“VACUNADOS”, EL DOCUMENTAL QUE MANIPULA LA FOBIA A LAS VACUNAS

ESTE TIPO DE DOCUMENTALES HACEN QUE LAS FOBIAS A LAS VACUNAS, FRENTE A UNOS IMPRESENTABLES QUE CON LA CONSPIRACIÓN EN LA CABEZA QUIEREN QUE LA HUMANIDAD VUELVA AL SIGLO XIX.

MILES DE TRABAJOS CIENTIFICOS EN CASI TODOS LOS PAISES DEL MUNDO DESDE HACE 60 AÑOS AVALAN QUE EL USO DE LAS VACUNAS HAN HECHO DESAPARECER ENFERMEDADES AUMENTANDO LA SALUD,  LA ESPERANZA DE VIDA Y LA CALIDAD DE VIDA DEL SER HUMANO.

EL ÚNICO “CIENTÍFICO” CAPÁZ DE DECIR BARBARIDADES EN CONTRA DE LAS VACUNAS Y EL INICIADOR DE TODA ESTA BOLA DE NIEVE CONSPIRATIVA SE ESCONDIÓ CUANDO MILES DE PERSONAS LE DIJERON QUE SUS ESTUDIOS FUERON MANIPULADOS, TANTO QUE LA REVISTA RETIRÓ EL ÚNICO ARTÍCULO EN CUESTIÓN Y LE RETIRARON LA LICENCIA COMO MÉDICO DE POR VIDA POR EL DAÑO QUE LE HIZO A LA MEDICINA.

ESTE TIPO DE DOCUMENTALES, DONDE METEN A LA MEDICINA EN LAS TEORÍAS CONSPIRANOICAS ENFERMIZAS DE ALGUNOS INTREPIDOS IGNORANTES CAUSAN QUE LAS PERSONAS NO ENTERADAS EN LA MATERIA TENGAN MIEDO DE POR VIDA. MIEDO DEBERÍA DARLES QUE RESURGIERAN MUCHAS ENFERMEDADES Y QUE NO PUDIERAN CONTROLARSE.

EL DOCUMENTAL NO FUE CENSURADO, SIMPLEMENTE NO SE LE PUEDE DAR CABIDA EN NINGUNA PARTE POR QUE LO QUE QUIEREN ES HACER DAÑO AL COLECTIVO. NO TIENEN NINGÚN AVAL DE LA RELACIÓN VACUNAS AUTISMO SEA CIERTO.


¿Es responsable la vacuna antisarampionosa de la enfermedad de Crohn?

Rápidamente aparecieron abrumadoras pruebas que contradecían rotundamente los hallazgos de Wakefied. Tal fue la contundencia de la críticas, que el propio Wakefield se retractó un año más tarde de su último estudio favorable sobre la implicación del sarampión en la enfermedad de Crohn, mediante un artículo donde ponía él mismo en evidencia la ausencia de indicios de infección en las muestras de sangre o tejido intestinal de pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal. Tras este artículo, Wakefield afirmaba pomposamente que el hecho de haber publicado datos a favor de una teoría y haberse retractado ante la evidencia de estudios posteriores era una prueba de integridad. A partir de tal constatación, era de esperar que esta cuestión quedara relegada al olvido.

¿Punto final?

