“Mujer lujosa”, un texto que a muchas personas les quebró la idea sobre una vida hermosa


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“Tengo la sensación de que mis clientes se llaman el uno al otro antes de la sesión y se ponen de acuerdo en cuanto al tema de conversación. Hace poco, hablamos sobre las mujeres lujosas. Ni siquiera es sobre el amor hacia una misma, sino de permitirse ser llamativa, visible y destacar”, escribe la psicóloga Elena Pasternak.

“Siéntete una mujer lujosa, cómprate aquello que nunca te has podido permitir y entonces el Universo se dará cuenta de que te lo mereces y te dará aquello que quieres”. Acabo de citar, textualmente, el anuncio de un taller sobre bienestar femenino. Veo que ha llegado la hora de que introduzca el hashtag “#quemalabruja”. Porque todas estas historias que rezan sobre permitirse algo más terminan exactamente el día en que se pagan las facturas porque esto no es más que un juego relacionado con la neurosis y el temor a ser rechazado.

“Cómprate una ropa interior de lujo, te convertirá en una mujer verdadera”. No hará de ti una mujer, pero sí te proporcionará un par de noches sin dormir. No, no porque tengas una relación amorosa intensa, sino porque te comerás la cabeza debido al dinero gastado y los pensamientos sobre cómo aguantar con lo que te queda en la cartera hasta recibir el siguiente sueldo. El lujo no es la ropa interior, ni el maquillaje, ni los restaurantes, ni tampoco los tacones de aguja.

El verdadero lujo es vivir tal y como a ti te gusta, cómoda. Con ropa interior cómoda. Con zapatos cómodos. Con el color de la barra de labios que a ti te gusta, o sin pintalabios en absoluto. Comer la comida que te gusta, tener amigos con los que sientes calidez, estar junto a alguien por amor y no por un sentido del deber.

Aprender a renunciar a lo que no necesitas. A lo que ya se ha quedado obsoleto. A lo que se ha desgastado. Y cuidar aquello que te gusta. La hija de mi amiga, de 5 años de edad, toda su pequeña vida pasa por llevar a todas partes su propia cuchara. Ella puede permitirse el lujo de comer con la cuchara que le gusta. Su madre se avergüenza por este hecho y cada vez trata de justificarse. Y yo empecé a llevarme a todos los picnics mis propios cubiertos y platos porque no me gusta comer con los de plástico. Y no me importa lo que piensen los demás al respecto.

Una vida de lujo no responde a aquello de “porque te lo mereces”. El tema es que esta cosa merece a alguien como tú. Una taza que te regaló tu hermana pequeña. La camiseta de tu papá, que resulta tan acogedora para dormir. Un pastel basado en la receta de tu mamá. Un beso de tu ser querido. Libros interesantes. Buenas peliculas. Aquellas canciones. Ropa de cama recién lavada. La casa limpia. La vida que elegiste llevar por ti mismo.

Además, una vida lujosa es no machacarte a ti mismo cuando algo no salió según lo previsto. Las medias pueden romperse. La masa puede no subir. Los amigos pueden no tener ganas de ver tu película favorita. Tu ser querido puede abandonarte. Puedes no ascender en el trabajo. Cualquier cosa puede pasar. Si algo no te sale bien, eso no afecta, de ningún modo, a tu valor. Esto significa que simplemente, ahora, todo no va como tú quieres.

La vida lujosa es tener la opción de elegir. Coser las medias rasgadas o comprarte unas nuevas. Tirar el pastel y pedir sushi o intentar prepararlo de nuevo. Ver la película solo o ir con los amigos a una cafetería. Dejarlo ir o luchar. Buscar un nuevo trabajo o revisar tus objetivos en el actual.

La vida lujosa es vivir siguiendo tus propias reglas. Perseguir tus metas. No buscar excusas. No ser cómodo. No justificarte por tu elección, tus sueños, tus intereses… Decir: “Conmigo, así no se puede”. Y decir: “Yo me lo permito”.

Eso es todo lo que quería contarte hoy. Un abrazo.

¿Y qué haces tú para sentirte una mujer lujosa? Comparte tus secretos con los lectores de Genial.guru.

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