Mente: Ser diferente: ¿necesidad, cruz o virtud?

Cada uno de nosotros es único e irrepetible. No hay dos personalidades iguales. Todos tenemos una forma distinta de sentir, actuar, pensar, de tomar decisiones. Una combinación de variables genéticas y ambientales -nuestra historia pasada, nuestras experiencias y el contexto, entre otras- determinan nuestra forma de ser. ¿Qué significa, para ti, ser diferente?

Ser diferente puede ser percibido como positivo o negativo en función del momento vital y el momento del desarrollo en el que nos encontremos.

A pesar de serlo, hay momentos en la vida en los que lucharemos por parecernos a los demás todo lo posible. Sin embargo, habrá otros momentos en los que diferenciarse del resto sea crucial para un correcto desarrollo psíquico. Y tú, ¿te consideras diferente? ¿En qué? ¿te gusta serlo o lo consideras importante?

Ser diferente: una necesidad desde que somos bebés

Por un lado, la psicóloga Margaret Mahler elaboró un modelo de etapas del desarrollo. Después de la fase simbiótica, en la que el niño todavía no es capaz de entenderse como un ser diferente a su madre, se pasa a la fase de separación-individuación. Esta fase es determinante para la adquisición de la propia identidad, para entenderse como ser único.

En esta fase tienen lugar dos procesos (los que dan nombre a esta fase del desarrollo). La separación es el proceso mediante el cual el niño alcanza la distinción intrapsíquica con la madre, mientras que el proceso de individuación es el sentimiento de ser, a partir del cual el niño asume sus propias características individuales.

Por otro lado, René Spitz describe los organizadores de la psique del niño: la sonrisa, la angustia ante el extraño y el “no”. El “no” de los temidísimos 2 años. Por muy molesta que sea esta etapa de constante oposición, es una etapa necesaria para su maduración y su desarrollo.

Esta negación constante se debe a que el niño ha empezado a identificarse como ser diferente e independiente. Es necesario para que el niño pueda empezar a tener conciencia como ser individual. En cierto modo, también ocurre esto en los adolescentes.

“No dejes que las percepciones limitadas de las otras personas te definan”.

-Virginia Satir-

En la adolescencia, ser diferente puede ser una cruz

La adolescencia es un momento vital en el que prestamos una atención especial a los iguales. Aparece el mido a la diferencia no aceptada o discriminada. Es una etapa en la que encajar en el grupo es una de las principales motivaciones; por norma, influye, y mucho, en cómo el adolescente forma su autoconcepto.

A pesar de esto, los adolescentes viven de manera constante con la ilusión de que son únicos. Es lo que se conoce como fábula personal. David Elkind describió este proceso como el sentimiento que tiene el adolescente de ser único o ser diferente a los demás. Esto desemboca en la creencia de que sus pensamientos y creencias son diferentes a las del resto.

Elkind describió otro fenómeno que puede estar relacionado también con la importancia que se le da a no ser diferente o a serlo. Es la audiencia imaginaria, que es una intensa preocupación por la imagen que se proyecta a los demás, a la imagen que tienen los demás sobre él. Tienen la percepción de que son observados de manera constante por los demás.

Ante la sensación de ser el foco de un análisis constante, lo esperable es que muchos de ellos, sobre todo aquellos que tienen una baja autoestima o un pobre autoconcepto, hagan lo posible por pasar desapercibidos, por ser del montón, por no ser diferentes, ya que serlo puede ser percibido de manera negativa y derivar en conductas de rechazo por parte de sus compañeros.

“Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”.

-Marc Twain-

Ni necesidad, ni cruz… ¡es una gran virtud!

A veces, cuando somos jóvenes, también sentimos la necesidad de ser diferentes, y ¡menos mal! Mostrar esa parte particular de la identidad que se está formando es uno de los mayores regalos que podemos hacernos a nosotros mismos y a los demás, ya que es la mayor muestra de sinceridad. Además, aumenta la creatividad y facilita la toma de decisiones.

Ser diferente te permite apreciar en mayor medida la diversidad y adaptarte a ella. Te hace más flexible y abierto.

Defender tus propias ideas, aunque sean diferentes a las del resto, te permite crecer y desarrollarte siendo fiel a tus principios y con una autoestima y autoconfianza muy fuertes. Ser único es un regalo y, como tal, deberíamos aprender a apreciarlo. Es una de las mayores virtudes que puede tener una persona.

“La persona que sigue a la multitud normalmente no irá más allá de la multitud. La persona que camina sola, probablemente llegará hasta lugares donde nadie ha estado antes”.

-Albert Einstein-

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