Por qué haces lo que haces, o de dónde vienen las creencias que gobiernan tu vida

En mi último post te expliqué que para poder integrar un nuevo comportamiento o sistema en tu vida primero tienes que asegurarte de que es compatible con tu modelo de la realidad.

Mucha gente no se da cuenta de esto y se empeña en empezar proyectos o adoptar hábitos que van en contra de sus creencias, pero acaban frustrados porque, a pesar de intentarlo una y otra vez, siempre acaban abandonando a mitad de camino.

Aunque ellos piensan que les falta motivación o fuerza de voluntad, el verdadero problema es que su propia mente les está impidiendo conseguir sus objetivos, ya que existe un conflicto entre lo que quieren hacer y su idea de cómo funciona el mundo.

Esto es justamente lo que les suele ocurrir a la mayoría de personas que intentan montar un negocio online.

Dicen que quieren hacerlo, pero en el fondo de su corazón no se lo creen.

En su modelo de la realidad la única manera aceptable de ganarse la vida es trabajar “de lo suyo” en una oficina con horario de 9 a 6, así que su subconsciente se encarga de abortar todos los intentos de hacer cualquier otra cosa porque no los considera realistas.

Pero… ¿cuál es el origen de esa creencia? ¿Cómo ha acabado formando parte de su modelo de la realidad a pesar de no ser cierta, y cómo puedes evitar que te ocurra a ti algo parecido?

Eso es precisamente lo que voy a contarte en el artículo de hoy.

Después de leerlo entenderás por qué necesitamos un modelo de la realidad, cómo has ido creando el tuyo a lo largo de los años, cuáles son las limitaciones de ese proceso de creación, por qué a veces puedes acabar creyendo cosas que no son verdad y qué precauciones debes tomar para que no te pase esto.

Por qué necesitamos un modelo de la realidad

El mundo es un lugar complejo.

Cada día tenemos que tomar miles de pequeñas decisiones, y si tuviésemos que evaluar todas las alternativas disponibles para cada una de ellas nos volveríamos locos.

Por ejemplo, imagínate que cada vez que tuvieses hambre te tocase analizar todos los objetos que tienes a tu alrededor para ver si son comestibles.

“¿Se puede comer esta silla?”

“¿Y esta piedra?”

Hmmmm, ¿y qué me dices de este televisor?”

¡Sería imposible vivir así!

Por este motivo, tu mente, que es muy lista, ha ido creando un modelo de la realidad a lo largo de los años que le permite tomar decisiones rápidamente.

Tu modelo de la realidad no es más que una simplificación de cómo crees que funciona el mundo. Si quieres puedes imaginártelo como un mapa: no tiene todos los detalles de lo que representa, pero te permite orientarte.

Gracias a ese mapa, cuando tienes hambre no te paras a pensar si las piedras se comen, sino que te vas directo a la cocina, al supermercado o a un restaurante, porque sabes que allí encontrarás comida.

De igual manera, si finalmente vas al supermercado, recurres a tu modelo de la realidad para decidir qué productos comprar. Es tu mapa el que te dice a qué sabe una naranja, si ese sabor te resulta agradable y si es algo que debería formar parte de tu dieta… sin tener que probarla ni revisar tu libro de nutrición favorito.

Como ves, tu modelo de la realidad es una especie de manual de instrucciones que te indica cómo actuar en cada situación, igual que el mapa de una ciudad te dice las calles que debes tomar para llegar a tu destino.

Sin embargo, a diferencia de los mapas, que en general se parecen mucho entre sí, los modelos de la realidad de los seres humanos suelen ser muy diferentes.

De ahí que sea tan común el que distintas personas reaccionen de manera totalmente opuesta ante un mismo hecho, como por ejemplo un fracaso.

Hay quien considerará ese fracaso como una prueba de que es un inútil y de que no vale para nada, y se hundirá en una depresión. Pero también hay quien lo considerará como un aprendizaje y como una oportunidad de hacerlo mejor en el futuro, y se lanzará a por el siguiente proyecto con más ganas que antes.

El entender esta experiencia de una u otra manera dependerá exclusivamente del papel que tenga el fracaso en tu modelo de la realidad, lo que nos lleva a hacernos la pregunta del millón:

¿Por qué la gente tiene modelos de la realidad tan distintos? ¿De dónde vienen estas diferencias?

Si quieres saber la respuesta, sigue leyendo 🙂

Cómo se forman nuestras creencias

Los seres humanos empezamos a construir nuestro modelo de la realidad desde el momento en que nacemos.

