Las mejores relaciones no son aquellas con las que estar de acuerdo en cada aspecto, detalle y perspectiva. En realidad, las personas más increíbles y hechizantes son las que reformulan tus esquemas, las que te hacen cuestionar lo incuestionable. Porque si alguien te permite entender que la realidad tiene más tonalidades de las que tu percibes, te descubrirá lo bella que es la vida.

No es fácil hallar personas con este don singular. Son figuras que hacen de llave, hombres y mujeres que al encontrarlos abren nuevos mecanismos en nosotros, nuevas puertas por donde entra la esperanza y ese entusiasmo que refresca la mente y el corazón.

Todos necesitamos que, de vez en cuando, nos “actualicen”, ya que es muy fácil caer en enfoques rígidos de pensamiento, en esquemas internos en los que apenas tiene cabida la espontaneidad y la felicidad.

Amigos que llegan de manera inesperada o parejas afectivas que irrumpen revolucionando el corazón y alborotando el alma. Esas personas que el destino nos trae de manera no prevista y que nos hacen cuestionarlo todo son las que valen la pena. Bien es cierto que a veces nos puede costar entender su música o la estela revoltosa de su personalidad. Sin embargo, quien te ayuda a ver las cosas de manera innovadora te hace más libre cada día y te permite descubrirte mejor.

Nada puede ser tan enriquecedor como tener a nuestro lado a alguien que nos desafía a diario. Pero no de manera adversa. No de manera coercitiva y desgastante. Necesitamos personas que nos desafíen para ser mejores, para que tomemos conciencia sobre nuestras decisiones y que reflexionemos sobre si eso que hacemos nos hace verdaderamente feliz o no merecería la pena iniciar algo nuevo.

El apoyo incondicional y el desafío saludable deben ir siempre de la mano. Ambas dimensiones parten de la confianza y también del cariño. Porque quien te conoce sabe que mereces lo mejor y por ello siempre te instarán a asumir nuevas metas, a que vayas más allá de tu área de confort para conquistar sueños.

Las mejores relaciones no nos quieren estáticos, apáticos o instalados en la falsa complacencia: esas personas nos quieren felices, activos y valientes.

Si te invitan a cuestionarte, te invitan a crecer

Muchos adoptamos casi sin darnos cuenta una mente rígida. Lo hacemos cuando nos aferramos a nuestros puntos de vista, cuando nos enclaustramos tras unas murallas para hacer de nuestras creencias verdades absolutas e indisolubles.

Algo que se da con frecuencia cuando caemos en esta deriva mental es que sufrimos. Padecemos porque vemos el rumor del mundo y sus contradicciones como un limbo peligroso del que hay que defenderse. Desconfiamos, nos enfadamos, dejamos de aprender y de crecer emocional y psicológicamente. Hasta que, de pronto, puede suceder algo sensacional: llega una persona nueva a nuestra vida y, casi sin darnos cuenta, lo revoluciona todo.

Esas personas mágicas son figuras con una mentalidad flexible, gaseosa casi. No puedes contenerlas porque se elevan en optimismo, en esperanza, en alegría. Las mejores personas llegan a nosotros para romper nuestro enfoque rígido y petrificado, enseñándonos que la realidad está llena de matices.

Aparecen de improviso haciéndonos temblar con su entusiasmo y retándonos a ser entusiastas con nosotros mismos. Mueven el suelo bajo nuestros pies, pero nos hacen sentir increíblemente seguros a su lado.

Quien te impulsa al cambio te sana

Las mejores relaciones son terapéuticas. No podemos olvidar, por ejemplo, que realidades como los trastornos de ansiedad, las depresiones o incluso los trastornos de la conducta alimentaria se definen por reforzar unos esquemas mentales rígidos y negativos. Sus comportamientos limitantes y ese enfoque que solo aprecia, ve y filtra la realidad a través de la angustia y las distorsiones habitan en el territorio del sufrimiento constante.

La terapia cognitiva, por ejemplo, tiene como principal propósito desafiar el pensamiento de la persona. Solo cuando rompemos sus esquemas mentales, cuando les permitimos identificar esas razonamientos desgastantes y dañinos que vetan su libertad y felicidad, se produce el cambio.

Así, esas amistades, esos familiares o parejas que nos desafían, que nos invitan a cuestionarnos cada poco tiempo, son sanadoras. Lejos de sentir inquietud o molestia ante quien nos propone cambios o nos incita a ver las cosas de otro modo, debemos recordar siempre una metáfora muy ilustrativa.

Quien te cuestiona y te desafía desde el amor y la confianza son como el río que acaricia las piedras de su lecho. Poco a poco, las suaviza, hace desaparecer sus esquinas, sus grietas, sus áreas más afiladas. Al final, adquieren una forma redondeada y reluciente para convertirse en auténticas joyas.

Las almas gemelas llegan a ti para mejorar tu mundo, no para adaptarse a ti

Muchos de nosotros solemos mantener una idea errónea sobre el concepto de almas gemelas. Concebimos que nada puede ser tan enriquecedor como encontrar una pareja o una amistad que piense, sienta y se comporte igual que nosotros. Ansiamos esa sintonía absoluta en la que todo es calma y armonía perfecta… Sin embargo ¿qué tipo de enriquecimiento tendríamos con este tipo de realidad?

Difuminemos para siempre esa idea de nuestro inconsciente colectivo. Las mejores personas no llegan hasta ti para ser tu otra mitad. Acuden a tu vida para revolucionarla, para ensancharla y retarte para que seas tu mejor versión.

Te harán reír, pensar, descubrir, asumir otras opiniones, conquistar nuevos objetivos. Discutirás con ellas, pero en cada palabra e intercambio, te sentirás más pleno, más libre…

Permite que te desafíen desde el amor y la confianza. Pocas cosas son tan gratificantes.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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