¿Qué es el Flujo de Consciencia (en Psicología)?

El término “Flujo de Consciencia” fue acuñado por William James a finales del siglo XIX, para hacer referencia a cómo los pensamientos emanan y circulan en la mente consciente. A través de este concepto, James analizó la gran variedad de los pensamientos sobre los que somos conscientes y cómo dan forma al flujo de la consciencia.

A continuación veremos en qué consiste la idea del flujo de la consciencia de William James, cuáles son sus atributos y cómo es que se conforman nuestros pensamientos.

El Flujo de Consciencia: antecedentes y definición

En el año de 1889, el norteamericano William James publicó uno de los trabajos que lo consagra como uno de los padres de la psicología: “The Principles of Psychology” (Los principios de la psicología). En este libro exploró y describió la consciencia en términos de un “flujo” o “corriente”, es decir, como una sucesión contínua de experiencias a través de la que seleccionamos o dirigimos nuestra atención hacia ciertos estímulos.

Entre otras cosas James tenía la inquietud, como muchos otros científicos y filósofos de la época, de explorar los contenidos de la consciencia y conocer la forma en la que llevamos a cabo esa compleja acción a la que llamamos “pensar”, y lo que es más: cómo es que nos damos cuenta (nos hacemos conscientes) de que estamos pensando.

Le llamó “flujo” (stream, en el inglés original), para hacer una referencia metafórica sobre una especie de caravana de ideas, imágenes, sentimientos, sensaciones, pensamientos, etc., que aparecen y desaparecen constantemente en nuestra consciencia.

Según esta idea, todos los elementos anteriores, contrario a lo que solía pensarse, no están tan separados y diferenciados entre sí; forman parte de un mismo flujo consciente donde se conectan los pensamientos pasados y los actuales.

Existe entonces una superposición de nuestras experiencias cognitivas, donde la experiencia actual puede ser la más fácil de reconocer por inmediata, pero ocurre que las experiencias pasadas siguen haciéndose presentes, y las próximas entran paulatinamente al flujo.

Es decir, los estados mentales se suceden unos a otros. No existen los “pensamientos aislados”, sino que todos ellos se encuentran en una misma corriente de consciencia continua, independientemente de la temporalidad e incluso de lo que podamos anticipar o decidir.

4 propiedades descriptivas del Flujo de Consciencia

De acuerdo con Tornay y Milán (1999), las cuatro propiedades descriptivas que James atribuye al flujo de consciencia son las siguientes:

  • Cada estado mental tiende forma parte de una consciencia personal
  • Dentro de la consciencia personal, los estados mentales se encuentran en constante cambio
  • La consciencia personal es contínua
  • La consciencia fija el interés en algunas partes de su objeto, excluyendo otras, y elige entre ellas.

¿Cómo pensamos?

William James decía que la consciencia, y más específicamente el pensamiento, sigue un proceso que en apariencia está necesariamente dirigido por inteligencia. No obstante, según el psicólogo, no necesariamente la figura del “pensador” tiene que manifestarse como dirigente.

Más bien, la acción de pensar es un proceso orientado a objetivos, que está fundamentalmente impulsado por la sensación de satisfacción que experimentamos cuando estamos por alcanzar dichos objetivos.

El pensamiento sería entonces un proceso automatizado que se ha consolidado como resultado lógico de nuestra evolución, es decir, no quiere la existencia de una entidad independiente o espiritual que guíe este proceso. En otras palabras, lejos de que exista un ente (nosotros mismos) separado de nuestra consciencia, dictando los caminos que ésta sigue; el estado consciente es más bien un proceso dirigido por nuestro deseo de experimentar satisfacción bajo la creencia de que nuestros pensamientos nos llevan a cumplir con algo.

Determinismo y libre albedrío

Inevitablemente, se derivan de aquí algunas preguntas larinconada con el determinismo y el libre albedrío en los seres humanos. Rápidamente podríamos extraer la conclusión de que, para James, los humanos experimentamos, sentimos y pensamos en calidad de autómatas.

No obstante, James sugiere que los seres humanos somos, más que autómatas, órganos seleccionadores. Es así porque, aunque no podemos seleccionar de manera consciente lo que aparecerá inicialmente en nuestra consciencia, sí podemos elegir cuál elemento mantenemos ahí o no una vez que se ha hecho presente; o ante qué estímulo nos mantenemos atentos y ante cuál no.

Aunque esta fue una discusión presente en gran parte de su obra, James mueve el debate sobre el libre albedrío hacia los terrenos de la filosofía, aclarando que la psicología, en tanto que una ciencia, debería añadirse a una tradición más determinista de la consciencia.

Referencias bibliográficas:

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