Una deidad disfrazada

Tal vez les pueda parecer que mi asombro es algo que se dispara casi por cualquier cosa, en cierto sentido es así porque en esta travesía llamada búsqueda que tránsito equipado con las herramientas necesarias, no las físicas y materiales que siempre me obligan a hacer magia por su ausencia, sino las que deben acompañar nuestro espíritu para ello, son la curiosidad y el asombro, que hacen de una especie de combustible para dar marcha y me hacen seguir a pesar de las muchas inconveniencias que existen, pero que la convierten en algo fascinante. 
Es difícil no reaccionar ante lo que tenemos al frente a cada momento, pero de tiempo atrás hasta en este presente veloz y muchas veces confuso llama mi atención lo que podríamos considerar un efecto colateral de lo que vivimos, me refiero al cómo se reacciona ante lo que ocurre, he perdido la cuenta de los hechos y eventos que supuse causarían una explosión que cimbraría las bases de esta realidad, pero con inmensa sorpresa y tengo que reconocerlo, con tristeza descubría que sólo un puñado de personas fueron conscientes de estas cosas, una extraña minoría de “locos” que su característica tan singular es ver de una forma que cada vez parece más una anomalía, ver con mayúsculas y que regala la posibilidad de “encender” esa curiosidad y ese asombro que son accesorio original de los seres humanos. Pero el desuso lo empolva y aletarga, creo que la disminución de estas facultades son uno de los primeros síntomas que alertan de que quien lo sufre se está transformando en un durmiente, un ser a la mitad que deja en el camino una de las características fundamentales de esta especie mágica.
Lo que les contaré ahora es una muestra de este fenómeno, estaba tan cerca que pasó desapercibido para este buscador en principio, quizá por la turbulencia que cruzo ahora y que este septiembre recién concluido, —mes que es un umbral, un portal para este buscador por todo lo vivido a lo largo de los años— ha dejado un mensaje de esos que no puedes evitar, el ombligo de la luna ha sido sacudido otra vez, con una precisión que asusta y que ha traído mucho que investigar, las líneas a seguir se multiplicaron al grado de complicar seriamente mi sistema, que exige más tiempo y que me indica que un nuevo cambio en inevitable y está cerca, el vuelo a pleno es el siguiente paso que me alcanza aunque mi nave no está lista aún pero el destino lo requiere, así sea… En medio de todo esto donde con tristeza veo que mi círculo cercano se agrieta, que se ha contagiado de ese maléfico virus causante de los durmientes, la sorpresa y la curiosidad ya no causan nada en lo que siempre pensé base y estructura, la cercanía es tan dolorosa que causa un efecto que no puedo describir de otra forma que como “turbulencia” Quien ha experimentado esto en algún vuelo entenderá perfecto esta parte de mi viaje, que a pesar de esto ve una luz que reactiva mis sistemas y de la mano de la curiosidad surge otra búsqueda que como casi todas, nos hace descubrir más de lo esperado, otra pieza que encaja misteriosamente con el rompecabezas que es nuestra realidad en la que desconocemos casi todo, aquí tenemos otra muestra…


Nuestro viaje inicia el 16 de abril de 1964, el Distrito Federal recibía a una antigua deidad que fue conocida como Tlaloc, dios de la lluvia y que con enorme asombro para los habitantes citadinos fue visto pasar imponente entrando por la avenida de los Insurgentes para girar por el paseo de la Reforma hasta la entrada del reluciente museo de antropología que sería su nuevo hogar y sigue siéndolo hasta la fecha. 
Su llegada fue un suceso, para su transporte fue necesario adaptar una plataforma inmensa remolcada por dos trailers por las dimensiones y el peso de este enigmático monolito su llegada fue por las que quizá son las dos vías más importantes y representativas de este ombligo de la luna que fueron testigos de un fenómeno que le dio un toque misterioso y extraño, por dónde iba pasando el trailer una inesperada lluvia escoltó su camino, no me refiero a un aguacero común, sino que llovía justo por dónde iba pasando el imponente monolito y que es el recuerdo más intenso en quien lo vivió, hecho que fue plasmado en las crónicas del evento, he tenido la fortuna de conversar con una testigo presencial que da fe del inusual hecho y que hace hincapié en aquella sorpresiva lluvia, que fue lo más hablado por los sorprendidos testigos que veían que ese dios prehispánico era recibido por su elemento regente, el agua.


Pero el misterio nos guiña de nuevo, en principio porque el origen de esta deidad no está claro, se desvanece en el tiempo donde parece surgir de uno de los misterios más grandes que tiene mucho aún por ser descubierto, me refiero a los Olmecas, que son una de las culturas más influyentes en toda Mesoamerica pero de la que existen muchos vacíos, nos quedan vestigios que, regados por buena parte de este ombligo de la luna, lo más llamativo es que culturas posteriores quedan influenciados por su universo, ejemplo de ello son los Mexicas y los Mayas que “adoptan” esta deidad de las lluvias que dominaba el trueno, la lluvia y los terremotos.


