Retiran de una biblioteca a “Caperucita roja” y otros cuentos por considerarlos tóxicos

Inquisición de género: Caperucita Roja censurada por “sexista”. Está en marcha un revisionismo feminista que pretende detectar todas las marcas supuestamente sexistas en la historia y en la cultura. Ni hablar del lenguaje.


  Una comisión de padres de escuela Tàber situada en Barcelona decidió prescindir de 200 cuentos infantiles por no contar con perspectiva de género. ¿Es válida la censura en estos casos?
 Formaron una comisión que, en una de sus iniciativas, revisó la biblioteca escolar para dejar sólo aquellos libros que tuvieran cierta perspectiva de género y una mirada igualitaria para niños y niñas. Estos representaban el 70 por ciento del total, y 200 libros fueron retirados, para horror de muchos.

  Entre los textos, un 30% del total, se encuentran cuentos como La bella durmiente o Caperucita Roja. La decisión produce un gran rechazo entre los honestos admiradores de la literatura, porque altera su esencia y les hace perder toda su identidad, sólo para seguir ideologías y modas del momento. 
 ¿Se imaginan tapar el desnudo del David de Miguel Ángel, o teñir de rubia a La Giocconda por una moda del momento? 
  La literatura vive de reinterpretaciones, parodias y revisiones. Busca la exactitud en la expresión y la ambigüedad en el significado. Los clásicos (y los cuentos infantiles lo son) son libros que uno no termina nunca de leer, como decía Calvino; son ellos los que nos leen a nosotros.

 Los cuentos de hadas han inspirado obras maestras de Angela Carter y Cristina Grande, y variaciones de docentes y estudiantes. Esas revisiones operan con los mismos instrumentos —la imaginación, la intuición, el juego— que los cuentos, y emplean como herramienta la estructura, los significados y el carácter totémico de los relatos.

Ni El Principito pudo eludir el revisionismo de género

 Las neofeministas toman por idiotas a todos, y sobre todo a quienes dicen defender, porque estas iniciativas a quienes más subestiman es a las mujeres: tanto adultas como niñas. Parece que no pudimos gozar de la literatura universal hasta que llegaron estas amazonas justicieras para reescribir los títulos, invertir el género de los héroes clásicos y declinar los adjetivos en femenino para que los podamos entender.

  La inquisición de género no tuvo ninguna piedad ni siquiera con El Principito, obra cumbre de la literatura juvenil. Y con la excusa de que «las personas pertenecientes a grupos tradicionalmente discriminados pueden ver reflejada su realidad sin necesidad de renunciar a nuestras joyas literarias (e) identificarse más fácilmente con los personajes protagonistas», una editorial -española también- deformó a El Principio en La Principesa (sic).
  Para «construir una visión del mundo más amplia e inclusiva» …¡como si no lo fuera ya!, el emblemático personaje de Antoine de Saint-Exupéry será mujer y en vez de una rosa hay un clavel con espinas… 
  Y como si fuera poco, la nueva versión también es vegana: y los animales son tan buenos que la boa no se come al elefante, o sea, explícame tú cómo se entiende el srombrero entonces. Se aprovechan de que el autor no tiene quien lo defienda, mantuvieron su firma en este engendro.  

Los censores actuales (¿aquí pedirán también que se diga inclusivamente censoras?), son lo mismo en todas las épocas, no subestiman, y amenazan con hogueras, picas y persecución, al que no opine como ellos. 

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