Mente: La desconexión moral y el perdón a uno mismo

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La ausencia del perdón a uno mismo lleva a un bloqueo de vida emocional y de las potencialidades vitales. Con frecuencia, este proceso se hace muy difícil debido a la puesta en marcha de un mecanismo conocido como “desconexión moral”.

El perdón a uno mismo puede llegar a ser un proceso complejo. Esto tiene mucha relevancia en la vida individual, pero también en el ámbito social; en especial, dentro de las colectividades en las que hay un alto nivel de conflicto o, incluso, una guerra.

El perdón dice tanto sobre el carácter de la persona que lo otorga como de la persona que lo recibe”.

La desconexión moral opera como una especie de velo o difuminador para la conciencia. Lo que una persona no se permitía, ahora lo ve como lícito. Se trata de una forma de autoengaño que por un lado abre las puertas a la atrocidad, en mayor o menor medida, y por el otro impide el perdón a uno mismo.

La desconexión moral

No se nace con una moral y una ética, sino que estas se van construyendo y desarrollando en función de la sociedad y la cultura. Así se adquieren unos principios y unas pautas de comportamiento que permiten responder a las situaciones tomando como guía determinados valores asentados con la experiencia. La función de estos es preservar el bienestar individual y colectivo.

Los mecanismos de la desconexión moral

De acuerdo con los estudios al respecto, hay cuatro formas en que se produce la desconexión moral. Todas ellas tienen que ver con un cambio en la perspectiva y justifican conductas que de otra manera no serían toleradas. Los cuatro mecanismos de la desconexión moral son los siguientes:

Esa etapa de suspenso o esa ruptura con los principios y valores da paso a la desconexión moral. Volviendo al ejemplo de la guerra, matar o engañar al otro dejan de ser conductas reprobables porque en esas circunstancias ya no se les asocia con la moral y la ética previas.

El punto es que en muchos casos el agresor, tarde o temprano, vuelve a ubicarse en un terreno moral en el que predomina la razón y la justicia. Es lo que ocurre, por ejemplo, después de una guerra. Si eso sucede, se abre una especie de vacío.

  • Difusión de la responsabilidad. Ocurre cuando se realiza un acto moralmente reprochable, con el respaldo de un grupo. El que otros actúen de la misma manera diluye de algún modo la responsabilidad individual.
  • Desplazamiento de la responsabilidad. Tiene lugar cuando se le adjudica a otro la responsabilidad por los actos propios. Se obedece una orden, o se evita un castigo, o se confía en lo que el otro exige, etc.
  • Minimización de las consecuencias. Se produce cuando se le resta importancia al daño infligido a otro, con el propósito de hacer ver como lícito lo que no lo es.
  • Envilecimiento de la víctima. Corresponde a los casos en los que se justifica el daño por la supuesta falta de dignidad de la persona sobre la que se ejerce una acción inmoral.

El perdón a uno mismo

Ahora bien, ¿qué tiene que ver la desconexión moral con el perdón a uno mismo? En principio, es imposible perdonar algo que no se ha reconocido como un error o un desacierto moral. Para que haya perdón a uno mismo, primero tienen que dejar de operar esos mecanismos de justificación o minimización. De lo contrario, es imposible.

Perdonar para seguir adelante

Hay conflictos tras los que la desconexión moral no tiene cómo operar. Lo sano en esos casos es crear las condiciones para que se produzca el perdón a uno mismo, seguido de un razonable acto de reparación.

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