Conectar, crear impacto, atraer, caer bien, ser accesible… Conseguir que los demás se sientan a gusto conmigo va más allá de un simple deseo: es una necesidad. Ese tipo de habilidad social es una de las más enriquecedoras, es hallar esos ingredientes del auténtico pegamento emocional para que quien esté cerca de mí se sienta bien, libre para ser él mismo, cómodo para expresarse y comunicar.

Lograrlo no siempre es fácil. Lo más llamativo es que abunda quien no es consciente de que con sus actitudes, palabras y formas genera incomodidad y desconfianza. Por tanto, cuando  trabajamos nuestras competencias en materia de sociabilidad, no podemos descuidar el ser capaces de crear una atmósfera nutritiva en todos los sentidos.

Ese conjunto de estrategias pasa a menudo por un mismo filtro, una misma dimensión: la presencia afectiva. Se trata, ni más ni menos, que de convertirnos en una figura hábil en materia de inteligencia emocional.

Veamos cómo lograrlo.

Desarrollo mi presencia afectiva para lograr que los demás se sientan a gusto conmigo

Cuando quiero lograr que los demás se sientan a gusto conmigo no es solo por mero deseo de caer bien. Lo que buscamos es crear ese sustrato idóneo para establecer relaciones duraderas, llegar a acuerdos y crear vínculos que nos enriquezcan. Algo así va más allá del ámbito de la amistad o de la búsqueda de una pareja. El escenario familiar y, sobre todo, el laboral, también necesitan de dicha competencia.

Para educar a un hijo, por ejemplo, es necesario saber manejar emociones, una buena comunicación (tanto verbal como no verbal) y construir, en esencia, un entorno enriquecedor que ayude al niño a crecer. Insistimos una vez más en que conseguirlo no es tan fácil como pensamos. A veces, factores como la baja autoestima imposibilitan esa magia relacional.

Al fin y al cabo, hay una máxima que siempre se cumple: «si yo no estoy bien conmigo mismo, los demás tampoco lo estarán conmigo«. Una conexión social fuerte y luminosa parte de un buen autoconcepto y unas buenas dotes en materia de inteligencia emocional.

Dar forma a este perfil de personalidad requiere que trabajemos un concepto muy concreto: la presencia afectiva. Gracias a esta dimensión conseguiremos no solo que los demás estén a gusto con nosotros. Lo más importante es que también nos sentiremos bien con nosotros mismos.

La presencia afectiva: vayas donde vayas, confía en ti

El psicólogo social Albert Bandura acuñó un concepto interesante: la autoeficacia. Define esa creencia en que cada uno es capaz de organizar y ejecutar los mecanismos necesarios para lograr algo. En este caso, supone confiar en que somos capaces de conectar de manera positiva con quien tenemos delante para crear un impacto enriquecedor en él.

Para lograrlo, hay que trabajar antes la autoestima, la identidad y ese afecto auténtico con uno mismo para entender que merecemos lo que queremos y que tenemos derechos a ser felices. Esa luz interna de bienestar y templanza, también puede llegar a los demás, ir de dentro a fuera.

Cuida lo que dices y cómo lo dices (la comunicación no verbal es decisiva)

La presencia afectiva es cercana, auténtica y es hábil en competencias comunicativas. Ahora bien, es esencial cuidar de las siguientes dimensiones, esas que configuran la comunicación no verbal:

  • Hacer contacto visual
  • Sonreír con la boca y la mirada.
  • Es importante también crear una conexión cálida, esa en la que uno es agradable y sincero en su comunicación, pero facilita a su vez que los demás se sientan cómodos.
  • ¿De qué manera? Asintiendo cuando el otro habla, prestando atención, demostrando que aquello que dice es importante.

Emociones suaves

Si me pregunto cómo lograr que los demás se sientan a gusto conmigo hay un estado emocional que debo atender: la suavidad emocional. ¿Qué significa esto?

  • Implica que no debo caer en los histrionismos, hacer bromas o criticar a terceros que no están para captar la atención.
  • La clave está en permanecer en ese centro comportamental y emocional en el que demostrar equilibrio, calma, templanza y accesibilidad. Los extremos emocionales nunca son buenos.

Afina tu detector emocional y reacciona rápido

La presencia afectiva dispone de un sensor: es ese capaz de detectar cómo se siente la persona que está conmigo.

Si detecto ansiedad trato de generar cercanía para reducir su nerviosismo. Si lo que percibo es desconfianza, tristeza o miedo, actuaré de manera rápida para cambiar ese estado de ánimo mediante una sonrisa cálida, una conversación en la que se sienta interesado y cuidando siempre de que mi actitud sea auténtica, humilde, atenta…

¿Cómo lograr que los demás se sientan a gusto conmigo?

Cuando somos más jóvenes tenemos una eterna obsesión: lograr que los demás se sientan a gusto con nosotros. Queremos agradar, tener éxito, contar con cuantos más amigos mejor… Ahora bien, llegada una edad esa prioridad cambia.

Por ello, queremos decir algo muy sencillo: no siempre vamos a gustar a todo el mundo. Y que esto ocurra, es normal , aceptable y hasta necesario. Es más, tampoco nosotros nos sentimos a gusto con todo tipo de personas. Hay quien, casi sin saber por qué, nos genera desconfianza e incomodidad.

Por tanto, el arte de las relaciones sociales es un tipo de compleja artesanía en la que a veces hay sintonía y otras no. Trabajar la presencia afectiva y atender las emociones será siempre la mejor fórmula en esta materia.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

Deja un comentario

Deja un comentario