¿Vivimos en un universo que corre dentro de una simulación en la que estamos controlados por otro ser como si fuéramos juguetes? No lo sabemos; de hecho hay quien dentro de la ciencia asegura tener pruebas de que la realidad es un holograma. Entre ellos Rich Terrile, director del Centro de Computación Evolutiva y Diseño Automatizado del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA. Este científico piensa que vemos exactamente lo que necesitamos ver en la ciudad, reduciendo una metrópoli hasta el tamaño de una consola. El Universo, a su juicio, se comporta de la misma manera. Y no nos referimos al SARA –acrónimo de Sistema de Activación Reticular Ascendente– de nuestro cerebro, que actúa de filtro de nuestra atención para que nos fijemos en las cosas más relevantes para la acción que tengamos que seleccionar en un determinado momento, sino a formar parte de un programa, como ocurre en la película El show de Truman. En la mecánica cuántica, las partículas no tienen un estado determinado si no están siendo observadas en ese momento. Numerosos teóricos han pasado mucho tiempo tratando de explicarlo.

Una de las posibles respuestas es que vivimos en una especie de simulación, viendo lo que tenemos que ver en el momento oportuno para «alguien».  

Un eminente astrónomo de Cambridge, Sir Martin Rees, queriendo dejar claro que este tipo de planteamientos son sólo teorías dice que «la posibilidad de que seamos creaciones de algo supremo, o de una superinteligencia, empaña la frontera entre la física y la filosofía idealista, entre lo natural y lo sobrenatural, entre la relación de la mente con los multiversos y la posibilidad de que estemos viviendo en Matrix más que en un mundo físico». 

Todo empezó en 2003 cuando el filósofo Nick Bostrom sugirió que vivíamos en una simulación modelada y regulada por nuestros descendientes, es decir, desde el futuro. Éste y otros pensadores postularon desde entonces que hay razones empíricas por las que la hipótesis de simulación podría ser validada. Según su propuesta, una civilización futura tendría una capacidad de computación enorme, que nuestros descendientes podrían ejecutar con sus tecnologías una simulación de ancestros. El científico, sin embargo, no puede explicar por qué estos «programadores» estarían modelando la realidad. Sus ideas llevaron a magnates de la tecnología como Elon Musk, cofundador de PayPal, Tesla Motors o SpaceX, a creer que «solo hay una posibilidad entre mil millones de que realmente vivamos en la realidad. Es mucho más probable –dice– que no seamos más que datos circulando dentro de la supercomputadora de alguien».

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