Vivir es desatar nudos, coser sueños, tejer historias

Vivir la vida es una tarea constante donde coser sueños y desatar nudos, los pasados y los presentes para avanzar con mayor libertad. Tener una vida con significado implica a su vez que seamos sabios tejedores de historias, artesanos de las buenas relaciones y rastreadores de mejores espacios y entornos donde seguir creciendo en felicidad, libres de nubes oscuras y vientos fríos.

Asumir esta serie de ideas sería sin duda un buen modo de encarar mucho mejor esos vaivenes que acontecen en nuestro siempre complejo “aquí y ahora”. Una frase ilustrativa sobre esto mismo es aquella que dice que “la vida no se trata de lo rápido que corres o lo alto que subes, sino de cuán bien rebotas”. 

Es decir, el tener una realidad satisfactoria es un sutil proceso donde saber reaccionar a tiempo ante las adversidades, de entender que la felicidad no es un camino recto sino todo un ejercicio de creatividad , reacción, acción y supervivencia.

Vivir la vida no es solo limitarnos a existir, lo sabemos, sin embargo a veces se nos olvida. Se nos pasa por alto que alzarnos como auténticos protagonistas de ese escenario que cada día se abre ante nosotros implica varias cosas. La primera es responsabilidad con uno mismo. La segunda es disponer de pasión, de entusiasmo, de auténticas ganas por ser, estar y aspirar a cosas mejores. La tercera es ser capaces de dotar a nuestra vida de significado.

Este último término es importante y debemos recordarlo. De hecho, dentro de la corriente de la psicología positiva es una palabra que está adquiriendo mucha más relevancia que el propio concepto de “felicidad”. ¿La razón? Mientras la felicidad es a menudo una entidad limitada en el tiempo y momentánea, el ser capaces de dotar a nuestra realidad de un significado nos ofrecerá algo duradero, una razón de ser y existir.

mujer sentada junto a una casa pensando en vivir la vida mucho mejor

¿Podemos vivir la vida a nuestra manera?

Todos lo hemos pensado alguna vez. Todos nos hemos dicho eso de que nada puede ser tan satisfactorio como vivir la vida a nuestra manera, en ese nivel de frecuencia donde todo suena mejor, en esa tonalidad especial donde todo reluce, como en un cuadro de Monet.

Sin embargo, si algo aprendemos tarde o temprano es que esto no siempre es posible. El libre albedrío es poco más que una ilusión, y esto es así por dos razones: nuestro contexto social nos delimita y nos delimita también nuestro condicionamiento genético.

Es más, en el interesante libro Designing Positive Psychology” publicado por varios representantes de la psicología positiva nos indican que hasta nuestra propia cultura nos dice cómo debemos ser felices, a qué objetivos vitales deberíamos aspirar y qué cosas deberíamos cambiar de nosotros mismos para conseguir esa felicidad (o mejor dicho, sucedáneo de felicidad). Así, y aunque a veces tengamos la idea de que somos completamente libres para diseñar nuestras vidas, es poco más que una falacia. Porque no, no siempre lo somos.

Ahí está por ejemplo el mundo de la publicidad, convenciéndonos de que debemos comprar el último modelo de tal marca de móvil para sentirnos satisfechos, ahí ese modelo de belleza masculina y femenina al que todos tendríamos que aspirar para ser considerados atractivos y tener éxito… Con todo ello podemos ver sin duda que nuestro contexto psicosocial nos influye de un modo casi determinante sobre el modo en que deberíamos vivir nuestra vida.

Por otro lado, otro aspecto que nos ha venido inculcando nuestra cultura esa clásica idea de que la felicidad es igual a comodidad emocional. Dimensiones como la tristeza, la rabia, la frustración, el fracaso o la decepción deben camuflarse o evadirse como el dolor físico se aplaca con un analgésico. No importa saber el origen, mejor limítate a silenciarlos, a girar el rostro como si no estuvieran ahí.

Sin embargo están. Las emociones negativas forman parte del ser humano y de cualquier mamífero por una razón. Estas dimensiones se procesan en el sistema límbico para ayudarnos a sobrevivir, a vivir mejor…

La artesanía de construir una vida con significado

Sabemos ya que no somos verdaderamente libres para vivir la vida a nuestra manera en exclusiva. Hay límites, hay obligaciones y códigos que respetar. No obstante, más allá de esos principios ineludibles que marca nuestra convivencia como seres sociales, debemos abrir bien los ojos para librarnos de esos nudos que no sirven, que no ayudan, que quitan movimiento y libertad personal.

Muchos de esos nudos los gestan como ya sabemos nuestra cultura, nuestras familias, nuestras relaciones sociales incluso el peso de una sociedad marcadamente patriarcal en muchos aspectos aún oxidados. Debemos por tanto intuirlos y dejar esas incómodas ataduras que ponen cercos a nuestro crecimiento personal.

mujer ante un árbol pensando en vivir la vida mucho mejor

Por otro lado, y para hallar es significado que habrá de servirnos para llevar una existencia más plena, es esencial también que entendamos un aspecto. Sabemos que a día de hoy tiene mucho peso ese enfoque que nos anima a estar más presentes, a apreciar el aquí y ahora. Sin embargo, es preciso también que demos un paso más allá para preguntarnos lo siguiente: ¿qué es lo que quiero para mañana? ¿cómo quiero verme a mí mismo en un futuro cercano?

La respuesta que nos demos nos aportará un significado para nuestro presente, nos despejará caminos, nos conferirá ilusión y motivación. Solo así seremos mejores tejedores de historias y constructores de un sueño acorde a nuestros objetivos vitales.

Imágenes cortesía de Tiziana Rinaldi

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