UN SANGRIENTO CAMINO A LA LIBERTAD: LA REBELIÓN DE ESCLAVOS EN HAITÍ

UN SANGRIENTO CAMINO A LA LIBERTAD: 

LA REBELIÓN DE ESCLAVOS EN HAITÍ
¡Juremos vivir libres e independientes 
y preferir la muerte antes 
que permitir que nos vuelvan a encadenar!
Declaración de Independencia de Haití, 
1 de enero de 1804

Todos nos hemos emocionado con Espartaco y la épica de su rebelión contra Roma. Aunque finalmente perdiera, se ha llevado toda la fama: novelas, películas, series… Pero hubo otra que resultó triunfante, y que, además de conseguir la supresión de la esclavitud, creó un nuevo estado; estoy hablando de la Revuelta de Haití en 1791 protagonizada por la población negra, llevada allí para trabajar en las plantaciones de azúcar.

Saint-Domingue (como se conocía entonces a Haití) era la colonia más rentable del Imperio Francés, era el principal centro productor mundial de azúcar y café en sus grandes plantaciones donde trabajaban los esclavos traídos de África. Éstos eran mayoría, había unos 452.000 frente a 32.000 blancos, también habían unos 28.000 mulatos y negros liberados.
La sociedad de Saint Domingue
La economía de Saint Domingue se había desarrollado, como en gran parte de la América colonial, sobre la base de la plantación esclavista, sobre todo de azúcar y café.
Sin embargo la colonia francesa estaba sobreexplotada: hacia 1780 Saint Domingue producía nada menos que el 40% de todo el azúcar y el 60% de todo el café que se consumía en Europa.
Unas cifras espectaculares. Pero, ¿cómo podían sostenerlas una colonia de apenas veinticinco mil kilómetros cuadrados de terreno predominantemente montañoso? Pues con otras cifras no menos sorprendentes. 
Algunos datos sobre la población de Saint Domingue a finales de la década de 1780:
Población esclava: 452.000
Importación de esclavos de África: 
40.000 al año (un tercio del comercio atlántico)
Población europea: 40.000
Otra población no esclava: 28.000

A finales de la década de 1780 más del 80% de los habitantes en Saint Domingue eran esclavos

