por Atrevete y despierta
fuente no morir idiota.

Muchos no quieren saber lo que pasa con los niños y huyen de esta información, porque les hunde en la tristeza, les deprime, les pone mal cuerpo, les quita energía… Lo comprendo porque a mí también me produjo espanto, luego rabia, tristeza y desazón.
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El cemento que sujeta la pirámide.
Pero algo hay en mí que me lleva a querer saber el porqué de las cosas. 
¿Por qué son las cosas como son y no de otra manera? 
Así que voy a intentar compartiros cómo lo entiendo yo. 
No querer ver la realidad que voy a describir es como no querer saber que en otoño caen las hojas.
Sí, en otoño las hojas caen aunque nos gustaría estar siempre en primavera y en verano.  Esto mismo es lo que nos quiso contar Stanley Kubrick con su Eyes Wide Shut, pero no le dejaron, eliminaron media hora a la película y provocaron su muerte.

No querer aceptar la realidad tal y como es, tal vez sea más cómodo pero nos mantiene en la inconsciencia, la inmadurez, y no podemos actuar correctamente. Por eso te animo a seguir leyendo. 
Punto de partida: aceptemos ESTA dimensión

Todo es creación divina y nosotros somos almas encarnadas, venidas a esta dimensión, a esta Tierra para aprender, una Tierra que a pesar de  toda su belleza, se llama Satania porque es un océano de irresistibles  tentaciones. Y digo esta dimensión porque hay otras.  La dimensión del ser humano es la dimensión del Tiempo del reloj, del Espacio que medimos con kilómetros, de la gravedad, de lo finito, de la vida que nace y muere. Es decir, que hay otras dimensiones en las que no hay Tiempo, gravedad, Espacio tridimensional ni muerte, pero acceder a ellas siempre ha sido tabú, y por una razón muy sencilla: es peligroso y no toca.  Y esto nunca nos lo dijeron. Yo lo he descubierto hace poco.
La moda de tomar drogas que te llevan a viajes interdimensionales fue una moda creada por la CIA para destruir a la juventud occidental y así evitar que se rebelara. Eso está ya muy documentado. En el pasado, el consumo de drogas interdimensionales estaba muy acotado al mundo de la brujería y los chamanes y, por eso, rechazado por la fe cristiana. La satánica CIA creó drogas artificiales que tienen aspecto de viaje interdimensional pero que tan sólo son un veneno que destruye tus neuronas: el LSD y la heroína (vaya nombrecito), y después el crack, cuyo nombre ya te informa de lo que provoca en ti.
Ahora viene la típica frase: «Siempre hubo drogas». 
Cierto. Pero, en el pasado, el pueblo era más sabio y siempre distinguió entre dos tipos de drogas: las drogas terrenales y las interdimensionales. El alcohol, el tabaco, el café, el cannabis, el mate, las hojas de coca son drogas terrenales consumidas por el pueblo para aliviar sus penas. Tomadas con sabiduría son excelentes,  en exceso su peligro es físico. Son sustancias medicinales con propiedades extraordinarias por lo que no se deben consumir a diario aunque esté de moda o sea costumbre.
En cambio el peyote, el opio, la ayaguasca y los hongos alucinógenos son drogas chamánicas, muy peligrosas para las personas normales, que siempre estuvieron reservadas para las personas iniciadas,  y que han sido puestas de moda para confundirnos y destruirnos. Es como darle  a un bebé una botella de ron. Un disparate que no lleva a ninguna parte. Muchos no han sabido volver de estos viajes y se han quedado colgados. Pero como la New Age las puso de moda, la gente las toma sin pensar, como se hace tatuajes o piercings, y se cree que ahí hace su «viaje astral», descubre «su verdadero ser», «la Luz de la Verdad»… Pero no es cierto, para nosotros, seres normales de carne y hueso, no necesitamos esas experiencias para nada. Bastante tenemos con solucionar nuestra existencia en esta dimensión como para complicarnos la vida con cosas que no controlamos ni necesitamos. Es exactamente la confusión suprema la que buscan. 
Esto era para explicar el tema de esta dimensión en relación a las otras.
Nosotros hemos venido a aprender en ESTA DIMENSIÓN, y con eso ya tenemos más que suficiente. Apenas alcanza una vida para aprender a vivir, cuidarnos, alimentarnos y amarnos a nosotros y a lo que nos rodea.  Precisamente el buscar tener experiencias en otras dimensiones es una distracción más creada por ingeniería social para despistarnos, debilitarnos y confundirnos, y forma parte de las tentaciones que nos desvían del Bien. Por eso las han puesto de moda y nos incitan a ello poniéndole una aureola de «experiencia trascendental vital», para los chicos : «un tripi que mola», y que si no lo intentas, eres friki, nerd, tonto, carca, miedoso, retrógrado, mojigato, bla bla bla….
La Tierra: una escuela de almas
La Tierra es una escuela de almas, nada más. No hemos venido aquí para ser ricos ni famosos. La prueba está que cuando mueres nada te puedes llevar. De ahí la superioridad de nuestra etapa humana en relación a las anteriores cuando se enterraba al difunto con sus bienes materiales, con la creencia que algo se podrían llevar al otro mundo. Pero no, aquí se quedaron sus tesoros y están en el museo arqueológico, para deleite de los historiadores, todo hay que decirlo. A pesar de esta evidencia, de que nada nos podemos llevar, la mayoría sigue pensando en que acumular bienes, más allá de lo útil  y necesario, es un propósito vital sensato, correcto y legítimo. 
Un día vi un documental que se titulaba «Las casas más caras del mundo» y me llamó la atención que la mayoría de los dueños de una cierta edad decían que las querían vender porque en realidad vivían en una parte muy pequeña de la mansión. Una pareja trabajó durante 30 años para construirse un chalet de super lujo con 5 dormitorios y 7 cuartos de baño. Con 70años seguían trabajando porque el mantenimiento de la casa sumaba 5.000 euros mensuales. Tardaron años en aceptar que habían trabajado para crear un monstruo voraz, una cárcel, un castigo, una losa que les había quitado su libertad y les había convertido en esclavos. Por fin, la vendieron por  lo que les dieron y se «liberaron» de su Falcon Crest.  Un empresario se hizo una casa gigantesca que quería asemejarse a las casas de sus clientes millonarios con los que se iba de grandes cacerías. La crisis del 2008 le hizo comprender que una pequeña casa con poco mantenimiento le haría mucho más feliz que esa mansión de revista Forbes que no podía mantener. 