Lamentando las consecuencias derivadas de la retirada del timerosal, la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine afirmaba en un editorial: ‘La idea de que el timerosal causó el autismo ha dado lugar al desarrollo de una industria casera de charlatanes que ofrecen falsas esperanzas, en parte en forma de agentes quelantes de mercurio. En agosto de 2005, un niño autista de 5 años falleció de una arritmia causada por la inyección del agente quelante EDTA. A pesar de que la noción de que el timerosal causa el autismo ya ha sido descartada por bastantes excelentes estudios epidemioló­ gicos, alrededor de 10.000 niños autistas en Estados Unidos reciben quelantes de mercurio cada año’. Paralelamente al debate científico, ha existido un debate judicial de gran magnitud. En Estados Unidos, entre los años 1999 y 2007 se habían recogido alrededor de 5.000 demandas de compensación de daños por la atribución del autismo a las vacunas. El total de las compensaciones económicas solicitadas se estima que ascendía a 2,5 billones de dólares. Las demandas se basaron en tres posibles teorías: la vacuna MMR es responsable del autismo, el timerosal puede causar autismo, y la combinación de la vacuna y el timerosal son la causa del autismo. Puesto que la hipótesis más potente en contra de las vacunas debería ser obviamente la tercera, pues engloba las dos primeras, la corte federal decidió, como primer paso para dar vía libre a todas las demandas, tratar de demostrar dicha causalidad. Los demandantes eligieron como prueba ejemplar el caso de Michelle Cedillo, una chica autista de 12 años. Basándose en este caso, se aportaron sobre la cuestión las opiniones de quienes las partes litigantes consideraron como los expertos más cualificados. No se juzgaba el caso de Michelle Cedillo de modo aislado, sino que este proceso representaba el núcleo del llamado Omnibus Autism Proceeding, que agrupaba las casi 5.000 familias demandantes. Se tomaron en consideración 23 informes mé­dicos, se analizaron minuciosamente 658 artículos de revistas médicas y durante tres semanas se escucharon los testimonios de 17 testigos, considerados los mejores expertos por una u otra de las partes. Después de reunir, analizar y ponderar prácticamente toda la información relevante, el juez George Hastings dictaminó el 12 de febrero de 2009 que el peso global de la evidencia era abrumadoramente contrario a las teorías planteadas por los demandantes. Añadía: ‘encuentro extremadamente improbable que cualquiera de los trastornos de Michelle pudiera estar en algún modo relacionado con la vacuna MMR o cualquier otra vacunación.’ El juicio Cedillo se puede considerar el análisis más exhaustivo, minucioso y completo llevado a cabo hasta el presente. No representa sólo una jurisprudencia jurídica, sino un serio análisis cientí­fico sobre la cuestión. Parecería que a partir de la aplastante evidencia científica y el vasto debate jurídico se debería dar por concluida la controversia. Sin embargo, la polémica sigue, pues cuando los argumentos están tan contaminados por las emociones, resulta muy difícil hallar un equilibrio.

El fraude en la investigación científica y médica, desde los plagios a los resultados no contrastables pasando por las estadísticas retocadas, es más frecuente de lo que cabría desear, pero pocas veces se produce un engaño total y premeditado, y menos si se juega con la salud de niños con el único propósito de hacerse rico.

Sin embargo, esto es lo que ocurrió, según la revista ‘British Medical Journal’ (BMJ), con el polémico estudio que vinculaba la vacuna triple vírica con el autismo. Aquella investigación, publicada en febrero de 1998 en la revista ‘The Lancet’ y posteriormente retirada tras descubrirse el fraude, relacionaba dicha vacuna -que se usa contra las paperas, el sarampión y la rubeola- con el desarrollo de esta enfermedad en 12 casos. Ahora, se acaban de poner de manifiesto los intereses económicos concretos que tenían los investigadores.

Cuando se descubrió que los datos publicados eran falsos, su principal autor, el doctor Andrew Wakefield, perdió la licencia para ejercer en el Reino Unido, pero él aún mantiene -ahora desde EEUU- que su estudio era válido, y algunos padres de pacientes de autismo todavía le apoyan, según puso de manifiesto la CNN la semana pasada, tras la aparición de nuevos datos que profundizaban en el fraude.

Sin embargo, ‘British Medical Journal’ insiste esta semana es que se trató de un fraude deliberado en el que se engañó a los padres, se hicieron pruebas inconvenientes a los niños, se fabricaron resultados y se ocultaron deliberadamente intereses económicos, según el pormenorizado relato que hace en esta publicación el periodista Brian Deer.

Pero, además, la revista sostiene que tras estas malas prácticas se escondía una trama destinada a hacer dinero, la cual arrancaba de un claro conflicto de intereses que Wakefield no declaró en su momento: había sido contratado -y pagado- por Richard Barr, un abogado que reclutaba a padres de niños autistas para demandar a los fabricantes de la vacuna. El investigador recibía 180 euros a la hora, gastos aparte, por sus servicios de asesoría científica al abogado.

