar de inmediato a los padres por este tipo de conductas. Sin embargo, hemos de tener en cuenta también que hay niños más difíciles que otros. Asumirlo es un desafío pero también una responsabilidad.
  • La educación social, cívica y emocional de una criatura empieza desde bien temprano. Mucho antes de que un niño aprenda a hablar ya entiende muchas más cosas de las que creemos.
  • Es necesario trabajar su frustración. No siempre pueden -ni deben- recibir todo lo que quieren. Y cuando lo hacen, cuando se les ofrece algo, es necesario inculcarles lo antes posible la palabra “gracias”.

Las palabras positivas que nos permiten reconocer a los demás

Cuando un niño de 3 y 4 años entra a una tienda y dice “buenos días” o “por favor” siempre despierta la atención y las sonrisas. Es una conducta positiva que le permite conectar con los demás de forma temprana.
  • Es muy posible que a esta edad aún no entienda lo importante que son estas expresiones. Sin embargo, lo que sí va a comprender es que decirlas, decir “gracias”, le ayuda a ser respetado, admirado y valorado.
  •  Porque un “gracias” es saber reconocer la acción que otros hacen por nosotros. Algo así es sin duda poder asentar los pilares de una auténtica empatía. Un aspecto clave para el desarrollo social y emocional de un niño.
Las palabras positivas se contagian
Enseñar a un niño a dar las gracias, buenos días o por favor, no cuesta nada y se consigue mucho. Si nuestros hijos llegan a la edad escolar con estas conductas integradas, lo más posible es que “las contagien” a sus compañeros. Es un modelo de civismo cargado de positividad que edifica las relaciones sociales.
  • Una vez más, es necesario recordar la trascendencia que tienen algunas palabras para el ser humano. Un “te quiero” un “eres importante para mí” o un simple “gracias” no son solo palabras. Son expresiones que crean emociones, un tipo de sentimiento que nace del interior y que llega a la persona que tenemos en frente.
  •  Hacerlas nuestras, conseguir que un niño pequeño normalice estas palabras hará que día a día sea más empático y maduro en sus entornos cercanos. No solo dará las gracias sino que también las exigirá.

Cuando haga algo por alguien esperará ser reconocido, ser respetado. Deseará que los demás lo traten con la misma cercanía que hace él. Todo ello, es un modelo que ha aprendido de nosotros y que sin lugar a dudas, le será de gran apoyo en el día a día.
Así que ahora dinos… ¿también tú enseñas a tus hijos el valor de estas mismas palabras?
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