Mi curiosidad se alerta con la nube oscura de un origen poco claro, siguiendo el rastro el misterio crece porque existe una duda razonable de que aquel monolito que observa silente el flujo eterno de una de las arterias principales de este ombligo de la luna sea quien nos dijeron, brota una disputa entre dos reconocidos historiadores que pelean por la identidad de este monolito, aquella escultura que hemos visto cientos de veces y que su historia nos parecía tan solida como la roca del que está hecho, esto viene desde el año de 1884 cuando el erudito Chavero relata el descubrimiento al oriente de la Cuenca de México en el municipio de Coatlinchan, cerca de Texcoco en el arroyo Santa Clara, existe un dibujo de José María Velasco que lo ilustra pero no se refieren a Tlaloc sino a Chachiuhtlicue, entidad femenina que es una dualidad interpretada como esposa del dios de la lluvia, que como tantas otras deidades tiene la capacidad de transformarse y cambiar de forma, mis alarmas sonaban con creciente intensidad…
La descripción hecha nos deja algo más, se describe una especie de silbato que sostenía en sus brazos, el rostro dañado e incompleto por el paso de los años y una ofrenda que no es descrita correctamente, en aquel momento el descubrimiento era lo principal y las ofrendas a las deidades eran cosa corriente, ¿o no?.


La otra parte de la disputa llega en manos del que en 1903 haría la excavación Leopoldo Bátres, el 10 de junio de dicho año encontrando que las medidas eran incorrectas, que la figura tenía destruidas las manos y por lógica el “instrumento” que portaba no estaba ahí, que la vestimenta de la figura era masculina, una especie de taparrabos llamado máxtlalt, con esto llega a la conclusión de que no es ella, es él, es Tlaloc y es el que lo liga con los misteriosos Olmecas, las preguntas aumentan a cada paso.


El misterio le sigue a través del tiempo, llegamos ahora a los años sesentas donde el interés del arquitecto Pedro Ramírez Vásquez hace que el presidente López Mateos acceda a su deseo de sacar de su sitio ancestral a el oficialmente conocido como Tlaloc para el museo de antropología, hecho que los pobladores de Coatlinchan no recibieron con agrado, aquella imponente figura era conocida y venerada como “La piedra de los tecomates” de la que se sabía era milagrosa, se habla que un poco de agua tomada de las oquedades de la figura tenía propiedades curativas y era el orgullo de los lugareños, el gobierno les prometió una réplica que jamás fue considerada, cuando los trabajos para trasladarla avanzaron el pueblo se negó totalmente a que lo sacaran de su lugar y comenzó una tensa etapa donde los lugareños saboteaban la obra al grado de robar los explosivos que usaban para extraerlo. 
Cuando era inminente el saqueo le pincharon las llantas a los trailers encargados del translado, la tensión se desbordaba y el presidente le ordenó al ejército intervenir y escoltar la operación, la fuerza se impuso al final y Tlaloc cambiaría su residencia a la capital del país, las propuestas ofrecidas quedaron en el olvido, fueron cambiadas por las agresiones, los golpes y el uso de la fuerza que es la huella que quedó indeleble en la memoria de aquella población que tuvo que resignarse, algo tristemente más que frecuente en estas latitudes de maravilla y también de injusticia.
El rastro sigue acompañado del asombro constante, ahora de la mano de una testigo presencial de todo aquello ocurrido en el 64, una maestra nativa de aquella tierra y que al igual que sus padres y abuelos convivieron con la piedra de los tecomates, su testimonio nos da otra pista que da otro giro de tuerca a la historia. 
Su testimonio fue contundente, en el 2014 cuando con motivo del 50 aniversario del “cambio de domicilio” de Tlaloc en una entrevista declaraba que este sigue aún en su tierra, en una montaña de los alrededores de Coatlinchan, que sus abuelos y luego sus padres le contaron que ellos mismos fueron a aquella montaña, a mostrar sus respetos a aquella antigua deidad que estaba conectado a través de el río Santa Clara que nuestra testigo conoció ya como un pequeño arroyo y que que llegaba a donde estaba su dualidad Chachiuhtlicue, estaban unidos por una serpiente de agua, por cierto Coatlinchan significa lugar de las serpientes, ¡de nuevo estos simbólicos y omnipresentes reptiles! y que era mejor conocido por aquellas gentes como la piedra de los tecomates, estaba convencida que esa era la piedra que el gobierno se llevó a la capital, la ubicación exacta de Tlaloc es un secreto que dijo se llevaría con ella.