En nuestra infancia descubrimos el funcionamiento básico del mundo y aprendemos sobre lo que está bien y lo que está mal.

Más adelante, en nuestra adolescencia, desarrollamos nuestras creencias sobre quiénes somos y cómo relacionarnos con los demás.

Y después de eso, cuando somos jóvenes adultos, empezamos a llegar a nuestras propias conclusiones sobre nuestro propósito en la vida, nuestra carrera profesional o las relaciones de pareja.

Este proceso continúa indefinidamente, y a día de hoy todavía seguimos completando nuestro modelo de la realidad y actualizándolo en base a los nuevos descubrimientos que vamos haciendo.

Estamos programados para aprender, y lo hacemos de dos formas.

La primera es a través de experiencias propias. Es decir, a través de todo lo que vivimos en primera persona.

Según vamos interactuando con el mundo vamos recibiendo feedback, y en base a ese feedback deducimos cómo funcionan las cosas.

Si de pequeño metes los dedos en un enchufe y te llevas un buen calambrazo, la creencia “los enchufes dan calambre” pasa a formar parte de tu modelo de la realidad inmediatamente.

De igual manera, si cada vez que cuentas un chiste tus amigos se parten de la risa, no tardas en llegar a la conclusión de que “eres un tío gracioso” y que “se te da muy bien hacer bromas”.

Esta es la forma más directa e inmediata que tenemos de descubrir “nuevas verdades”, y la usamos continuamente. Sin embargo, no siempre es posible –ni nos interesa– experimentarlo todo en nuestras propias carnes. Por ese motivo, las personas también tenemos la capacidad de aprender socialmente.

Piensa, por ejemplo, en las siguientes afirmaciones:

  • “Si te tiras de un décimo piso te matas”
  • “La tierra es redonda”
  • “Salir a la calle desnudo está mal”

Todas estas no son conclusiones a las que has llegado tú en base a tu experiencia personal, sino creencias que has ido adquiriendo de los demás –tus padres, tus amigos, tus profesores… pero también los libros, las películas o los anuncios de la tele– y que ahora forman parte de tu modelo de la realidad.

Gracias a tu capacidad de aprender socialmente, y también de aprender de tus propias experiencias, hoy tienes un valioso mapa de cómo funciona el mundo que te ayuda a tomar decisiones en tu día a día.

El problema viene cuando ese mapa tiene errores y no te indica bien el camino…

Las limitaciones del aprendizaje humano

Lo que hace que las creencias sean tan poderosas es que, a pesar de que son sólo hipótesis sobre cómo crees que funciona la realidad, tu cerebro las trata como verdades absolutas y actúa como si lo fueran.

Aunque esto es muy positivo, porque te permite resolver la mayoría de tareas y decisiones a las que te enfrentas a diario en “piloto automático”, también es un arma de doble filo, porque si tu modelo de la realidad es incorrecto vas a tomar las acciones equivocadas una y otra vez. ¡Y lo peor de todo es que no te vas a dar cuenta y vas a seguir pensado que estás haciendo bien las cosas!

Desgraciadamente, es muy fácil acabar aceptando creencias falsas o limitantes, ya que los dos mecanismos de aprendizaje que utilizamos para crear nuestro mapa de la realidad distan mucho de ser perfectos.

Veamos a continuación cuáles son las limitaciones de cada uno.

Experiencias de primera mano

Cuando infieres el funcionamiento del mundo a partir de una serie de vivencias propias, lo que estás haciendo es asumir que el mundo siempre va a comportarse de una cierta manera sólo porque en varias ocasiones se haya comportado así.

Esa asunción es correcta en algunos casos.

Por ejemplo, si metes la mano en el fuego y te quemas, es acertado que asumas que “el fuego quema” y que eso va a seguir siendo así.

El problema es que las cosas no son siempre tan sencillas:

  • Si un día te lesionas entrenando en el gimnasio, ¿significa eso que hacer ejercicio es peligroso?
  • Si en la discoteca te acercas a hablar con tres chicas y las tres te rechazan, ¿significa eso que eres feo y que estás condenado a la soltería?
  • Si tu último novio te puso los cuernos y te trató mal, ¿significa eso que todos los hombres son unos cabrones?

La respuesta a las tres preguntas es, obviamente, no.

Sin embargo, en este tipo de situaciones altamente emocionales, es muy fácil precipitarse y encontrar una explicación equivocada para lo que acaba de ocurrir, y de ahí en adelante asumir que así es como funciona la realidad.

