Mente: La relación entre los pensamientos intrusivos y la depresión

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A menudo, solemos relacionar los pensamientos repetitivos como un efecto exclusivo de los trastornos de ansiedad. Ahora bien, estas condiciones suelen ser más complejas de lo que podamos creer. En primer lugar, es necesario tener en cuenta que la ansiedad mantenida en el tiempo puede derivar en ocasiones en un estado depresivo. En ocasiones, pueden incluso presentarse juntas, dando forma a lo que se conoce como trastorno mixto ansioso-depresivo.

«Esto me supera, no hay salida, las cosas van a ir cada vez peor…». Los pensamientos intrusivos y la depresión guardan a menudo una estrecha relación. Es lo que se conoce como rumiación depresiva y, en muchos casos, aboca a la persona a un estado de indefensión profunda, a una realidad psicológica debilitante que se ve cada vez con mayor frecuencia.

Es necesario detectar estos procesos y manejarlos. Profundicemos un poco más en este tema.

Sea como sea, hay algo evidente: las ideas recurrentes, las imágenes que surgen de manera espontánea construyendo escenas mentales catastróficas por donde no cabe ni un hálito de luz para la esperanza, no resultan solo agotadoras. El pensamiento intrusivo recorta nuestro equilibrio, nuestra capacidad para razonar, tomar decisiones y ser capaces de afrontar las dificultades con autocontrol.

Hombre preocupado por los pensamientos intrusivos y la depresión

Pensamientos intrusivos y la depresión ¿cómo se relacionan?

Susan Nolen-Hoeksema era una profesora de psicología en la Universidad de Yale conocida por sus investigaciones sobre los trastornos del estado de ánimo. Es ella quien más trabajos e investigaciones ha aportado sobre la relación entre los pensamientos intrusivos y la depresión.

Pensamientos intrusivos y la depresión: ¿cómo manejar esta realidad?

Los pensamientos intrusivos tienen una norma no escrita: cuanto más te esfuerces por controlarlos, más aumenta su intensidad. Parece una ironía pero es así, la mente al fin y al cabo produce todos esos procesos de manera automática y decirnos aquello de «no voy a pensar en un elefante rosa» lo que provoca es que solo veamos esta imagen una y otra vez.

  • Pensamiento excesivo. La persona cae en estados en los que la mente nunca se detiene. Algo así genera agotamiento mental y físico.
  • La mente no solo tiene tendencia a imaginar lo peor, sino que además la persona le da plena veracidad a lo imaginado.
  • La persona es incapaz de ver o valorar hechos positivos o esperanzadores. Su enfoque siempre le hará ver matices adversos y fatalistas.
  • Los errores leves se magnifican.
  • Asimismo, hay otro hecho: uno se acostumbra de tal modo a este estilo de pensamiento, que ya no puede poner atención al mundo externo, a lo que le dicen otros, a los estímulos positivos de su entorno.

Valeria Sabater

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005 y Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia). Número de colegiada CV14913. Certificado de coaching en bienestar y salud (2019) y Técnico especialista en Psiquiatría  (UEMC). Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED.

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