Reflexiones: La ira

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Junto con el miedo, la alegría, la tristeza, la sorpresa y la aversión, la ira forma parte de las llamadas emociones básicas o primarias comúnmente aceptadas por los psicólogos y  consideradas así por ser innatas y comunes a todos los seres humanos. Como cualquier otra emoción, la ira tiene su razón de ser, es una reacción natural ante situaciones que percibimos como amenazantes o frustrantes y nos mueve a la acción para tratar de evitar o mitigar el daño que anticipamos, lo cual la convierte en una emoción útil para garantizar nuestra supervivencia. Sin embargo, a pesar de la utilidad que pueda tener, siempre se le ha visto como algo indeseado que debemos evitar. Tan es así, que la iglesia católica la incluye en su lista de pecados capitales y la medicina considera que puede ser un factor desencadenante de daños cardiovasculares.


Como yo lo veo, el problema no es la ira en sí, porque como emoción al fin no podemos evitarla. El problema es como reaccionamos ante ella y las consecuencias que esa reacción nos pueda traer. Algunos estudiosos del tema han identificado tres tipos de respuestas al sentirnos iracundos: La primera y quizás la más peligrosa por lo impredecible de sus consecuencias, es una reacción impulsiva de instinto de conservación, que también compartimos con otros animales, generalmente “disparada” por la sensación de estar atrapados o atormentados. El segundo tipo es menos impulsiva, más razonada y es comúnmente provocada por la percepción de daño o trato injusto y malintencionado por parte de otros. Por último, al tercer tipo la pudiéramos llamar “Ira crónica”, porque a diferencia de las dos anteriores, que son provocadas por situaciones puntuales, la ira crónica  está asociada al temperamento hostil de quien la padece y su aparición no está condicionada a eventos en particular, pudiendo surgir sin razones aparentes.

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Por otro lado, en la ira están involucradas tres reacciones, la primera es la reacción corporal o fisiológica, que es prácticamente automática y sobre la cual no tenemos ningún control, esta reacción genera un incremento en los niveles de adrenalina y noradrenalina en la sangre, con el consecuente aumento del ritmo cardiaco y respiratorio, de la presión sanguínea, de la dilatación de las pupilas y del estado de alerta, que al igual que en el miedo, nos prepara para luchar, bien sea para defendernos o para atacar. La segunda reacción es cognitiva y está asociada a la manera como interpretamos la situación, es muy diferente interpretar una situación como una agresión o un abuso, que hacerlo como un mal entendido. Por último, la tercera reacción es conductual y corresponde a como nos comportamos ante la ira que estamos sintiendo. Podemos explotar y reaccionar con agresividad verbal y/o física o podemos darnos un “tiempo fuera” de la situación para calmarnos. Hay muchas opciones diferentes de actuar, las cuales van a depender en buena medida de nuestro temperamento y de la reacción cognitiva que hayamos tenido de la situación.


Siendo la ira una reacción a la percepción de una amenaza, nuestra respuesta más probable va a ser destruir o apartar de nuestro camino esa amenaza que la provoca, lo cual implica cierto grado de agresividad hacía la amenaza para neutralizarla, en cuyo caso debemos tener mucho cuidado, porque la agresividad generalmente comienza por la verbal, pero puede llegar a la física, sobre todo, si la opción que escoge el interlocutor que dio origen a nuestra ira es también la de luchar. Sin embargo, existe la posibilidad que en lugar de atacar o defendernos de la amenaza, decidamos huir de ella por temor a que nos supere, en cuyo caso corremos el riesgo de hacernos daño nosotros mismos, tanto emocional como físico, porque una ira reprimida puede ser una bomba de tiempo que solo requiere de algún detonante a futuro para estallar y todos sabemos que lo que no fluye se estanca y lo que se estanca se pudre y nada podrido puede hacernos bien.

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Ya hemos visto que la ira es una emoción y como tal no podemos evitarla, en algún momento nos encontraremos con ella. También hemos visto que la mejor opción no es reprimirla por las consecuencias negativas que eso puede traernos en nuestro bienestar físico y emocional, por lo que debemos estar preparados para expresarla sin caer en explosiones o ataques de ira, que normalmente nos llevan a la agresión del otro, inclusive a la violencia. A continuación, algunas recomendaciones útiles sobre cómo manejar la ira sin reprimirla ni llegar a la agresión:

  1. Cuando te enfades haz conciencia de ello y acéptalo como una emoción natural.
  2. Respira profundo y lentamente, repitiéndote a ti mismo palabras como “relájate”, “tranquilízate”, “cálmate”.
  3. Si no logras calmarte, manifiesta que te sientes enojado de la mejor manera posible y pide un tiempo para tranquilizarte y no regreses a la situación hasta sentirte controlado.
  4. Procura precisar la verdadera causa de tu enojo y trata de resolverla sin personalizarla en tu interlocutor.
  5. Piensa cuidadosamente lo que vas a decir y hazlo despacio y sin subir el tono de tu voz. Si sientes que no puedes hacerlo, aplica la recomendación 3.
  6. Esfuérzate por escuchar atentamente a la otra persona, es posible que la causa de tu enfado sea solo un malentendido.
  7. Si sientes que tu ira es crónica, haz cambios en tu estilo de vida: Si no haces ejercicio físico comienza a hacerlo, practica técnicas de relajación, yoga y/o meditación. No consumas alcohol y si lo haces, hazlo con moderación. Evita en lo posible situaciones que te estresen. En casos extremos, busca ayuda profesional.
  8. Lo más importante, recuerda siempre que tu peor amenaza no es la que generó tu ira, sino que pierdas el control sobre ella.

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Si nunca has tenido problemas con el manejo de la ira, excelente, si lo deseas, te invito a compartir brevemente en los comentarios cual ha sido tu experiencia para lograrlo. Si por el contrario si los has tenido, como la mayoría de los humanos, te sugiero ampliar tu conocimiento sobre esta emoción, que aun cuando no la podemos evitar si podemos controlar nuestra reacción una vez que nos invade.

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Autor: Juan Sequera, autor de la gran familia de la Hermandadblanca.org

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