NOS EDUCAN PARA SER POBRES, OVEJAS, Y ESCLAVOS DE MANERA PROGRAMADA

Nos educan para ser pobres

Nuestro sistema educativo reproduce 

la desigualdad de manera programada



Nos educan para ser pobres. Detrás de esta afirmación hay una terrible realidad. Una planificación consciente para reproducir la pobreza, cuyos protagonistas, desde la educación, son inconscientes del proceso. Cuando era pequeño tenía buenas preguntas. La escuela me las fue eliminando. Tuve la ocasión de conocer y vivir muchos años con personas que sufrieron los horrores de la guerra y la dictadura, años después entendí que yo mismo era un producto más de esas miserias, vivía en un ecosistema global que reproducía la pobreza y la sumisión de manera intencionada y programada.


Una pregunta constante que me hacía en mi niñez y juventud era ¿por qué no nos atrevemos a hacer más cosas de las que hacemos? Las respuestas que obtenía en mi entorno siempre eran las mismas: ten cuidado, no te metas en líos, así son las cosas y así serán siempre, no te salgas del redil.


Más tarde lo entendí. En el recuerdo de mi comunidad estaba la guerra, la destrucción, el miedo. Aunque mi generación no lo vivió, sí estaba presente en nuestros padres y abuelos, en sus mentes y conversaciones. Cuando mi madre se sentaba a coser al sol con las vecinas del barrio, yo escuchaba sus conversaciones acerca de sus vivencias en los “años del hambre”, la escasez y las penurias.
Años después, por fortuna, han desaparecido esas escenas del imaginario colectivo, pero permanece lo esencial, los códigos que reprograman a las personas y la educación reproduce, relegando al individuo a una posición marginal y servil en el mundo, a un papel de trabajador disciplinado y sin espíritu crítico.
La educación está diseñada para perpetuar un orden social y reproducir personas manejables y sumisas.
Dediqué varios años en la universidad a estudiar este hecho, a preguntarme cómo funcionan los mecanismos del miedo y la represión, a hacer trabajos de reconstrucción oral de centenares de personas que habían vivido esas humillaciones. Y entonces uní las piezas del rompecabezas y lo entendí todo. Y me vi como un estúpido universitario siguiendo un patrón codificado para convertirme en un “ciudadano ejemplar” cándido y complaciente, rodeado de una mayoría de profesores, en un teatro de marionetas en el que, como actores, no eran ni conscientes de que estaban siendo movidos como muñecos de trapo.
LA EDUCACIÓN, LA PALANCA
Desde entonces me apasiona la educación porque tengo la absoluta convicción de que es la palanca que acciona la transformación del mundo, el mecanismo que permite cambiar la mirada sobre nosotros mismos, nuestro horizonte de posibilidades y el espacio para emprender y prosperar.
Cómo podemos crear abundancia si en el hogar, la calle y la escuela nos han grabado a fuego las frases: los pies en el suelo, siempre a lo seguro, no te hagas ilusiones, no arriesgues… Al final, como un mantra, acabas pensándolo, creyéndolo, hablándolo y haciéndolo.
En Finlandia tienen el mejor sistema educativo del mundo y la situación allí es diferente. 
Aunque no te lo creas, nos educan para ser pobres; pobres de cuerpo y de alma. Nuestro sistema educativo está diseñado para perpetuar un orden social y reproducir personas manejables y sumisas. Al poder establecido, y no me refiero a los gobiernos de turno, que son unos peleles más de un orden global (establishment), no le interesa que sus súbditos prosperen, porque la prosperidad intelectual lleva a la mayoría de edad de las personas, y cuando llegas a ese estatus descubres el engaño en el que habías estado toda tu vida.
Nos educan para pedir permiso. Cada acto ha de estar escrutado por la mano invisible del poder, para decidir por ti si es lícito o ilícito. Y así, en pocos años, tenemos una sociedad anestesiada y domesticada, una sociedad de pobres.
LA POBREZA, UN ESTADO MENTAL
La pobreza es un estado mental opuesto a la visión de abundancia. Si te instalas en ese lado del pensamiento, arrastrado por lo que te enseñan en la escuela, acabarás generando escasez en todo lo que haces en la vida. Y lo peor de todo es que nos codifican la mente y nos programan para que esto sea así y se perpetúe.
Pensamientos pobres y conversaciones pobres traen acciones pobres.
Las raíces de la pobreza. Cómo se diseña la pobreza.
La pobreza se construye desde las creencias limitantes. Tanto si crees que puedes alcanzar tus deseos como si no lo crees, estás en lo cierto. Si la pobreza está instalada en tu mente y en tu interior resuenan voces como “no puedo alcanzar mis metas”, “dependo de las circunstancias”…, de nada te servirá lo que digas o lo que hagas.