Como os podéis imaginar, las condiciones de vida en las plantaciones eran durísimas, y morían más esclavos de los que nacían. Esto provocaban una llegada continua de esclavos africanos que tendían a ser más insumisos que los que ya habían nacido cautivos.
Pero esta próspera pero pequeña isla caribeña se iba a convertir en una prueba de fuego para los ideales de la Revolución Francesa, ya os podéis imaginar que eso de liberté, egalité y fraternité iba a ser una bomba con toda esa población de esclavos.
En un principio, cada grupo social en Haití iba a buscar su beneficio con la Revolución Francesa. Los propietarios blancos vieron una oportunidad de conseguir la independencia y poder gestionar a su antojo los beneficios de las plantaciones. Los mulatos y liberados actuaban como una especie de clase media, muchos tenían formación (normalmente eran hijos de blanco y negra, y los padres normalmente pagaban una educación para calmar un poco sus conciencias), y esperaban que los nuevos aires que venían de la metrópolis, trajeran una igualdad de derechos. Finalmente, los esclavos negros temían los planes de emancipación de los terratenientes, ya que temían que impusiera un régimen de explotación aún más terrible.
A finales de 1790, los mulatos y libertos intensificaron sus demandas, y querían el derecho a voto. Las autoridades de la colonia se negaron, lo que propició una revueltade éstos primeros, liderada por Vincent Ogé, que fue suprimida en poco tiempo. Aunque de momento, los esclavos no intervinieron.
Sería un año después. En 1791, el Gobierno Revolucionario francés anunció una ley que daba la plena ciudadanía a la gente de color adinerada que había conseguido la libertad. Los blancos se negaron a reconocer estos derechos, y volvieron a producirse enfrentamientos. Esta vez los esclavos decidieron que ya era hora de pasar a la acción.
El estallido de la revuelta tiene todos los elementos que se puede esperar de un drama haitiano. El tiro de salida fue una ceremonia vudú en Bois Caïman. En diez días, los esclavos se hicieron con el control del norte de la colonia. Los años de opresión dieron rienda suelta a las más duras represalias por parte de los africanos, que no se dejaron de matar, violar y saquear en las plantaciones de sus antiguos amos.
Los propietarios blancos no se quedaron de brazos cruzados ya que llevaban tiempo esperando un estallido así. Francia reaccionó con el palo y la zanahoria. Por un lado, envió 6.000 soldados para tratar de instaurar el orden, pero por el otro aprobó la concesión de derechos ciudadanos a todas las personas de color en las colonias (una medida que causó estupor en el resto de Europa y Estados Unidos).
El conflicto poco a poco se convirtió en un todo contra todos. Los propietarios blancos no se fiaban del gobierno revolucionario y buscaron pactar con Gran Bretaña para que se quedara con la colonia, ésta envió tropas que ocuparon el sur y el oeste de la colonia. A su vez, Londres y España ayudaban a los esclavos rebeldes para erosionar el poder francés.
Ante la posibilidad de perder la colonia, la Convención Nacional francesa bajo el liderazgo de Robespierre decidió abolir la esclavitud en todas sus posesiones. Los esclavos pasaron a colaborar con las tropas francesas para expulsar a españoles y británicos. Hasta entonces, la rebelión había provocado la muerte de entre 200.000 y 350.000 haitianos y entre 50.000 y 100.000 blancos, principalmente soldados europeos.
Pese a que el principal conflicto se calmó, las tensiones siguieron, y en especial entre los negros y los mulatos, estos últimos recelaban de la influencia de los primeros, con personajes destacados como Toussaint L’Ouverture. Éste fue apodado como el Napoleón Negro, y consiguió ocupar también la parte de la isla de Santo Domingo bajo control español, y liberar a los esclavos que allí había.
Precisamente, la situación volvería a encabritarse con los planes de Bonaparte para reinstaurar el poder colonial francés. El Gran Corso contemplaba reinstaurar la esclavitud, lo que propició una revuelta de los propietarios negros en 1802. Nuevamente se produjo una campaña donde ambos bandos recurrieron a las atrocidades, y también volvieron a intervenir los ingleses.
En esta ocasión, los franceses quedaron en una posición muy complicada. Parte de la población blanca, lealistas monárquicos, no quiso unirse al as fuerzas bonapartistas, el bloqueo naval británico y la decisión de Napoleón de centrarse en las guerras europeos hizo inviable la llegada de refuerzos.
Las fuerzas francesas fueron derrotadas definitivamente en noviembre de 1803 en la batalla de Vertières. El líder haitiano ahora era Jean-Jacques Dessalines (L’Ouverture había sido capturado y llevado a Francia donde murió en 1803), proclamó la independencia, lo que dio lugar a una serie de matanzas contra la población blanca que quedaba.
De esta manera tan sangrienta, Haití se convirtió en el primer país de América Latina en conseguir la independencia, también fue el primer estado post-colonial gobernado por negros y la única nación que había conquistado su libertad a través de una rebelión de esclavos. Durante los primeros años del siglo XIX, hubo el temor que los franceses volvieran para recuperar su antigua colonia. Pero París aceptó reconocer la emancipación a cambio de que se recompensaran a los antiguos propietarios de las plantaciones, pero que dejó a las arcas del país en bancarrota.
El país no recuperó su potencia económica de antes de las revueltas. Para muchos, que hoy en día, Haití sigue pagando su osadía de ser los primeros en rebelarse contra el poder blanco, y por eso nunca han podido levantar cabeza. En cualquier caso, fue un evento que abrió las puertas a que Gran Bretaña aboliera el comercio de esclavos en 1807 (aunque aún habría esclavitud en sus colonias hasta 1834).
No se puede decir que la nueva etapa de libertad fuera también de prosperidad. Estados Unidos, cediendo a las presiones de España y Francia, no reconoció la independencia del nuevo territorio y proclamó un embargo al país, prohibiendo el comercio con él.
De igual modo, la gran mayoría de naciones americanas y europeas se negaron a aceptar una república de esclavos liberados, lo que hizo que Haití estuviera aislado y apartado del comercio internacional durante décadas.
Este aislamiento después de trece años de guerra destructiva impidió la recuperación de la economía haitiana. Si a eso le sumamos el gran pago que tuvo que afrontar para que Francia terminara cediendo y reconociendo su independencia, las continuas guerras con la República Dominicana y, por fin, una ocupación estadounidense a principios del siglo XX, tendremos la explicación de que, la que antaño fuera la Perla de las Antillas, haya sido desde su independencia uno de los países más pobres del mundo.
Sin embargo en la actualidad el día de Año Nuevo se prepara en las casas haitianas el Joumou, una sopa de calabaza, en honor de aquellos esclavos que las cultivaron para sus amos blancos sin poder comerla, y que lucharon por su libertad y la ganaron un uno de enero.
Según Michel-Roph Trouillot, en su obra: “Silencing the Past. Power and the Production of History”: 