Imagínate, por ejemplo, que dos niños igual de inteligentes van al mismo colegio y al mismo curso, pero a diferentes grupos.

Al primer niño le toca un profesor de matemáticas fantástico. Lo explica todo genial y hace que las clases sean divertidas. Además, es exigente con los deberes y se asegura de que todos los alumnos hacen los ejercicios necesarios para llegar bien preparados al examen.

En chaval aprende, se lo pasa bien y aprueba la asignatura con un 10, y en base a eso añade dos nuevas creencias a su modelo de la realidad:

  • “Las matemáticas son divertidas”
  • “Se me dan bien los números”

Al segundo niño, por el contrario, le toca un profesor de matemáticas horrible. Explica todo fatal, durante la clase lo único que hace es dictar lo que viene en el libro y nadie se entera de nada. Además, nunca manda deberes ni hace ejercicios en la pizarra.

El segundo niño suspende la asignatura y sus padres le obligan a ir a clases particulares durante todo el verano, y en base a eso añade dos nuevas creencias a su modelo de la realidad:

  • “Las matemáticas son aburridísimas”
  • “Se me dan fatal los números”

Si te fijas, ninguna de las conclusiones a las que han llegado estos dos chavales son hechos objetivos. Las matemáticas no son divertidas ni aburridas, y seguramente ninguno de los dos chavales sea un genio o un inútil con los números.

No obstante, sus creencias tendrán un profundo impacto en su relación con la asignatura de matemáticas, en sus notas y en la carrera que acaben eligiendo, si es que deciden ir a la universidad.

Socialización

Los seres humanos estamos continuamente analizando lo que dicen y hacen los demás, y utilizamos esa información para construir o ajustar nuestro modelo de la realidad.

Cuando somos pequeños necesitamos aprender rápidamente, así que tomamos como cierto prácticamente todo lo que observamos y lo que escuchamos.

Sin embargo, según vamos creciendo nos vamos haciendo más selectivos, y empezamos a evaluar las ideas que nos llegan desde fuera en base a tres criterios:

  1. La credibilidad que tenga para nosotros la fuente de esa idea
  2. Lo bien que encaje la idea en nuestro modelo de la realidad
  3. El número de personas que crean que esa idea es cierta

Sólo cuando vemos que una idea viene de alguien lo suficientemente creíble, que encaja dentro del modelo del mundo que tenemos en ese momento, y que además hay más personas que la apoyan, la consideramos como cierta.

Por ejemplo, si le pides a un buen amigo tuyo que participa habitualmente en competiciones de salto ecuestre que te explique cómo se entrena a un caballo para que salte mejor, te vas a creer todo lo que te cuente, porque la fuente es creíble, su explicación va a tener lógica (si no te ha engañado, claro) y vas a asumir que hay mucha más gente que sigue ese mismo método.

Por el contrario, si ves a un desconocido en la calle con malas pintas anunciando que el final del mundo está cerca, vas a ignorarle, porque no tiene credibilidad y porque lo que está diciendo no tiene ningún sentido. Pero incluso si tuviese un grupo de personas a su alrededor tampoco le creerías, porque no cumple los otros dos criterios.

En general, nuestro filtro natural de ideas funciona bastante bien, pero a veces se le cuela algún gazapo por varios motivos:

  • Incluso las fuentes que consideramos más creíbles se equivocan
  • El que algo tenga sentido no quiere decir que sea cierto
  • El que mucha gente crea o haga algo no quiere decir que esté bien

Ese es el motivo por el que todavía sigue habiendo mucha gente que cree que comer más de 5 huevos a la semana es peligroso.

Si te paras a analizar la creencia, verás que cumple a la perfección los tres criterios anteriores:

  1. La has aprendido de una fuente creíble, como tus padres o algún doctor/nutricionista
  2. A nivel lógico, tiene sentido que si los huevos contienen colesterol y tener mucho colesterol en sangre es peligroso, comer muchos huevos no sea recomendable
  3. Millones de personas apoyan esta idea, y sólo tienes que buscar en Google o preguntar a tus amigos para comprobarlo

Sin embargo, ¿es cierto que comer más de 5 huevos a la semana es perjudicial para la salud?

¡Claro que no! Pero aun así, esta idea sigue formando parte del modelo de la realidad de mucha gente.

Cómo construir un modelo de la realidad más fiable

Como acabamos de ver, es muy sencillo añadir creencias incorrectas a tu modelo de la realidad sin darte cuenta.