Luego se refuerza en tu lenguaje: cuando el pensamiento está instalado se refuerza en el lenguaje; sin darte cuenta comienzas a hablar en pobre: “es que yo no puedo”, “eso no está a mi alcance”, “pensemos en cosas realistas”, “me puedo equivocar”, “es muy difícil”; es que, es que, es que…

Después, eso se convierte en acciones: una persona es capaz de hacer lo que está en el límite de su lenguaje, pensamientos pobres y conversaciones pobres traen acciones pobres: trabajos y actividades para salir del paso, no asumir riesgos, esperar un golpe de la fortuna…
La abundancia no es solo cuestión de dinero o riqueza, pero también. 
Es fácil cultivar la pobreza en una persona, recortando premeditadamente sus expectativas y ambición, sembrando el temor y la resignación. Pero más fácil todavía es hacerlo en una comunidad de personas, en un pueblo, en un país, porque los mecanismos de retroalimentación son muy poderosos y contagiosos. Bastan los mensajes subliminales del poder o la autoridad a través de los medios de comunicación para inocular el miedo y paralizar en un instante a la sociedad.
Los economistas saben que el sentimiento de escasez se puede sembrar en unos minutos para manipular los movimientos de las bolsas, de hecho se hace diariamente y sin pudor. De la misma manera que la crisis económica es un acto provocado (deliberadamente o no) ante una perspectiva de escasez, la crisis es una emoción que se convierte en un estado de ánimo paralizante que lo envuelve todo. La prosperidad solo regresa cuando cambia ese sentimiento.
EMPRENDIMIENTO Y LIDERAZGO

El emprendimiento y el liderazgo surgen cuando alguien comienza a convertir los problemas en oportunidades; cuando alguien se hace cargo del estado de ánimo colectivo y lo transforma; cuando alguien piensa, habla y actúa en clave de abundancia.

La forma más rápida y odiosa de someter a una persona o a un grupo es inocularle el miedo.
La forma más rápida y odiosa de someter a una persona o a un grupo es inocularle el miedo. Cuando se instala, el miedo reproduce por sí mismo la pobreza. Quien tiene la capacidad de hacerlo es quien ejerce el poder o la autoridad. Una sociedad sin miedo es incompatible con un estado arbitrario.
Bernstein, a través de sus investigaciones, descubrió que la pobreza estaba codificada en la sociedad. Había clases sociales que utilizaban un hablar de pobres (código restringido) y otras un hablar de ricos (código elaborado); proceso que se reproducía a través de la educación (pedagogías invisibles).
Cuando era pequeño me fascinaban las conversaciones de una familia que veraneaba en el pueblo; hablaban del futuro, tenían optimismo, ganas de hacer cosas, eran atrevidos; mientras que nosotros éramos conservadores y murmuradores. Desde entonces intuí que su riqueza manaba y se retroalimentaba en ese conversar (y no estaba equivocado).
No debemos permitirlo por más tiempo
Los dictados de nuestra educación están plagados de códigos restringidos, invisibles para la mayoría, pero que actúan con una eficacia aplastante para crear pobres en su dimensión material y espiritual.
La pobreza a escala global es un asunto muy sensible con el que no se puede frivolizar, por las terribles connotaciones que tiene para el sufrimiento del ser humano. Pero sus raíces son las mismas, se instalan en las creencias y las convicciones del ser humano y después se hacen visibles en un estilo de conversar. En este tiempo me he convertido en un ávido observador de este fenómeno. Intrigado por conocer la esencia de la pobreza y sus mecanismos, he podido entender y comprobar el patrón que define la pobreza en el mundo, idéntico en las personas de mi país, los países vecinos y los de otros continentes. 