Además, se barajó la idea de montar una empresa para explotar los supuestos resultados de la investigación, con previsiones de ganancias millonarias. En concreto, se llegaron a estimar retribuciones por un valor superior a los 33 millones de euros al año por un kit de diagnóstico que se quiso comercializar.

En un documento privado al que ha tenido acceso el mencionado periodista, se exponía la necesidad de recabar más de 590 millones de euros de inversores para poner en marcha el negocio. Pero no sólo se trataba de ganar dinero, sino también fama. De hecho, un ex colega del investigador ha declarado que oía hablar a Wakefield y su equipo de “ganar el Nobel” con este estudio.

El estudio de Andrew Wakefield sobre vacunas y autismo resultó ser un fraude 

Como prácticamente cualquier otro avance médico, técnico o científico de la historia de la humanidad las vacunas han tenido detractores desde siempre.

En los últimos años estos basaban buena parte de su posición anti-vacunas en un estudio del doctor Andrew Wakefield publicado en The Lancet que que sugería -Wakefield no se atrevió a afirmar tajantemente que existiera- una relación entre la administración de la vacuna triple vírica (Sarampión, Paperas y Rubeola) y el desarrollo de autismo en niños a los que le había sido administrada.

Afortunadamente, y aunque con bastante retraso, a a principios del año pasado The Lancet anunciaba que retiraba el estudio en cuestión, publicado originalmente en 1998, porque había comprobado que varios elementos de este eran incorrectos.

Y poco después el Consejo General Médico del Reino Unido retiraba su licencia a Wakefield tras comprobar que había actuado de forma poco ética, en especial sometiendo a los niños que habían formado parte del estudio a pruebas probablemente innecesarias y sin permiso de sus padres.

Pero lo que se me había pasado, aunque sabía que ningún otro estudio había replicado los resultados del de Wakefield, es que una investigación del periodista Brian Deer publicada ya en 2009 tiraba por tierra todo el estudio y demostraba que era un fraude ya que, entre otras cosas Wakefield había alterado los datos de los pacientes para hacerlos encajar con los resultados que buscaba.

En concreto, sólo a uno de los 12 niños que participaron en el estudio -una cifra ya demasiado baja para empezar- se le diagnosticó autismo, en lugar de a los nueve que decía Wakefield.

Por otro lado, de los 12 niños en cuestión, a cinco ya se les habían diagnosticado problemas en su desarrollo antes de comenzar el estudio, mientras que Wakefield afirmaba que todos estaban sanos.

Además, esos niños fueron seleccionados de entre familias asociadas a grupos antivacunas, y la financiación del estudio provenía de un abogado que tenía como objetivo demandar a las farmacéuticas fabricantes de la vacuna.

El magnífico trabajo de Deer, que se puede leer en The MMR-autism fraud – our story so far, ha salido de nuevo a la luz estos días porque el BMJ (British Medical Journal) acaba de empezar a publicar una serie de artículos al respecto escritos por Deer, el primero de los cuales se puede leer en How the case against the MMR vaccine was fixed.

Parece indiscutible que Wakefield actuó de mala fe, quemado además por fracasos anteriores a la hora de intentar demostrar otras teorías suyas más o menos igual de descabelladas, pero este caso también saca a la luz lo relativamente fácil que es colar un supuesto estudio a una publicación de prestigio como The Lancet gracias a la confidencialidad de la información de los pacientes. De hecho, a Deer le llevó ni más ni menos que cinco años conseguir reunir todas las piezas de esta historia.

Lo que resulta increíble después de todo esto es que Wakefield sigue ejerciendo como médico sin mayor problema en los Estados Unidos.

Pero lo peor, es sin duda, que su fraudulento estudio ha contribuido al descenso en el número de vacunaciones, y eso mata.

(Vi el enlace a los artículos del BMJ en Amazings, pero investigando el tema me encontré el enlace al artículo original de Deer en Magonia. Foto: flu shot (cc) peapodsquadmom).

Deja un comentario