Samaniego. El asno y el cochino

El asno y el cochino Envidiando la suerte del cochino, un asno maldecía su destino. -Yo, decía, trabajo y como paja; él come harina, berza, y no trabaja: a mí me dan de palos cada día; a él le rascan y halagan a porfia. Así se lamentaba de su suerte; pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza, armada de cuchillo y de caldera, y que con maña… Seguir leyendo