De hecho, a veces es inevitable.

Cuando eres pequeño vas a creerte lo que te digan tus padres y lo que te digan en la escuela sin cuestionar su veracidad. No tienes opción.

Sin embargo, ahora que eres adulto y que tienes la capacidad de pensar por tu cuenta, puedes utilizar el poder de tu mente consciente para distinguir entre lo que es cierto y lo que no, y de esta manera construir un modelo de la realidad mucho más fiable y acertado.

Estos son algunos consejos para conseguirlo:

1. Ten cuidado al identificar las causas de lo que te ha ocurrido

Cuando pasa algo que nos afecta directamente o que nos llama la atención, lo primero que hacemos es intentar identificar la causa de lo que ha sucedido.

Aunque esto puede parecer sencillo, no siempre lo es, y si nos precipitamos podemos caer en alguna de las falacias de causa cuestionable y concluir que el evento en cuestión ha sido originado por una determinada causa cuando en realidad no ha sido así.

Para evitarlo, acostúmbrate a hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Es esta la causa real de lo que ha ocurrido, o son sólo dos hechos que están relacionados porque han ocurrido a la vez?
  • ¿Es esta la causa real de lo que ha ocurrido, o estoy pensando que es la causa sólo porque ha ocurrido primero?
  • ¿Es esta la única causa, o puede que existan más causas que no estoy teniendo en cuenta?

Si te equivocas al identificar la causa de un suceso, inevitablemente extraerás conclusiones equivocadas del mismo, así que es muy importante que no metas la pata con eso.

2. Recuerda que el mundo es un lugar complejo

Nunca extraigas conclusiones demasiado simples de tus experiencias personales, porque normalmente van a ser erróneas o como mucho van a estar incompletas.

El que una persona se haya aprovechado de ti cuando te portaste bien con ella no quiere decir que siempre vaya a pasar lo mismo en el futuro, y que tu último proyecto haya salido mal no quiere decir que seas un inútil.

Vivimos en un mundo probabilístico. Por tanto, desconfía de las creencias con la estructura “si hago A siempre ocurre B” o “como ha pasado X soy un Y”. Pocas veces suelen ser verdad.

3. Sé consciente de que los demás también se equivocan

En muchas ocasiones, cuando evaluamos una idea que viene de una fuente que consideramos muy creíble, como nuestros padres, un experto o alguien a quien admiramos, la tomamos como válida sin cuestionarnos si realmente es así.

El problema de esto es que todo el mundo –incluido los sabios y los premios Nobel– se equivoca, y si hacemos caso a todo lo que nos dicen estas personas de confianza corremos el riesgo de acabar creyendo algo que no es cierto o beneficioso para nosotros.

La credibilidad de una fuente aumenta las probabilidades de que sus ideas sean correctas, pero no lo garantiza.

Por eso, cuando se trate de cosas importantes, no está de más el que corrobores la veracidad de una idea con otras fuentes confiables antes de integrarla en tu modelo de la realidad.

4. Sé consciente de que los demás también tienen sus propios objetivos

En tu día a día te vas a encontrar con personas e instituciones interesadas en que creas ciertas cosas para que te comportes de una cierta manera, y para comprobarlo no tienes más que encender la tele o abrir cualquier revista y analizar la publicidad.

Si te fijas bien, te darás cuenta de que el objetivo de los anunciantes es que asocies el tener su producto con cualidades y sentimientos positivos, y/o el no tenerlo con cualidades y sentimientos negativos.

¿Por qué?

Porque saben que si logran convencerte de que “beber Coca Cola te hace feliz”, “el desodorante AXE vuelve locas a las mujeres” y “la gente inteligente va a Mediamarkt”, entonces harás lo que ellos quieren: comprar.

Obviamente, ninguno de esos mensajes es cierto, y las empresas son muy conscientes de ello. Sin embargo, los utilizan continuamente porque funcionan.

Este fenómeno no sólo se da en los anuncios, sino también en otras fuentes que solemos considerar creíbles, como los estudios científicos.

Muchos papers no tienen como objetivo el acercarse a la verdad, sino el cambiar el modelo de la realidad de la gente para que actúen de una cierta manera.

Por este motivo, cuando evalúes una idea de un tercero, pregúntate siempre:

¿Qué interés puede tener esa persona en que me crea lo que me está diciendo?

Si ves que existe algún motivo oculto para que aceptes esa idea como cierta, examínala con lupa.