En definitiva, los pobres no tienen frontera: son los pobres del mundo. La pobreza es una patria universal diseñada al efecto para perpetuar un orden. El instrumento que lo hace posible es la educación, a través de la codificación de unas creencias limitantes que se instalan en el cerebro y se convierten en convicciones; luego el lenguaje hace su efectiva tarea, relegando al ser a una caricatura de sí mismo, incapaz de desarrollar sus funciones creativas, su espíritu emprendedor y su vocación de liderazgo.
HERRAMIENTAS PARA CAMBIAR
Llevo dedicando muchos años, junto a mi equipo, a construir herramientas, modelos y procesos para desbloquear los mecanismos que cortocircuitan el progreso, y todos ellos pasan por cambiar la mirada del ser humano sobre el mundo y aprender lenguaje (no el que se estudia en el colegio), sino otra forma de hablar para coordinar acciones, diseñar futuros, transformar el mundo y crear riqueza.
La pobreza es una patria universal diseñada al efecto para perpetuar un orden injusto.
La pobreza de una persona o comunidad se delata en su forma de hablar. Sin darnos cuenta, en nuestras conversaciones diarias revelamos lo más íntimo de la naturaleza de nuestro ser. Desde mis prácticas de escucha, lo primero que descubro en una persona cuando hablo con ella es si es rica o pobre, y no me estoy refiriendo a los recursos materiales que tiene, porque hay millonarios muy pobres, y personas que no tienen recursos materiales, muy ricas.
Definitivamente, romper el círculo vicioso de la pobreza precisa de una reingeniería de la educación y del ser, un trabajo para desinstalar del cerebro las creencias limitantes y aprender nuevas competencias para producir un giro ontológico.
La pobreza programada, es inducida desde el poder y reproducida desde la educación para relegar a una parte de la sociedad en una posición de servilismo, conformismo y resignación.
Sí, lo que te estoy diciendo es lo que ya intuías: que la pobreza es una estrategia programada para el dominio de unos seres humanos sobre otros. Sus mecanismos son tan sutiles como efectivos, una ingeniería social refinada y calculada para reproducir un statu quo.
En un foro internacional sobre educación me hicieron la siguiente pregunta: ¿Entonces cómo se podría erradicar la pobreza en el mundo? Aún a riesgo de parecer frívolo en un asunto tan sensible, respondí: enseñando a la gente a pensar, hablar y actuar en grande.
El movimiento para romper la lógica de la pobreza solo se puede propiciar cambiando las conversaciones constitutivas de la educación, el problema es que quienes tenemos que hacerlo (padres, educadores) nos entrenaron para ser pobres y de hecho, somos prescriptores y reproductores de la pobreza. La manera de hacerlo es reprogramar nuestras conversaciones desde un sistema educativo que actúe en consecuencia.
Por eso estamos poniendo las bases de una nueva educación transformadora, desde nuevas competencias para emprender y liderar, para que la gente se haga cargo de su futuro y construya su proyecto vital; para que aprenda a mirar los problemas con alegría; para que se vea parte de la solución; para desarrollar un compromiso con los desafíos globales desde su acción diaria. Personas con narrativas poderosas y ambiciosas, con nuevas visiones sobre el mundo, capaces de crear equipos, impecables en el trabajo, productoras de nuevas ofertas… Personas capaces de aprender para emprender y de emprender para prosperar.
No hay tiempo que perder. ¡¡¡Adelante!!!
* (Juan Carlos Casco es un prestigioso experto y consultor internacional en Educación y Emprendimiento)

AMAREMOS LA ESCLAVITUD


Aldous Huxley, escritor, visionario y filósofo, fue uno de los pioneros más relevantes en el campo de la psiquedelia. Nacido en el seno de una familia británica de reputada tradición intelectual, pasó su infancia entre libros, y a pesar de quedarse prácticamente ciego a raíz de una enfermedad que sufrió durante la adolescencia, su infinita curiosidad acabó por granjearle una renombrada fama de enciclopedia viviente.


El interés de Huxley por las drogas se remonta a los años 30, cuando publicó su famosa novela Un mundo feliz, en la que una droga llamada soma se convierte prácticamente en el personaje central de la obra. Por aquel entonces la actitud de Huxley ante los psicotrópicos era ambivalente. Por una parte intuía que el campo de la farmacología estaba a punto de ofrecer una sustancia que despojaría al ser humano de sus miedos, permitiéndole abrirse a la belleza de la vida; pero al mismo tiempo temía que esta promesa fuera truncada por los poderes estatales, ofreciendo un sucedáneo de encefalograma plano que no hiciera otra cosa que reforzar aun más el control del Estado sobre el individuo. Esta última hipótesis es la que presentó en Un mundo feliz, una visión pesimista del ahora presente, que según los entendidos va más allá que el tétrico 1984 de G. Orwell.


-Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social. 

I, Un mundo feliz (1932).

-Una civilización no puede ser duradera sin gran cantidad de vicios agradables. 

XVII, Un mundo feliz (1932).

-Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que ese algo se haga. 

Prólogo, Un mundo feliz (1932).

-Lo que pensamos determina lo que somos y lo que hacemos, y, recíprocamente, lo que hacemos y lo que somos determina lo que pensamos. 

El fin y los medios (1937).

-Como siempre, el principal resultado de la violencia es la necesidad de emplear mayor violencia. 

El fin y los medios (1937).

-Lo que pensamos determina lo que somos y lo que hacemos, y, recíprocamente, lo que hacemos y lo que somos determina lo que pensamos. 

El fin y los medios (1937).

-Las sensaciones, los sentimientos, las intuiciones, imaginaciones y fantasías, son siempre cosas privadas y, salvo por medio de símbolos y segunda mano, incomunicables. 

Las puertas de la percepción (1954).


Responsabilidad incondicional. 

El poder de ser un protagonista 


El alma se tiñe del color de sus pensamientos. Piensa sólo en aquellas cosas que están en línea con tus principios y que puedan ver la luz del día. El contenido de tu carácter lo eliges tú. Día a día, lo que eliges, lo que piensas, y lo que haces, es en lo que te conviertes. Tu integridad es tu destino… es la luz que guía tu camino.” ―Heráclito 


Si ser un protagonista responsable es tan efectivo y si transformarse en espectadores de los problemas viéndonos a nosotros mismos como víctimas es tan ineficiente, ¿por qué tendemos a actuar como víctimas y no como protagonistas? ¿Por qué elegimos prolongar nuestro sufrimiento en vez de terminar con él? 

“El sufrimiento es siempre el resultado de elecciones inconscientes. El dolor y la pena son características inevitables” 

El sufrimiento es siempre el resultado de elecciones inconscientes. El dolor y la pena son características inevitables de la vida humana, pero el sufrimiento no lo es. No podemos evitar las “adversidades de la fortuna”, pero podemos hacerles frente con dignidad. El sufrimiento es el dolor adicional y continuo que deriva de nuestra actitud frente al dolor. El sufrimiento no es producido por condiciones externas sino por estados mentales internos. En pocas palabras, el sufrimiento es “opcional”. 

(Inconscientemente) escogemos sufrir como víctimas porque estamos apegados a una autoimagen de conocedor. Le tenemos miedo a la desaprobación, la vergüenza y la amenaza a nuestra autoestima. Creemos que la seguridad y la felicidad tienen su origen en la aprobación de los demás. Atamos nuestro bienestar y nuestro éxito a nuestra “inocencia”. Por ende invertimos una gran cantidad de energía construyendo una imagen pública de nosotros mismos irreprochable que complacerá a los demás. 

Aprendemos a relacionar responsabilidad con culpa desde nuestra más temprana infancia. Hablamos de ser responsables de algo. Cuando nuestra madre encuentra nuestros juguetes esparcidos por la habitación, y con una mirada severa pregunta, “¿Quién es el responsable de este lío?”, los dedos siempre apuntan hacia alguien más. Cuando nuestro padre nos encuentra en medio de una disputa, y con voz áspera pregunta, “¿Quién es responsable de esta pelea?” la respuesta dada al unísono es automática, “¡Fue él!”. En nuestra mente infantil, el ser responsable significa ser culpable de algo. Más aún, ser culpable significa algo malo, es algo por lo que se es castigado. No es de sorprender entonces, que defendamos nuestra inocencia separando nuestra persona del problema. Como dice el refrán, “El éxito tiene muchos padres pero el fracaso es huérfano. 

El problema que significa alejar a nuestra persona de la explicación del problema es que perderíamos todo el poder que tendríamos de otro modo para poder influir en la situación. Tal como lo he expuesto en el capítulo anterior, si no nos vemos a nosotros mismos como parte del problema, no podremos sentirnos como parte de la solución. Aún cuando no seamos un agente directo o la causa del problema, podremos vernos como parte del sistema que genera la situación insatisfactoria. Cada vez que sufrimos, tenemos “algo que ver” con el problema. Esto se vuelve obvio a través de ésta exageración: si estuviese muerto, no tendría más problemas. Pero tomemos un caso real para probar este punto. 

