El sesgo de la ilusión de control es el producto de un error en la forma de procesar el pensamiento. Este genera la fantasía de que tenemos poder sobre situaciones que, en realidad, no dominamos. El ejemplo más ilustrativo se da en todas las situaciones que involucran el azar y “la suerte”.

Es posible, por ejemplo, que pienses que el azar, por una especie de justicia divina, te va a terminar devolviendo el dinero que le has dado -y con intereses-. En este caso mediaría el sesgo de ilusión de control, pues se realiza un acto buscando una consecuencia que no tiene nada que ver con la acción.

La ilusión es una percepción errada, un autoengaño que carece de fundamento, pero en el que se cree. Por su parte, el control tiene que ver con un ejercicio de dominio o de vigilancia sobre algo o alguien. El sesgo de ilusión de control, entonces, tiene que ver con ese autoengaño por el cual creemos tener dominio sobre una situación, cuando no es así.

Nuestras ilusiones no tienen límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar nuestros labios a su borde”.

-René de Chateaubriand-

Lo primero a señalar es que el sesgo de ilusión de control pertenece a la categoría de los sesgos cognitivos. Estos son un efecto psicológico por el cual se genera una distorsión en el procesamiento de las ideas. En virtud de este se produce una interpretación errónea de la realidad.

El sesgo de ilusión de control fue descrito por primera vez en 1975, por la psicóloga Ellen Langer. Esta psicóloga lo definió como una creencia errónea por la cual una persona piensa que tiene el poder para determinar eventos que en realidad son fruto del azar.

Quien incurre en este sesgo cognitivo piensa que tiene el control sobre los resultados de ciertos eventos, pero no es así. En general, se trata de eventos de azar: en estos es mucho más difícil establecer cuál fue la causa exacta que produjo ese resultado específico.

El pensamiento de las personas con sesgo de ilusión de control tiene una serie de características que fueron definidas por Ellen Langer en su trabajo. Probó, incluso en laboratorio, que tales características aparecen en quienes presentan este sesgo cognitivo.

Dichas características son las siguientes:

  • Control a partir de la elección. Quienes tienen este sesgo piensan que su control aumenta si ellos personalmente pueden hacer la elección. Por ejemplo, cuando el jugador de lotería selecciona los números.
  • La familiaridad. Para estas personas, el nivel de confianza aumenta si se enfrentan a algo familiar. Como cuando se está frente a un juego conocido, por oposición a un juego nuevo.
  • La competencia desventajosa. Si el contrincante, en un juego, por ejemplo, es más inseguro o se muestra débil, quien presenta el sesgo pensará que tiene mayor control sobre la situación.
  • La participación. Los que presentan este sesgo suelen creer que aumentan el control si participan directa o indirectamente en la situación. Como cuando alguien toca las cartas, sopla los dados o “hace fuerza mental” para obtener un resultado.

Como se ve, todas las características hablan de diferentes aristas sobre la misma lógica. Lo que prima es la idea de que se tiene o se incrementa el control, al realizar o no realizar acciones que objetivamente no guardan ninguna relación con lo que puede ocurrir.

El tema no es solo anecdótico, sino que muchas veces produce consecuencias serias. Se ha detectado que muchas personas con ludopatía presentan el sesgo de ilusión de control y que este influye en el mantenimiento de su adicción.

Recordemos que las personas con ludopatía son personas adictas a los juego y pueden llegar a tener graves problemas económicos por su compulsión a jugar y su resistencia a perder. Sobreestiman las “señales” o los momentos de triunfo y por eso pierden el control sobre el juego, al punto en que a veces terminan en bancarrota.

Algo similar ocurre con algunas decisiones que tomamos en nuestra economía personal. No son pocos los que invierten dinero a partir de corazonadas o coincidencias, en lugar de hacerlo a partir de razonamientos bien definidos y cálculos técnicos. La emoción prima sobre la razón, juzgándonos en la mayoría de los casos una mala pasada.

En muchos casos también se impone el sesgo de ilusión de control en aspectos sobre los que una persona tiene mucho conocimiento. Hay una autoconfianza exagerada, al punto en que no se considera posible la equivocación. La paradoja es que precisamente por eso, se incurre en errores.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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