5. Piensa racionalmente

Es muy común el aceptar una idea como cierta simplemente porque “sentimos que es verdad” o porque pensamos que “la realidad debería funcionar así”.

Un gran ejemplo de esto es lo que se conoce como la hipótesis del mundo justo, que es la creencia de que existe una fuerza universal que tarde o temprano acaba recompensando a las personas que se portan bien y castigando a las que se portan mal.

Muchas personas sienten que eso debe ser cierto, que tiene sentido que exista esa fuerza universal, y siguiendo su corazonada integran esta hipótesis en su modelo de la realidad.

Desafortunadamente, sentir o querer que algo sea de una cierta manera no cambia el funcionamiento de la realidad.

Por mucho que insistan las películas de Hollywood en ello, en el mundo real no siempre ganan los buenos, y si crees que por trabajar duro, esforzarte y ser un buen chico el universo te va a recompensar, puede que te lleves una gran decepción.

La manera de evitar caer en este error y creer algo únicamente en base a tus emociones y sentimientos, es analizar la idea racionalmente. Usar la lógica para ver si es cierta, y buscar datos y hechos objetivos para formarse una opinión al respecto.

Jake Desyllas, del podcast The Voluntary Life, tiene varios episodios muy interesantes sobre este tema. El primero de ellos es el 243.

¡Ojo! Esto no quiere decir que debas ignorar por completo tu intuición. Tu intuición es una herramienta muy útil a la hora de tomar decisiones. Sin embargo, cuando se trata de construir tu modelo del mundo y evaluar qué es verdad y qué es mentira, es conveniente que uses también tu cabeza 🙂

6. Piensa por ti mismo

Mi último consejo, que posiblemente sea el más importante, es que pienses por ti mismo.

Nunca creas que algo es verdad sólo porque haya mucha gente que también lo crea (y tampoco porque te lo diga yo).

Pregúntate siempre: ¿es esto cierto?

La historia ha demostrado una y otra vez que la sociedad puede estar equivocada, y que lo que todo el mundo consideraba verdades universales realmente no lo eran.

Sólo unos pocos valientes se atrevieron a cuestionar a la sabiduría popular y se enfrentaron al status quo, y gracias a eso destaparon el error y nos hicieron avanzar como especie.

Necesitamos más gente como ellos, así que ya sabes:

No sigas al rebaño. Piensa por ti mismo.

Conclusión

El mundo es un lugar complejo, y para poder manejarnos en él sin bloquearnos ni volvernos locos, almacenamos en nuestra mente un modelo simplificado de la realidad que nos permite tomar decisiones y evaluar cualquier hecho rápidamente.

Para construir ese modelo usamos dos fuentes de información, las experiencias que vivimos de primera mano y lo que hacen y nos dicen los demás, y aunque normalmente nuestro proceso de aprendizaje funciona bastante bien, a veces cometemos errores y acabamos creyendo algo que no es verdad.

Esto es un problema, porque si tu modelo de la realidad es incorrecto, tomarás las decisiones equivocadas. Por eso, es muy importante que tengas siempre en cuenta los 6 consejos que te he dado en este post:

  • Tener cuidado al identificar las causas de las cosas
  • Recordar que el mundo es un lugar complejo
  • Ser consciente de que los demás también se equivocan
  • Ser consciente de que los demás también tienen sus propios objetivos
  • Pensar racionalmente
  • Pensar por ti mismo

Sin embargo, incluso si sigues mis recomendaciones a rajatabla, tu modelo de la realidad nunca será perfecto. Siempre llevarás contigo creencias incorrectas, incompletas o limitantes.

Dado que tus creencias forman tu modelo de la realidad, y que tu modelo de la realidad determina tus resultados, te conviene estar continuamente actualizando tus creencias y reemplazándolas por otras más beneficiosas.

Desgraciadamente, el sustituir una creencia por otra no es tan sencillo como decir “ahora voy a creer esto en vez de lo que creía antes”.

Las creencias residen en nuestro subconsciente, y el proceso es mucho más complejo. Aun así, es posible cambiar lo que crees, y en las próximas semanas te explicaré exactamente cómo.

Hasta entonces, me gustaría que pensases en lo que te acabo de contar hoy, y que identificases una creencia errónea que tuvieses en el pasado o que sigas teniendo hoy en día que te haya limitado mucho a lo largo de tu vida.

¿Cómo la adquiriste? ¿Por qué falló el proceso de aprendizaje?

¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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Foto: Hombre de negocios escribiendo en un mapa


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