El misterio teje su extraño rumbo, es asombroso cómo la versión oficial apoyada de ortodoxia se funde en un mismo camino, con la versión viva, de boca a boca que la historia nos muestra una y otra vez es más poderosa que las versiones oficiales que arrinconadas no tienen más que dejar abierta la puerta, en este caso la opinión de Bátres fue impregnada por la duda, no se podía asegurar que era Tlaloc aunque en 1903 esa fue la versión oficial y la que al paso del tiempo enterró las otras posibilidades, sólo un puño de testigos la contradicen y su voz se apaga irremediable entre el tiempo y la indiferencia, aquel sitio mágico que era conocido como “El lugar de los ritos de la señora de las aguas” donde aquella enigmática figura estaba, siempre acostada orientada hacia el sur y sus tecomates, termino antiguo para referirse a las jicaras, utensilios para el agua donde tomó su nombre, lugar que ahora está debajo de un conjunto habitacional donde la historia está enterrada y olvidada, el valor histórico y antropológico de aquel sitio no tuvo la menor importancia para las autoridades encargadas de esto pero, ¿porqué? 


Pero esto no termina aquí, termino con un puño de datos que son piezas pequeñas de un gran rompecabezas del que ya les he hablado y que coincidentemente, de nuevo las coincidencias encajan extrañamente, nos indican que hay más, mucho más en estas historias que parecen inconexas pero que en conjunto forman un indicio, pueden tomarlo así pero estoy convencido que esto esconde una historia que sugiere que esta historia va más allá de ese muro en apariencia infranqueable, que son esos míticos 12000 años que ahora está surgiendo que hubo un “fin del mundo” parcial que borró la historia de América al grado de que sólo pequeñas pistan nos dicen que hubo otras historias, pero esa entidad inmensa y poderosa no quiere que se sepa y cualquier descubrimiento que complique la versión oficial es silenciada, dicho esto les mostraré algunas de esas “coincidencias”
Se sabe que el arquitecto Pedro Ramírez Vásquez fue quien se empeño que Tlaloc estuviera en su actual ubicación, no sólo por el museo de antropología sino por algo más que estamos investigando, este personaje que con su obra le dio rostro a la antiguo Distrito Federal, hoy Ciudad de México, el estadio azteca, la basílica de Guadalupe y un sinnúmero de obras así lo muestran, sabemos que dicho arquitecto era un iniciado de nuestras imperdibles sociedades secretas que de nuevo saben… este hombre nació el 16 de abril de 1919, fecha que coincide con la llegada de Tlaloc a la ciudad y murió, un 16 de abril de 2013, esas coincidencias…
Por si fuera poco, la ofrenda que se encontró en el sitio de la piedra de los tecomates fue algo que ha sido bien guardado, por aquello de lo “politicamente correcto” enfermedad que justifica la omisión de cualquier cosa que no tenga buena imagen, los 12 de febrero se ofrecían en sacrificio para esta deidad 12 niños menores de 10 años que se les sacaba el corazón y se les despellejaba para tener contento a nuestro esquivo y poderoso dios, la inmensa cantidad de restos no dejan duda de esto y se sabe también que la ofrenda terminaba con un banquete donde los niños sacrificados eran el plato fuerte. 
Esto nos da un indicio llamativo, el sacrificio ritual humano viene de muy lejos de este ombligo de la luna, en otro lugar que es el portal y base de los últimos 7000 años, Sumeria, ese lugar del mundo tomado en el nombre del pretexto más de moda, terrorismo, petróleo lo que sea necesario decir para tener control de un sitio que tiene muchas respuestas, de esta zona tenemos el primer escrito Sumerio conocido como Atrahasis que nos narra las andanzas de EA, el señor de las aguas al cual le encantaban los sacrificios rituales y que se ha ido disfrazando oculto en un sinfín de historias míticas, como los misteriosos Abgal de sirio, los señores del agua que se comían al despistado que se acercara a los ríos donde dormían, otro disfraz el el de Apkallu en sumeria que emergia del golfo pérsico reclamando sangre, o en Oannes, hijo de Enki, creado de esta humanidad y por tanto reclamaba ofrendas similares.
Este singular ente sin duda poderoso navega e través del nuestro tiempo e historia, oculto en el mítico Neptuno, con rasgos similares en Jupiter y así podría seguir la lista, desde el extraño y bipolar Yahvé autor intelectual de los holocaustos en su honor, ¿les suena?… otra de las interpretaciones más oscuras es el mismísimo oscuro o contrario, que es nombrado y venerado como Rainman, el hombre de la lluvia…


Lo más llamativo es que no importa el lugar del planeta ni el tiempo, existe una entidad poderosa, que posee una personalidad y unas potestades más que similares al grado de ser considerada un dios que pide sumisión y que enseñó los sacrificios rituales a esta humanidad que lo aprendió bien y lo hizo, lo hace y creo lo hará por mucho tiempo, su rastro está ahí hasta en sitios donde jamás hubiéramos pensado, las piezas del rompecabezas están ahí y con el paso del tiempo surgirán más, su incógnito se desvanecerá en algún momento…
Articulo publicado en…https://sabiens2.blogspot.com.es/2017/10/una-deidad-disfrazada.html

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