Estas personas aprendieron cuando se dieron cuenta de que todo tu esfuerzo por tener una mansión de millonario había sido pura codicia y soberbia y que nos basta con una casita sencilla y acogedora para estar a gusto con nuestros seres queridos. El mismo zar Pedro 1º el Grande construyó en Peterhof una imitación de Versailles con grandiosos salones, espejos y fuentes, pero PARA ÉL, se construyó una casita holandesa, muy pequeña al borde del mar Báltico y que llamó Monplaisir, mi placer. 
Comedor del zar Pedro 1º el Grande. (1714) San Setersburgo.
Al fondo a la derecha, una prensa térmica para planchar sábanas y manteles.
Cito estos ejemplos para recordar que estamos  en una escuela para aprender lo que es bueno para nosotros y para los demás. Y estas experiencias vitales que acabo de contar son caminos para aprender. Ellos aprendieron esto, otros necesitarán de una enfermedad, de un accidente o de otras «desgracias» para aprender lo que les toca.
El director de la escuela es Lucifer
Nuestra ingenuidad nos hace creer que como Dios es Bondad no puede permitir que pasen cosas horribles. Y que si pasan cosas terribles, significa que Dios no es tan bueno o simplemente no existe.
Esta manera de ver a Dios como un hombre bonachón, un poco despistado y que no puede atenderlo  todo,  se debe a nuestra pereza, tanto de acción como de pensamiento, y también se debe a que la Iglesia católica nos ha venido confundiendo con una imagen de Dios Padre como un hombre mayor con barba, un abuelo, un Papá Noel.
Esto me recuerda la frase de Woody Allen que decía:
» Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa»
Durante años me gustó esta frase, pero ahora sé que es fruto de un pensamiento infantil, inmaduro y muy poco elevado, además de freudiano. Porque plantea que Dios sería el «culpable» de nuestra desgracia, de que es Dios el que tiene que «hacer las cosas bien» para que nosotros vivamos en un mundo cómodo y estupendo. Cuando comprendí esto, Woody Allen pasó, para mí, de ser un tío genial a un pobre miope que afirma cosas sin pensar.
El director de esta escuela de almas es Lucifer. Lucifer es todo seducción, atractivo físico y riqueza material, que trabaja para Satanás, y lo que quiere es seducirnos con bellas promesas de felicidad, éxito y dinero. Lucifer es la tentación que te hace hacer cosas malas para gustar, tener éxito y poder, o hacerte rico olvidando tus valores morales. Eso lo vemos todos los días a nuestro alrededor con la corrupción endémica en todas partes. Pero miremos también hacia nosotros: es el que nos lleva, entre otras muchas cosas, a tomar anabolizantes para tener un cuerpo musculoso o meternos bottox tóxico para quitarnos las arrugas…
Cae en la tentación de Lucifer el carnicero que le hecha colorante a la carne para que no se note que está mala, el farmacéutico que vende medicinas tóxicas porque así hace caja, el decano que concede una tesis doctoral cum laude a un futuro okupa de la Moncloa, el juez que no investiga una denuncia de acoso pederasta, el profesor que acepta los exámenes tipo test porque así tarda menos en corregirlos… Todos han cedido a las tentaciones de Lucifer y hacen el Mal a sabiendas. Según Platón, no existe el mal sino la ignorancia, pero dudo que cuando uno se comporta así, sabe perfectamente que eso está mal. 
Hay infinitos niveles de tentaciones luciferinas y grados de maldad, no cabe duda.
Actuamos mal por egoísmo, pereza, codicia, avaricia, lujuria, gula, soberbia, envidia, ira … y sí, los pecados capitales. Que no son otras cosas que señuelos que iluminan el camino hacia el BIEN. Cuando te preguntas si lo que haces está bien o mal, pregúntate qué es lo que te mueve a ello y probablemente llegarás a un pecado capital.
La pederastia como cemento del Mal
Y finalmente llegamos a lo anunciado en el título. 
En este mundo de Satania, el poder está en manos de los que han cedido a las tentaciones de Lucifer, se han diabolizado, es decir, dividido, separado de la Verdad, de SU verdad, y han entregado su alma a Satanás.
Que el poder está en manos de personas malas, que no dudan en mentir, engañar, robar, matar y destruir países enteros es algo que ya no es teoría de la conspiración. Es una evidencia que hasta el más despistado ha entendido.
Al principio sólo robas, mientes, engañas. Pero a medida que vas subiendo y te acercas a la cúspide de la pirámide, lo que te piden que hagas es cada vez peor. Por ejemplo, para entrar en los altos grados de la Masonería .·. te piden que camines sobre ostias consagradas o que escupas sobre un crucifijo. Si no lo haces, te dan una palmadita en la espalda felicitándote por ser fiel a tus creencias, mientras por detrás ya dicen «este no nos sirve». Cuanto más alto subes, más satánica será la prueba.
El testimonio del financiero holandés Roland Bernard me confirmó lo que yo pensaba: que para subir en los escalafones del poder hay que entregar tu alma a Satanás, y te van llevando por etapas a hacer un Mal cada vez mayor, progresivamente, hasta llevarte a violar, matar, empalar y comer a niños. ¿Por qué con los niños? Porque se trata de hacer el mayor mal posible. No hay mayor Mal que hacerle daño aun niño inocente, por eso los rituales de poder sacrifican a recién nacidos ya que no hay nada más puro que un recién nacido. Violarlo es lo peor, analmente todavía peor. Pero todavía se puede ser aún más vil: violarlo mientras le cortas un pie, o mientras lo desuellas. Y aún más horrible es comértelo después. Y cómo en las altas esferas del poder ser realizan este tipo de rituales, pues en otras esferas de poder, menos elitistas, pues hacen lo mismo, para ir entrenándose, para imitar a los mayores, para demostrarse que ellos también pueden hacerlo quedando impunes, gracias a que también hay jueces pringados en todo esto, que les garantizan la impunidad, siempre y cuando las élites así lo ordenen, todo hay que decirlo.  
Una vez que has participado en estos rituales, y te han filmado, te tienen atado, ya no hay marcha atrás porque te chantajearán con publicar las imágenes que te llevarían a la cárcel. ¿Cómo? ¿ir a la cárcel? Pues sí, aquí irán a la cárcel y serán expuestos al escarnio público los que ellos decidan y cuando ellos lo ordenen.