Un gerente Sudamericano para quien yo estaba trabajando, llamémosle Al, estaba enfadado porque sus colegas habían programado las vacaciones de su equipo sin consultárselo anteriormente. De acuerdo a la programación, su departamento no tendría personal en un determinado momento crítico. Al estaba furioso pues nadie había considerado sus necesidades. “¡Esto es increíble!” decía, frustrado. “¿Cómo pueden dejarme con tan solo cinco personas en Febrero? ¡Están dementes si creen que podremos procesar las órdenes que vienen de Norteamérica! Es invierno allí, nadie tomará vacaciones entonces.” 

Para ayudarle a pensar, pregunté, “Al, ¿de quién es este problema?” “De ellos, por supuesto”, respondió, enojado, “Deberían haberme preguntado antes de programar las vacaciones de mi personal y anunciarlo públicamente”. “Hubiese sido mejor si lo hubiesen consultado contigo, pero no es lo que hicieron”, le dije, con empatía. Pero no acepté esta posición de víctima; insistí, pidiéndole que buscase la oportunidad de ser un protagonista, “Al, ¿quién está sufriendo producto de esta situación?” “¡Yo lo estoy, por supuesto!” respondió. Entonces repetí mi pregunta, “Por lo tanto, ¿de quién es este problema?” 

Hubo un largo silencio, y en ese momento, noté una chispa de comprensión en sus ojos. “¿Estás intentando decirme que este es mi problema?” 

preguntó incrédulo. “Yo no tuve nada que ver con esa decisión”. “Precisamente de eso se trata, tú no participaste en esa decisión”, reconocí, “pero tú eres quien está sufriendo las consecuencias. Si tú eres quien está sufriendo, tú eres quien tiene el problema. No hay nadie que tenga mayor interés que tú en tomar medidas correctivas. Si esperas que otros, aquellos que tomaron las decisiones de acuerdo a sus propias prioridades, resuelvan tu situación, entonces te deseo buena suerte”. 

Aún cuando Al comenzó a comprender mi esquema de pensamiento, seguía atrapado en el papel de víctima. “¿Por qué tengo que solucionar un problema del que no soy responsable?” protestaba convencido. “Porque tú eres quien está siendo perjudicado por él. Si quieres un cambio, debes hacerte cargo del problema”, insistí. “Tú no eres el responsable del problema, pero sí eres responsable de enfrentarlo. No importa quién causó el problema el hecho es que estás en una situación insatisfactoria. Puedes seguir lamentándote y echándoles la culpa a los demás, o puedes tomar la responsabilidad y actuar para cambiar las cosas. Hagas lo que hagas, tendrás que vivir con las consecuencias”. “Pero eso no es justo”, se defendió con razón. “Esto no es culpa mía”. 

“No eres responsable del problema, pero eres el responsable de enfrentar el problema…”

“Al”, dije con algo de tristeza, “a vida no es justa; y si esperas justicia terminarás revolcándote en el resentimiento y la resignación. Mi sugerencia es que dejes de lado la ilusión de que otras personas se ocuparán de tus problemas solo porque crees que ellos son los causantes. Estarás mucho mejor si te ocupas de la situación tú mismo. No importa si crees que no es justo. La justicia es una excusa a menudo utilizada para esconder la irresponsabilidad, la ineficiencia y la falta de liderazgo. El poder de uno mismo y la paz interior son totalmente opuestos a la expectativa de justicia”. Finalicé la conversación con Al sugiriéndome un libro: El Hombre en Busca de Sentido, de Victor Frankl, un libro que influyó tremendamente en mi vida, y lo sigue haciendo. 

Tenemos miedo de la desaprobación, vergüenza y amenaza a nuestra autoestima. Creemos que la seguridad y felicidad se originan en la aprobación de los demás

En su trabajo, el psiquiatra austriaco describe su experiencia como prisionero del campo de concentración de Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial. Resulta difícil imaginar una situación más destructiva e injusta. Aquellos que habían sido encerrados allí no eran culpables de nada. No eran responsables de su situación. Eran completamente impotentes e inocentes. En medio de tan terribles condiciones, Frankl descubrió que la dignidad del ser humano subyace en su capacidad inalienable de elegir su respuesta ante cualquier situación. Y es en esa respuesta en donde el ser humano puede expresar sus principios y valores de manera incondicional.