“la Revolución Haitiana fue silenciada por la historiografía occidental, porque dados sus supuestos, esta revolución tal como ocurrió, era impensable. 
De hecho la afirmación de que africanos esclavizados y sus descendientes no podían imaginar su libertad –y menos aún, formular estrategias para conquistar y afianzar dicha libertad– no estaba basada tanto en la evidencia empírica como una ontología, una organización implícita del mundo y de sus habitantes. Aunque de ninguna forma monolítica, esta concepción del mundo era ampliamente compartida- por los blancos en Europa y las Américas, y también por muchos dueños de plantaciones no-blancos. Aunque dejó espacio para variaciones, ninguna de estas variaciones incluyó la posibilidad de un levantamiento revolucionario en las plantaciones de esclavos, y menos aún uno exitoso que condujese a crear un Estado independiente. 
Así, la Revolución Haitiana entró en la historia mundial con la particular característica de ser inconcebible aún mientras ocurría. En un orden global caracterizado por la colonización del mundo, la esclavitud y el racismo, no había lugar a dudas en cuanto a la superioridad europea, y por lo tanto acontecimientos que la pusiesen en cuestión no eran concebibles. 
Lo impensable es aquello que no puede ser concebido dentro del rango de alternativas posibles, aquello que pervierte todas las respuestas porque desafía los términos a partir de los cuales se formulan las preguntas. En este sentido, la Revolución Haitiana fue impensable en su tiempo: retó el propio marco de referencia a partir del cual sus proponentes y opositores examinaban la raza, el colonialismo y la esclavitud. 
La visión del mundo gana sobre los hechos: la hegemonía blanca es natural, tomada como dada; cualquier alternativa todavía está en el dominio de lo impensable”. 
De acuerdo a Trouillot, “el silenciamiento de la Revolución Haitiana es sólo un capítulo dentro de la narrativa de la dominación global sobre los pueblos no europeos”.


se sitúa en la rebelión haitiana



La Revolución haitiana (1791–1804) fue la primera revolución de América Latina, que culminó con la abolición de la esclavitud en la colonia francesa de Saint-Domingue, y la proclamación de la República de Haití. Aunque ocurrieron cientos de revueltas de esclavos en el Nuevo Mundo, la revuelta de esclavos de Santo Domingo iniciada en 1791 fue la única en conseguir una independencia duradera bajo un estado libre. Entre 1791 y 1804 e inspirados por los houngan (hechiceros o sacerdotes vudús) Dutty Boukman y François Mackandal, los cabecillas François Dominique Toussaint-Louverture y Jean-Jacques Dessalines lideraron la revolución contra el sistema esclavista instaurado en la isla, esclavitud que junto con las otras colonias del Caribe del imperio colonial francés eran fuente de la tercera parte de los ingresos de Francia. Unos 100.000 esclavos tomaran las armas durante la larga guerra.
El Origen de la República de Haití

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