Véase lo que pasó con Cristina Cifuentes que dimitió no por el falso máster, sino por  un video privado robando dos cremas, cuando era muchísimo más grave el delito de hacer público un vídeo privado guardado con alevosía durante 11 años, que robar dos cremas. Mientras han destruido la vida de Cifuentes, que les molestaba porque había destapado el Caso Lezo y del Canal Isabel II, el okupa de la Moncloa tiene una tesis doctoral cum laude que tiene todo el aspecto de ser un plagio, por eso no quiere hacerla pública ni que se fotocopie o digitalice, para evitar el detector de plagios…
Por todo esto, las personas que se aferran al poder suelen estar implicadas en todo tipo de delitos. 
En España, lo hemos visto con Juan Carlos el Comisionista, con Mariano el Masón que obedece al Gran Venerable .·. y su plan de destrucción de España,  y le entrega el gobierno a los enemigos de España; con Soraya que se va al Banco de Santander; con todos los  felones genuflexos ante Soros; con Pedro Sánchez y su esposa que no hacen más que mentir, prevaricar y traicionar a España. 
Ese es el mecanismo: si quieres entrar en los círculos de poder tienes que haber perdido todos tus principios morales y cuando los hayas «superado», eres «libre». Esta es la falsa libertad de Satanás que nos ha vendido su embajador Lucifer desde que somos pequeños con el lema cainita de «a mayor transgresión, mayor libertad», porque una vez que ya no tienes principios, ya nada te detiene. Y…. estarás dispuesto a servir a Satanás sin límites, en cualquier cosa que te pida.
Pero, ojo,  cuando ves la muerte, ahí comprendes que no has conseguido nada, porque la realidad es que has sido esclavo de Satanás y que ahí no hay nada,  salvo desgracia y tinieblas. Esto es lo que, dicen, comprendió Aleister Crowley en su lecho de muerte.

