Mente: Maltrato psicológico de padres a hijos adultos

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Hay circunstancias que siguen siendo invisibles en nuestra sociedad. El maltrato psicológico tiene muchas formas y recae sobre varios tipos víctimas. Hay ancianos que sufren el maltrato de sus hijos, niños que sufren los efectos de una crianza lesiva y hay también hombres y mujeres que aún habiendo alcanzado la madurez e incluso la independencia del hogar, siguen supeditados al trato agresivo de un padre, de una madre o de ambos.

El maltrato psicológico de padres a hijos adultos es una realidad. Manipulaciones, chantajes, palabras que duelen e hieren, comentarios que siguen alimentando la misma inseguridad que en la infancia… A veces, con la madurez, los vínculos que hieren no se cortan ni se reparan y siguen dándose las mismas dinámicas, esas que recortan autoestimas e incluso la calidad de la propia vida.

Porque hay algo evidente: maltratador y víctima siempre tienen un vínculo, un lazo que alimenta la dependencia, el miedo y hasta el afecto. Un afecto dañino, es cierto; un amor envenado entre padres e hijos. Sin embargo, estas situaciones se dan con frecuencia, persisten y se cronifican.

¿Qué se puede hacer en estos casos? Poner en evidencia de servicios sociales u otros organismos ese tipo de circunstancias es para muchos poco más que una ironía. ¿Qué sentido tiene poner ahora sobre la mesa algo que se ha vivido desde que se tiene uso de razón? Hay quien no lo ve factible, quien lo ha asumido y continúa manteniendo trato cotidiano con ese familiar maltratador.

Maltrato psicológico de padres a hijos adultos ¿en qué consiste?

Definimos maltrato psicológico o abuso como cualquier comportamiento orientado a controlar y subyugar a otro ser humano mediante el uso del miedo, la  manipulación, la humillación, la intimidación, la proyección de la culpa, la coerción, la manipulación e incluso la desaprobación constante.

Sin embargo, lo más llamativo es que suelen hacer notables esfuerzos por aparentar normalidad. Son muy pocas las personas de su entorno cercano que conocen esos hechos. A veces, ni los amigos más íntimos llegan a saber nunca de ese maltrato, de esas circunstancias que se silencian y queda siempre de puertas para adentro.

El maltrato psicológico de padres a hijos adultos no aparece de un día para otro. Este responde a una dinámica que tiene su origen e inicio en la niñez. Lo que explica que muchas personas lleguen a la edad adulta con un duro «equipaje» emocional, con un historial de abuso psicológico que deja, en muchos casos, la sombra de un trastorno de estrés postraumático.

La respuesta no es sencilla porque el vínculo entre una víctima y un maltratador es tremendamente complejo. A veces, aunque se vivan circunstancias adversas, coaguladas por la angustia, el miedo, la humillación y el desprecio, uno puede seguir queriendo a quien le hace daño. Porque, al fin y a cabo, es tu padre o tu madre y cuando no se ha conocido otra cosa, muchos de esos hechos se «normalizan».

Cuando los monstruos son los padres y normalizamos el maltrato psicológico

Cuando afirmamos que es común que se suceda el maltrato psicológico de padres a hijos adultos, lo primero que nos viene a la mente es por qué. ¿Cómo puede soportar alguien esa circunstancia? ¿No es mejor poner distancia y romper para siempre los vínculos con los maltratadores?

Los monstruos no se vuelven damiselas con el paso de los años. Generalmente, siguen necesitando de su mando y autoridad porque es parte de su personalidad y esencia.

Así, y mientras esos hijos adultos aguantan y se baten en esa ambivalencia que va entre el afecto y el miedo, el amor y el odio, los progenitores maltratadores no cambian solo porque ese hijo sea adulto. El menosprecio, la crítica, la humillación y la manipulación emocional les sigue siendo útil para controlar y ejercer el poder.

Así, el maltrato psicológico que continúan aún en edades adultas suele tener las siguientes consecuencias:

Maltrato psicológico de padres a hijos adultos ¿cuál es el efecto?

Una de las consecuencias de sufrir abuso emocional desde la infancia es desarrollar un trastorno de estrés postraumático en las edades adultas. Estudios comunitarios como el llevado en la Universidad de Utrecht y la Universidade de Coimbra, en Portugal, evidencian lo significativo de esta relación.

¿Qué se puede hacer en estas situaciones?

Si hay algo prioritario es que el hijo adulto sea plenamente consciente de ese maltrato y de la necesidad de afrontar la situación. A menudo, tras estas realidades se esconde la dependencia, tanto la emocional como la económica (son muchos los hijos que no pueden dejar el hogar por problemas laborales).

  • Relaciones afectivas problemáticas y poco satisfactorias.
  • Baja autoestima, sensación de inutilidad, destrucción del orgullo, la seguridad personal, la motivación…
  • Represión emocional, tendencia a esconder las propias emociones.
  • Episodios de ansiedad, estrés, trastornos del sueño, etc.

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Maestroviejo

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