El Bagahvad Gita, sagrado libro de Hinduismo, dice, 

“tú tienes el derecho a la acción, pero no tienes derechos sobre los frutos de tu acción”. En una versión libre de algunos de sus versos, podemos crear el siguiente poema: 

Mientras que aquellos con una mente simple 
se aferran a sus acciones 
y se preocupan de los resultados, 
el sabio es libre de todos los apegos. 
Sin cegarse por el éxito ni sufriendo ansiedad 
por su fracaso ofrece sus acciones en el fuego de la virtud. 
En paz con lo que sea que ocurra 
sin estar atado al placer de la victoria, 
ni al dolor de la derrota, actúa con plena consciencia. 
Aquel que cumple con su deber sin preocuparse 
con los resultados es un hombre verdaderamente sabio.



EL CUENTO DE LA OVEJA Y EL TIGRE – FRED KOFMAN


¿Cordero o Tigre? 


Hay una historia Sufí que ilustra la diferencia entre la libertad y la inconsciencia, entre la irresponsabilidad de la víctima y el poder del protagonista. Esos dos arquetipos son representados por un cordero y un tigre. 

Había una vez un tigre preñado en busca de comida que vio un rebaño de corderos. Cazó uno, pero al haber hecho semejante esfuerzo, murió al dar a luz. El pequeño tigre nació huérfano, rodeado por el rebaño de ovejas. Sin conocer su identidad, el joven tigre se unió al rebaño y comenzó a caminar, comer y balar como las ovejas. 

El joven tigre también aprendió a sentirse como una víctima, gimiendo y culpando a otros de su sufrimiento, tal como lo hacen las ovejas. 


Un día, otro tigre que andaba por esa región se cruzó con esa escena ofensiva: un joven tigre caminando, comiendo y balando como una oveja. Con un fuerte rugido, el tigre corrió hacia las ovejas, dispersándolas. El tigre adulto tomó al tigre joven, lo arrastró hacia una laguna en donde lo obligó a mirar su reflejo en el agua, y dijo, “¡Mira! No eres una oveja; eres igual a mí, eres un tigre. Eres un tigre y tienes le fuerza, el coraje, la libertad y la majestad de un tigre. Eres responsable de tu futuro; tú eres el predador, no la presa.” Después de eso, el tigre rugió fuerte y gloriosamente. Esto hizo que el joven tigre se sintiera atemorizado y entusiasmado. El tigre luego dijo: “¡Ahora es tu turno!”. Los primeros intentos del tigre fueron patéticos, y se asemejaban a balidos y chillidos. Pero sin embargo al poco tiempo, bajo la supervisión del tigre adulto, el tigre joven desarrolló su verdadera naturaleza y aprendió a rugir, dueño de su propia vida. 


Al enfrentarnos a un desafío en nuestra vida, siempre tenemos la posibilidad de elegir: ¿Cordero o Tigre? Uno de ellos llevará a una vida de resentimiento e impotencia, el otro llevará a una vida extraordinaria. 


¿A cuál escogerás tú cuando la vida te enfrente a circunstancias desafiantes?


VIDA, LIBERTAD Y CONSCIENCIA – FRED KOFMAN

“Les prometo los voy a cuidar, pocos de ustedes van a ser sacrificados a los tigres; solamente un 30% de impuesto a las ganancias; pero bueno, les vamos a sacar no más que un 30% de la población va a ser sacrificada año a año a los tigres, pero el otro 70% de la población va a vivir muy bien. Confíen en mí que yo los voy a cuidar”:


Ésa es la filosofía del tirano, ¿por qué? Porque el tirano necesita pusilánimes. La palabra pusilánime quiere decir alma pequeña; es lo opuesto de un magnánime. 

Un magnánime es alma grande. Las ovejas son pusilánimes y los pusilánimes son aquéllos que apoyan la gestión de los tiranos, en economía, en la empresa, en la vida en general. Por lo tanto, hay una externalidad…para los que están en la universidad, hay una externalidad que producen las ovejas y es que se vuelven la carne para los tiranos.

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Una respuesta a “NOS EDUCAN PARA SER POBRES, OVEJAS, Y ESCLAVOS DE MANERA PROGRAMADA”

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