Soy fuerte porque fui débil

Soy fuerte porque fui débil, estoy en guardia porque fui traicionado, me río porque estuve triste y vivo el día de hoy porque el mañana no es seguro.
He tocado fondo y he podido sentir la dureza del suelo que antes pisaba, la vida me ha mordido con fuerza, he sido, soy y seré una persona vulnerable, he sufrido en mis pies verdaderos desgarros, he sentido mi corazón quebrantado por la injusticia y la traición, he esquivado menos golpes de los que he recibido.
De todo ello me levanté y resurgí, por eso ahora estás ante una persona fuerte que tuvo y tendrá momentos de debilidad. No me escapo a ellos y estoy dispuesta a aceptar lo que me depare el futuro con entereza.

Me he dado cuenta de que cuando de verdad aprendemos es en lo momentos en los que se nos complica la vida. No podemos ir a la primera página de nuestro libro y rehacerlo todo de nuevo, así que lo importante es buscar una manera de renacer y seguir escribiendo nuestra historia.
Las lágrimas que limpian el alma
A veces necesitamos llorar y no sabemos por qué. Solemos reprimirnos por miedo a lo que los demás puedan pensar o por el simple hecho de creer que hacerlo nos hace más débiles. Llorando logramos expresar lo que el corazón no puede.

A veces la gente llora, no porque sean débiles sino porque llevan mucho tiempo siendo fuertes y eso también desgasta. Si bien el llanto puede calmarnos, esto depende de la situación en la que nos encontremos y de nuestro estado anímico.

Por lo general, en estas situaciones en las que necesitamos llorar es bueno que lo hagamos, pues de alguna manera nos ayuda a descargar la angustia de vivir sometidos a los problemas de la vida.

  
Aprender de la adversidad
La vida es como un camino lleno de flores en el que también hay piedras. Los buenos y los malos momentos están a nuestra disposición para que hagamos con ellos lo que necesitemos. Se trata de ser fuerte y de aceptar el aprendizaje, sobreponiéndonos a las tormentas y liberándonos del resentimiento y del dolor: esto es la resiliencia.
Cuando nos golpean, algo fuerza a nuestro Yo interno a desarrollarse. Eso es algo que las personas que han sufrido conocen bien pues, tras un bache, podemos contemplar de manera más nítida nuestros límites y nuestras habilidades.

Esta es la diferencia entre la escuela y la vida. En la escuela primero aprendes una lección y luego te ponen a prueba. Y, en la vida, te mandan la prueba y luego aprendes la lección.
Los malos momentos vienen solos, los buenos hay que salir a buscarlos
Todo en esta vida es temporal, así que, si las cosas van bien, disfrútalas porque no durarán siempre. Y, si las cosas van mal, no te preocupes, tampoco serán para siempre. Los contratiempos y el sufrimiento son el pan de cada día, por lo que debemos estar abiertos a aprender la lección del dolor, pues es algo que aunque queramos no podemos evitar.

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