Existen múltiples disfunciones y alteraciones sexuales, tanto en el hombre como en la mujer. Según Kaplan, uno de los trastornos sexuales más frecuentes en las mujeres, con cifras de prevalencia de aproximadamente un 10 %, es el trastorno orgásmico femenino. Sin embargo, según los estudios, la prevalencia del trastorno oscila entre un 10 y un 42 %. En cuanto a su población, debido a que la capacidad orgásmica femenina aumenta con la edad, el trastorno orgásmico puede ser más frecuente en mujeres jóvenes.

Se trata de una problemática que, en la mayoría de los casos, ha existido siempre. Esto quiere decir que no suele tratarse de un problema adquirido; en este sentido, es poco frecuente que una mujer que ha aprendido a conseguir el orgasmo pierda esta capacidad, a no ser que exista una comunicación sexual pobre, problemas de relación con la pareja, un acontecimiento traumático, trastornos del estado de ánimo o una enfermedad médica. Pero, ¿qué más sabemos sobre este trastorno? ¿En qué consiste? ¿Cuáles son sus posibles causas? ¡Descúbrelo!

El trastorno orgásmico femenino se define como un retraso o ausencia de orgasmo en la mujer, después de haber alcanzado un estado de excitación sexual. En los manuales diagnósticos se clasifica como una disfunción sexual. A veces, se le denomina anorgasmia femenina.

Su síntoma principal es un retraso importante en el orgasmo: bien que aparece con muy poca frecuencia o que directamente nunca aparece. Por otro lado, en caso de aparecer orgasmo, al trastorno orgásmico femenino se le añade una reducción significativa de la intensidad en las sensaciones propias del orgasmo (placer, satisfacción…).

Sin embargo, debe quedar claro que, para poder diagnosticar un trastorno orgásmico femenino, la estimulación física, psicológica y sexual debe ser la adecuada. En caso de que ésta sea deficitaria o inadecuada, no podríamos realizar tal diagnóstico; como bien sabemos, la sexualidad es un ámbito apasionante pero complejo, y llegar al orgasmo no solo depende de una variable, sino de muchísimas.

“Masturbarse es hacerle el amor a la persona que uno más quiere”.

-Woody Allen-

Lo mencionado hasta ahora se refleja en el DSM-5. Así, el trastorno orgásmico femenino se clasifica en dicho manual como una disfunción sexual. Para poder diagnosticarse, según el manual, por lo menos se tiene que experimentar uno de los síntomas siguientes en casi todas o todas las ocasiones (aproximadamente el 75-100 %) de la actividad sexual (en situaciones y contextos concretos o, si es generalizada, en todos los contextos:

  • Retraso marcado, infrecuencia marcada o ausencia de orgasmo.
  • Reducción marcada de la intensidad de las sensaciones orgásmicas.

Además, en el DSM-5 se añaden 4 tipos de especificaciones para dicho trastorno. En cada una de las siguientes especificaciones, se debe escoger una opción:

  • De por vida o adquirido.
  • Generalizado o situacional.
  • Nunca experimentó un orgasmo en ninguna ocasión (o sí).
  • Gravedad actual: leve, moderado o grave.

Otro síntoma a destacar del trastorno orgásmico femenino es el malestar que causa el propio trastorno. Dicho malestar debe ser clínicamente significativo (de gran intensidad), y/o interferir de forma importante en la vida o funcionamiento de la persona.

Más síntomas asociados a esta disfunción sexual: angustia, ansiedad, tristeza, sentimientos de culpabilidad e incluso rechazo a la vida sexual. Los síntomas más destacados mencionados (incapacidad para llegar al orgasmo, o exceso retraso en él) y el malestar asociado, deben persistir al menos 6 meses. Además, deben descartarse causas orgánicas y/o físicas como enfermedades, sustancias o medicamentos, así como trastornos psiquiátricos importantes.

¿Qué causas se esconden detrás del trastorno orgásmico sexual? La realidad es que hay muchos factores que influyen en su aparición, la mayoría de ellos, de tipo psicológico. Sin embargo, no podemos olvidarnos de los factores biológicos y sociales. Concretamente, según Masters, Johnson y Kolodny, los factores psicológicos son las causas principales de este trastorno, constituyendo el 95 % de los casos.

Por otro lado, hay una serie de enfermedades y condiciones médicas donde el trastorno orgásmico sexual es más frecuente; paraplejias y tetraplejias (por lesiones medulares u otras causas), esclerosis múltiple, deficiencia de estrógenos, hipotiroidismo, alteraciones o anomalías en el aparato reproductor, tumores medulares, insuficiencia cardíaca, etc. Recordar aquí que si se da una enfermedad que explique el trastorno, éste no podría diagnosticarse.

Además, hemos de tener en cuenta factores como la edad, ya que ésta puede hacer que nuestro deseo sexual disminuya. La relación de pareja también influye y, sobre todo, la comunicación (especialmente a nivel sexual); ¿nos comunicamos adecuadamente con nuestra pareja? ¿Sabe lo que nos gusta en el terreno sexual? ¿Y lo que no?

Finalmente, el hecho de haber padecido abusos sexuales, o tener un trauma relacionado con la sexualidad, también explicaría el origen del trastorno. Como decíamos, en la etiología de este trastorno se albergan causas o factores de tipo psicológico en la mayoría de ocasiones.

Conviene distinguir adecuadamente el trastorno orgásmico femenino de otras posibles alteraciones y trastornos. Concretamente, resulta importante distinguirlo de los trastornos mentales no sexuales (por ejemplo, el trastorno depresivo mayor), del uso de sustancias/medicación (por ejemplo, antidepresivos), de otra afección médica (por ejemplo, esclerosis múltiple) y de otras disfunciones sexuales (por ejemplo, el trastorno del interés/excitación sexual en la mujer).

El diagnóstico diferencial se realizará siempre a través de la observación de los síntomas, la administración de las escalas y test clínicos correspondientes y la entrevista clínica. Un buen diagnóstico nos ayudará a proponer un tratamiento adecuado y personalizado para cada paciente.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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