Conclusión
El horror de la pederastia no es una desgracia caída del cielo, como un asteroide o un terremoto. La pedocriminalidad existe porque miles de personas colaboran, encubren o hacen la vista gorda para que podamos seguir tranquilos con nuestras vidas más o menos mediocres. Cada vez que evitamos el tema, estamos colaborando con el Mal, para que se ignore, para que no moleste nuestras cómodas vidas de inconscientes.
Pero, puesto que hemos venido aquí a aprender, y a hacer el Bien, a luchar por el Bien, nuestro cometido es el de no evitar saber que esto existe y luchar para que esto se sepa, se condene y cese de una vez.
Mientras sigamos mirando hacia otro lado, los pedocriminales seguirán matando y violando.
Casi podríamos decir que ellos están ahí para que nosotros pasemos a la acción y luchemos por el Bien. Su existencia nos pone a prueba. Evitarlo, negarlo, ignorarlo es permitir que continúen.
Así lo veo yo.
Que cada uno tome sus decisiones.

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Zacarias Perdomo

Creo contenido web para mostrar que el tiempo que pasamos en la vida tiene sentido, somos muchos buscando la verdad, despertando la conciencia de que todos los humanos somos parte del mismo ser, nuestro planeta Tierra. Si nos dejas tus comentarios sabré tu opinión sobre los temas que escribo.

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