Reducir la sobregeneralización para mejorar la autoestima.

Reducir la sobregeneralización para mejorar la autoestima.

 En éste post hablare una distorsión cognitiva que solemos cometer y que perjudica y merma nuestra autoestima.Empezaremos por su definición.Desde que los seres vivos existen, la generalización ha sido un medio muy efectivo para sobrevivir. A veces, objetos o hechos sumamente diferentes se consideran ejemplos del mismo estímulo porque todos cumplen la misma función. De hecho, hablamos de generalización cuando no respondemos de forma diferencial a estímulos diferentes: cuando se observa el mismo nivel de conducta en presencia de estímulos diferentes. Podríamos hablar para simplificar de un mecanismo que nos permite prever (normalmente de forma muy rudimentaria y muchas veces ineficazmente) lo que va a suceder ante un estímulo simplemente fijándonos en lo que ha sucedido anteriormente. Entonces utilizamos ese recuerdo para anticiparnos y poder actuar antes. Es un mecanismo de adaptación fantástico. Sin embargo, poco realista cuando llegamos a conclusiones del estilo de “claro me dice que no está de acuerdo conmigo pero en el fondo sé que no le gusto” o cuando reaccionamos de forma defensiva ante un comportamiento asertivo por parte del otro. Nos anticipamos y adscribimos características e intenciones a los comportamientos basándonos en experiencias anteriores similares, y muchas veces sobregeneralizamos.
 La sobregeneralización es una distorsión cognitiva (es decir, un error que cometemos cuando procesamos la información) que consiste en que las conclusiones o la experiencia que obtenemos ante un determinado hecho las utilizamos para valorar otros hechos o realidades, aunque no tengan relación directa con la primera. En otras palabras, utilizamos un razonamiento para “todo”; sacamos conclusiones generales a partir de un hecho aislado.

Por ejemplo: supongamos que nuestra pareja nos abandona. Nos sentimos mal y pensamos: “no merece la pena iniciar relaciones: todas terminan mal”.

Estamos sobregeneralizando, dado que el hecho de que nuestra relación anterior terminara mal, no significa que todas las relaciones terminen mal y, por tanto, que no merezca la pena iniciar una relación.

Otro ejemplo: no terminamos a tiempo el informe que ayer nos pidió nuestro jefe. Recibimos una monumental bronca. Pensamos: “no sé hacer bien este trabajo. Nunca me da tiempo a terminar las tareas a tiempo”.

Lo anterior es falso, en cuanto el hecho de no haber terminado a tiempo este informe, no implica que no sepamos hacer nuestro trabajo ni que tampoco sepamos hacer informes. Simplemente no hemos tenido tiempo u organización suficiente.

En cualquier caso, lo que debemos tener claro es que este tipo de razonamientos generales nos conducen a sacar conclusiones erróneas que pueden desgastar nuestra autoestima: llegamos a creer que las cosas nunca saldrán bien, que jamás haremos las cosas como es debido…

Es la tendencia a creer que si ha ocurrido algo una vez, ocurrirá otras muchas veces. Si me he puesto nervioso en una ocasión, pues “siempre me pondré nervioso”, si he suspendido un examen pues, “nunca aprobaré un examen”, si he tenido un desamor pues “ya nadie me querrá”.
Las palabras que suelen acompañar a esta distorsión son: “nadie”, “nunca”, “siempre”, jamás”, “todos” o “ninguno”etc.
Busca pruebas para comprobar las excepciones a las generalizaciones. En cuántas ocasiones he aprobado y en cuántas no. Date cuenta de lo irracional que es una sobregeneralización.
¿De verdad crees que si te ocurre una vez te va a ocurrir siempre? Cambia las expresiones que implican generalizar por otras como ‘es posible’, ‘a veces’ o ‘a menudo’.

¿Cómo combatir la sobregeneralización?

Básicamente, debemos comenzar a pensar de manera racional. Para ello, cuando se inicie los pensamientos en nuestra mente, debemos aprender a identificar el pensamiento que nos lleva a generalizar y sustituirlo por una alternativa racional.
Por ejemplo: ¿podemos demostrar que por suspender un examen vayamos a suspender todos los exámenes de nuestra vida y, por tanto, que no merezca la pena estudiar? Obviamente no. Que un hombre sea infiel, ¿convierte en infieles a todos los hombres? ¿Son todos los hombres iguales? ¿Son todos los políticos corruptos? La respuesta a estas preguntas está muy clara.

En definitiva, no debemos razonar de forma tan general. Cuidar y mejorar nuestra autoestima es fundamental y, para ello, es imprescindible pensar de manera sosegada e identificar aquellos razonamientos simplistas y generales que tienden a hacernos daño. Debemos pensar positivamente y darnos cuenta de que estas generalizaciones son totalmente irracionales.
Igualmente importante es cuidar el lenguaje a la hora de pensar. Es muy útil comenzar a sustituir algunas expresiones del tipo “nunca podré” o “es imposible” por otras expresiones más racionales y realistas: “me esforzaré por” o “es muy difícil y no imposible”.

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