SER O NO SER, HACER O NO HACER NADA POR VENEZUELA

“Ser o no ser, ésa es la cuestión” es la frase más famosa de las obras de Shakespeare. Es la frase introductoria del soliloquio de Hamlet y se encuentra en la escena 1 del acto 3 de la obra de teatro Hamlet, el príncipe de Dinamarca (escrita alrededor de 1600) .

Considerada y usada como síntesis de los procesos mentales de indecisión y duda, es una de las citas más famosas de la literatura universal y la más conocida de esta obra en particular.

La obra teatral Hamlet, the prince of Denmark o Hamlet, el príncipe de Dinamarca fue escrita alrededor del año 1603 por el dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616).
Explicación de la frase: Ser o no ser de Hamlet
Hamlet queda devastado con la muerte de su padre el rey de Dinamarca. El famoso monólogo de Hamlet se sitúa en este contexto existencial sobre la vida y la muerte.

«Ser o no ser, ésa es la cuestión» introduce la lucha entre la vida y la muerte que Hamlet libra dentro de sí mismo. Se pregunta si es más noble aceptar los caminos del destino y de la fortuna o dar fin a la vida y así también a los sufrimientos que conlleva.

Hamlet continúa insinuando cómo la muerte es deseable porque es como dormir. Y cuando duermes es inevitable soñar. Y cuando sueñas es inevitable pensar en la vida lo que nos hacer ir en círculos y tomar una pausa en la acción de matarse. Ahí reside la existencia del infortunio.
La segunda parte del monólogo, Hamlet llega a la conclusión que la única razón por la cual soportamos una lista de horrores y sufrimientos en la vida es la conciencia de algo después de la muerte que desconocemos y frente a lo desconocido nos volvemos unos cobardes.

Hamlet concluye en su soliloquio de «ser o no ser» que el pensar sobre esa conciencia de la vida después de la muerte nos deja en la inacción. Por lo tanto Hamlet resume que debe dejar de pensar para actuar  (vengar la muerte de su padre). Y pide a su ninfa que le perdone todos sus pecados.

«Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia? 
Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?… Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir… y tal vez soñar. Sí, y ved aquí el grande obstáculo, porque el considerar que sueños podrán ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos. Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.
¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios? Cuando el que esto sufre, pudiera procurar su quietud con solo un puñal.

¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta si no fuese que el temor de que existe alguna cosa más allá de la Muerte (aquel país desconocido de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan; antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento?

Esta previsión nos hace a todos cobardes, así la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia, las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos. Pero… ¡la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones».

El dilema que el autor de «Hamlet», de quien se cumplen 400 años de su muerte, según el Calendario Gregoriano, el 3 de mayo, planteó a través de la humanidad herida del Príncipe de Dinamarca, también encuentra ecos en directores de teatro, actores, cineastas, músicos, ensayistas, galeristas y escritores venezolanos… 

Juan José Martín
Director de teatro
“Ser o no ser, o ‘hacer o no hacer’. Esa es la duda. Nos acostumbramos tanto a esa expresión, la frase más famosa del teatro occidental, que se nos ha hecho muy difícil comprender su sentido profundo, el efecto de su parca elocuencia (¡qué paradoja!). O, quizás, Shakespeare la puso en boca de Hamlet porque sonaba bien y se quería burlar de su personaje y de nosotros. Quién sabe. En todo caso, el hombre es lo que hace. En su hacer, en sus acciones, está su ética, y sin ella perdería su humanidad. Lo humano es discriminar lo bueno de lo malo, lo preferible de lo inútil, lo central de lo desechable. Ser o no ser, o hacer o no hacer significa para mí que lo medular de lo humano es que solo podemos hacer. En realidad la frase es una hermosa pieza de retórica sencillez: ser o no ser, es decir, frente a la realidad, lo humano es hacer. Porque el ser halla sus contornos, su forma, en el hacer. La moral: lo que haces. Y no puedes no hacer, porque eso significaría no ser”. 
José Tomás Angola
Director y dramaturgo 
Desde que fue escrito a principios del siglo XVII, este conflicto retumba en todos los seres humanos, esperando que cada uno de nosotros le dé la respuesta que juzgue correcta. Sin embargo, los venezolanos del presente deberíamos leer un poco más adelante en el soliloquio. Justo el fragmento que dice: “¿Quién soportaría los ultrajes y desdenes del mundo, los agravios del opresor, las afrentas del soberbio, (…) la tardanza de la ley, las insolencias del poder?”. Ante esas dudas cerca de 30 millones de venezolanos se debaten hoy, como Hamlet. Cada uno de ellos tendrá que tomar su propia calavera, mirarla a los ojos y responderse”.

Ser o no ser: 

jóvenes llaman a recuperar 
la libertad en Venezuela
Un grupo de jóvenes venezolanos. que prefieren resguardar sus nombres, enviaron a El Nacional Web un video en el que llaman a recuperar la libertad en Venezuela.
En la producción audiovisual realizaron una reinterpretación del monólogo «Ser o no ser», de Hamlet de William Shakespeare, bajo la perspectiva de la crisis del país. 
El trabajo está hecho con proyección de las protestas y un estilo de cámara que parece una «fe de vida»: Hamlet pareciera haber sido secuestrado y torturado. 
De este modo invitan a «dejar el miedo» y defender la libertad.

SER O NO SER: RECUPERAR LA LIBERTAD DE VENEZUELA
«Ser o no ser, he allí el dilema. 
¿Qué es más digno para el hombre?: 
Sufrir los golpes de la injusticia o hacerle frente con determinada oposición. Morir es dormir y nada más… Y con un sueño damos fin a todo sufrimiento y al dolor patrimonio de nuestras debilidades. Entonces, esa es una salida que deberíamos ansiar: 
Morir, dormir, quizás soñar. Sí, y he allí el gran obstáculo, porque si te pones a pensar en todos los sueños que vendrá en el silencio del sepulcro cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón bastante suficiente para detenernos. Porque esa consideración, ese miedo es el que hace nuestro sufrimiento tan largo, porque sin ese miedo quién aguantaría la lentitud de los tribunales, la grosería de quienes deberían servirnos, la humillación que recibe el hombre humilde del hombre indigno; la angustia de un mal pagado amor, la burla del que se hace cada vez más anciano, la violencia del tirano, el desprecio del soberbio, cuando nosotros los que sufrimos pudiéramos procurar su quietud con un solo puñal. 
Quién pudiera soportar tantas injusticias sino es por el miedo, y por este miedo que nos hacemos unos cobardes, y así, la natural pintura del valor se debilita ante los barnices pálidos de la prudencia y las empresas en buenas intenciones tuercen el rumbo y no se ejecutan y se reducen a puros despropósitos…»

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