Mente: Padres que controlan a sus hijos adultos

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No obstante, ese libro sería en realidad un diario de sufrimientos y lamentos silenciados. Porque llegar a la edad adulta y tener sobre las propias espaldas la sombra alargada del padre que supervisa y critica o de la madre que usa mil artimañas para seguir controlando, merma la propia dignidad y hace que todas estas dinámicas sean invisibles en nuestra sociedad.

Recibir consejos que no se necesitan. Ser objeto de reproches constantes. Recomendar lo que uno debería hacer y lo que no. Hacer uso del chantaje, de ese lenguaje manipulador que roba la motivación y hasta la autoestima… La forma en que los padres controlan a sus hijos adultos es a menudo tan sibilina que podría escribirse un libro.

¿Por qué hay padres y madres que controlan a sus hijos? Aún más… ¿por qué esos hijos no pueden escapar a ese influjo en gran parte de los casos? Lo analizamos.

Una sociedad además que sigue encumbrando la labor de los padres y que ve en la familia ese refugio de amor incondicional que todo lo arropa y enriquece. Cuando en ocasiones, los padres y su estilo de crianza y educación actúan como auténticas fábricas de infelicidad. Un sufrimiento que se inocula en la infancia y que, en muchos casos, persiste en edades adultas.

Padres que controlan a sus hijos adultos

Son muchos los padres que controlan a sus hijos adultos desde la cercanía e incluso desde la lejanía. No importa que ese hijo o esa hija ya haya dejado el hogar familiar y tenga familia propia y una vida separada. El cordón umbilical sigue sin romperse y a través de él continúa alimentándose ese amor envenenado que busca un solo objetivo: lograr que los sigan necesitando.

¿Cómo salir de la cárcel de los padres controladores?

Reflexionar sobre la relación que tenemos con nuestros padres es una necesidad. Debemos hacerlo para tomar conciencia (y sin importar la edad que tengamos) sobre si ese lazo nos ofrece bienestar y sufrimiento. Decimos esto último porque hay quien no percibe hasta qué punto la sombra de la familia media y deforma su calidad de vida.

  • El padre o la madre controladora siempre está para «ayudar», pero gracias a esa ayuda, en apariencia bienintencionada, tienen una excusa para dominar. Así, el que nos ayuden económicamente, el que nos realicen determinadas tareas les sirve finalmente no solo para controlarlos, también para chantajear y seguir ejerciendo la autoridad.
  • Por otro lado, también hacen uso de esa manipulación emocional que vuelca sobre el hijo o la hija la sensación de culpa constante, de estar abandonando, traicionando o hiriendo al progenitor.
  • El control también se ejerce con la palabra, con esos consejos que saben a órdenes y que no dudan en decirnos aquello de que es «por nuestro bien, porque ellos saben lo que nos conviene».

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