Un bello libro de poemas para rimar el alma

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  Recorriendo paisajes íntimos y a la vez universales, el autor nos transmite las profundidades del alma humana, tocando las hebras más personales de cualquiera que haya sentido amor o amistad en su vida.



  La calidad de la obra ha sido reconocida por miles de lectores en todo el mundo, y el libro ha logrado estar entre los libros de poesía más vendidos en todo el mundo durante 4 semanas consecutivas en las tiendas de Amazon y Kindle, lo que habla de la gran influencia y éxito de la obra.
  Con la autorización explícita del autor, compartimos algunos de ellos, y dejamos al final enlaces para poder adquirir el libro si les han gustado:


“La jaula se ha vuelto pájaro”*

   …abrió sus puertas al cielo y remontó osado vuelo,
cual si fueran alas los extremos del horizonte,
vio que los precipicios de miedo no resisten sueños alados.



   Libérate tú de tus certezas,
¡a qué las ciencias cuando besas!
   No tientes las palabras por verdades,
¡a qué más verdad que los labios amantes pares!
   Continente y contenido,
tu pecho, tus labios, tus latidos,
tu pared es que no trepas,
quieto estás en tus barreras.
   La jaula se ha convertido en pájaro,
el gusano ha despertado de alas pintado,
la noche se ha vestido de soles
y las llamas sanan los roces.
   No hay prisión más honda
que un corazón que no ama.
   Tus precipicios son tu miedo en sombras.
   Salta. 
   Salta.
   Tú eres tus alas.
*(“La jaula se ha vuelto pájaro”, Alejandra Pizarnik).

 
“Suerte que te vi”

   …de esas suertes que salvan la vida, 
de esas suertes que escriben destino con su tinta.
   Porque cuando te veo entiendo por fin al mundo, 
y los cielos y el horizonte ocupan ya su cierto lugar: 
un beso a ti abrazado, y en tu regazo mi dulce hogar.



   Tú eres mi canción cuando todo lo demás queda mudo.
   La vida como un péndulo entre dos abismos,
una eterna duda de una esperanza en vilo,
al verte volviste los vacíos en mil alturas.
   Y tus pupilas de estrellas se me hacen cunas.
   Suerte que te vi, brújula de mis sueños, 
distraída, ajena, como sin saber que con una mirada
(de ésas de sólo dos dueños,
de ésas que dan al amor sus vuelos)
podía darte el más eterno sello de ser mi amada.

“¿Qué hacer con el amor?”

   ¿Un beso, un hijo o una flor?
   ¿Le amaso al fuego para ser una estrella,
o en cómplice secreto de la noche 
(yo apuesto a mejor),
le hago oscuro lazo que aun ahogue las velas?
   ¿Un río, un mar o audaz un cometa?
   ¿Qué hacer si tus labios no me bastan?
   ¿Haré por ventura de mis sueños otro mundo,
y así tendré otros labios tuyos que con besos me atan?
   ¿Encerrarlo bajo un cielo o gritarlo en un susurro?
   ¿Qué hacer con el amor?
   ¿Volcarle alas o darle el ancho de un mar?
   ¿Sembrarle semilla? ¿Hacerle voz de huracán?
   ¿Tal vez no más que un tímido corazón?



   No sé si con él barrer murallas,
ajeno a mí es decir si en cambio es bravo escudo,
o si por él se salvan perdidas batallas.
   ¡Ni tan siquiera sé si es brújula o faro a lo oscuro!
   ¿Un libro, un poema, un sol,
una caricia, un ruego, una cama,
un imposible, un azul o un sabor?
   ¿Una vida? ¿Una espera del alma?
   ¡Ah!… ¿A qué tanto preguntar?
   ¡Mi amor se hace en amar!

“Ayúdame a no pedir ayuda”*

…y dime que mi doler tiene sentido,
y que aún las heridas cicatrizan las dudas.
   Es ancho para ambos el camino,
no me guíes sin saber a dónde vas,
ayúdame a compartir divididas mis penas,
ayúdame a doblar por sonrisas nuevas,
ayúdame a que también te pueda ayudar.
   Que tu mano no sea limosna,
yo tropiezo, caigo, me hundo, 
pero mi alma no está rota,
mi frente tiene el alto del mundo
…aún cuando me veas último y perdido.
   Rendirme jamás será mi destino.
   Ayudarme a ti te ayuda,
he decidido decirte por ventura,
este secreto de que soy tu otro,
imagina tú sólo tener que procurar el bien de todos,
y a cambio para ti prestadas todas las manos.
   Qué liviano así el mundo,
tus problemas sin ser tuyos,
y velando por ti una humanidad de hermanos.
   Ayúdame y aprende esto por cierto,
cuando ayudas eres tú el nuevo por dentro.
   Qué liviano así el mundo,
tus problemas sin ser tuyos,
y esperando por ti una vida ya sin miedos.
*(“Ayúdame a no pedir ayuda”, Alejandra Pizarnik).

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Este precioso libro de poesías recopila una selección de poesías inspiradas en algunas de las miles de frases que el movimiento de Acción Poética ha dejado en los muros de todo el mundo.




   El autor de «Declaro el estado de poesía permanente» bajo el seudónimo de Jacques Pierre nos regala un poemario emotivo repleto de sentimientos y ensoñaciones. 
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Zacarias Perdomo

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Maestroviejo

El tiempo del despertar … tu conciencia, tu alma, tu mente, tu vida

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