Luego de años de estudiar las fotografías tomadas desde los vehículos enviados a explorar Marte, el entomólogo William Romoser afirmó el martes ante la comunidad científica que en el territorio marciano “ha habido y todavía hay vida”, él por lo menos halló un tipo: los insectos.

Los resultados de su investigación fueron presentados en la reunión anual de la Sociedad de Entomológica de América en Sant Louis, Missouri, Estados Unidos. La afirmación de que hay insectos en Marte es osada para cualquiera porque es una forma de admitir que hay vida en aquel planeta. Romoser sustenta su declaración en las imágenes de la superficie marciana tomadas por los vehículos exploradores.

La búsqueda de evidencia de vida microbiana en Marte —ya sea fósil o existente— es más acentuada con cada misión enviada. Pero de acuerdo a un entomólogo, tal vez ya hemos encontrado vida en Marte sin darnos cuenta, y no se trata de minúsculos microbios, sino de grandes insectos.

William Romoser, un especialista en insectos de la Universidad de Ohio, ha pasado años escudriñando las fotos tomadas por los rovers que exploran el planeta rojo. Y ha notado, en muchas de ellas, una gran variedad de estructuras entre las rocas que podrían identificarse como insectos, tanto fosilizados como vivos.

Pero no solo eso, también ha divisado algunas formas que recuerdan a serpientes. Este cuerpo de evidencia es, según Romoser, suficientemente bueno como para justificar una investigación más profunda. Es así que como primer paso ha presentado sus hallazgos en la reunión anual de la Sociedad de Entomología Americana en San Luis (Misuri).

«Ha habido y todavía hay vida en Marte», dice el científico. «Existe una diversidad entre la fauna insectoide marciana, cuyas características son similares en muchas ocasiones a insectos que podemos encontrar en nuestro planeta: caparazones, alas, patas, ojos, antenas y segmentación del cuerpo».

Las fotos de los rovers liberadas al público por la NASA —particularmente de Curiosity, ya que su hermano Opportunity falleció el año pasado a manos de una colosal tormenta de arena— muestran en detalle la superficie de Marte. No obstante, el estudio de las mismas se limita, usualmente —o caprichosamente—, a la geología, dejando a otras ramas de la ciencia, como la arqueología o, en este caso, la entomología, totalmente de lado.

Son estas mismas imágenes las que Romoser ha analizado desde su punto de vista y especialidad. Su criterio para diferenciar a los insectos de las rocas circundantes se basa en la simetría, segmentación, restos esqueléticos y agrupaciones de una o más formas. Asimismo, también tuvo en cuenta ciertas poses como evidencia de movimiento o vuelo, e incluso una aparente interacción entre las formas reconocidas, para concluir que algunos de estos insectos no serían solo fósiles, ¡sino que estarían vivos!

«Una vez que se ha identificado una forma inusual en una imagen clara, se puede reconocer a la misma forma en otras imágenes menos claras, pero igualmente válidas», explica.

Es de suponerse que la afirmación hecha por este entomólogo puede ser descartada por el establishment científico alegando que son solo rocas, y que sus argumentos solo pueden ser obra de la pareidolia. Pero lo cierto es que dicho grupo paradigmático en realidad no puede probar que no sean fósiles de insectos; a menos, claro, que se tomen la molestia de analizar las cosas yendo más allá de la geología y el mundo microbiano.

Dudamos mucho que esto último sea aplicado mediante las misiones robóticas a Marte, incluyendo la Mars 2020, que tiene un rover mejor equipado que Curiosity para la búsqueda de vida. Sin embargo, es probable que, cuando se lancen las misiones tripuladas dentro del próximo par de décadas, los primeros colonos puedan confirmar que algunas cosas que se tenían como simple rocas, son algo más…

«Mientras que cualquier imagen no puede probar nada por sí misma, creo que el mosaico que he descrito aquí es convincente», escribe Romoser en el resumen de su estudio. «Yo veo la investigación que he reportado como replicativa y corroborativa. Queda claro que se necesita mucho más estudio de las fotos».

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