¿Se puede beber agua destilada?

El profesor de química nos lo advertía: «no bebáis nunca agua destilada». Ante la idea de pegar un trago del matraz de lavado nos vendría la de una muerte atroz, con hemorragias gástricas y células reventadas.

Sin embargo, tenemos un vecino consciente de las cosas de la salud pero que faltó a las clases de química. Se ha comprado no hace mucho un destilador, y jura y perjura que el agua desprovista de sales desintoxica. ¿Y entonces?

Es cierto que las células podrían reventar por culpa de la ósmosis, ya que las membranas celulares son semipermeables. Es decir, solo dejan pasar las moléculas de agua, no las de las sales o los azúcares, que son demasiado grandes para que experimenten un transporte pasivo a través de los poros de las membranas. Pero el agua entra en las células de modo que se iguale la mayor concentración de sales y azúcares dentro de la célula con la de fuera. Cuando el gradiente de la concentración es grande, se acumula tanta agua dentro de la célula que su contorno no aguanta: la célula revienta.

Lo mismo valdría para los corpúsculos de la sangre, pero tendríamos que engancharnos a un goteo de agua destilada.

No obstante, beber agua destilada no tiene consecuencias tan graves, ni mucho menos. Los ácidos del estómago y lo que se ha comido hacen que el agua pura se mezcle de nuevo químicamente con sustancias minerales, y así nuestras células no entran en contacto con el agua pura. Por ello, un té o un café hechos con agua destilada no suponen ningún peligro; algunos aseguran que son exquisitos.

Los hay que hasta ven en el aqua distillata un producto que mejora la salud, ya que carece de sustancias perjudiciales como el plomo, los nitratos y los pesticidas: en teoría, el cuerpo debería desintoxicarse gracias al agua destilada. Pero la Sociedad Alemana de Nutrición, y con ella la mayoría de los científicos, advierten contra el uso exclusivo de agua destilada. El destilado, sobre todo con una alimentación descompensada, priva a la larga de iones de potasio y de sodio a las células y, por lo tanto, altera el equilibrio de los electrolitos del cuerpo.

Alexandra Schulmeister / Spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

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