Mente: El fascinante Proyecto Washoe

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El Proyecto Washoe comenzó el 21 de junio de 1966 y fue dirigido por los doctores Allen Gardner y Beatrix Gardner. Entonces, la pequeña chimpancé solo tenía 2 años de edad.

El Proyecto Washoe es fascinante y a la vez conmovedor. Tiene que ver con una chimpancé hembra llamada Washoe, a la que se considera el primer animal no humano en aprender el lenguaje de señas americano. Para muchos, más que un experimento, fue una revelación de la naturaleza.

Estoy a favor del derecho de los animales, al igual que del derecho de los humanos. Ese es el camino de un ser humano completo”.

Un año antes de que comenzara el experimento, había nacido al oeste de África y había sido capturada y llevada a los Estados Unidos por la Fuerza Aérea de ese país. Se pretendía utilizarla en experimentos de la NASA, pero los Gardner la adoptaron y dieron inicio al Proyecto Washoe.

El Proyecto Washoe

Allen y Beatrix Gardner ya tenían experiencia trabajando con simios antes de comenzar con el Proyecto Washoe. Por entonces la lingüística se había convertido en un área de gran interés y los Gardner querían averiguar si era posible enseñarle el idioma humano a los animales.

La educación de Washoe

Los Gardner también creyeron que lo mejor era educar a Washoe como si fuera humana. En otras palabras, le darían la misma crianza que se le prodigaría a un niño. Querían saber si la chimpancé era capaz de aprender el idioma de forma natural, como lo hace un bebé humano.

Cuando Washoe llegó a sus vidas, habían desistido de enseñarle a hablar a los simios. En cambio, pensaron que el lenguaje de señas era lo más apropiado. Las manos de esta especie son muy similares a las nuestras y por eso la probabilidad de conseguir algo por ese camino era mayor.

Los Gardner le entregaron la custodia de Washoe a Roger y Deborah Fouts, cuando ella cumplió 5 años. Desde entonces, la cuidaron, manteniendo los mismos parámetros de vida que tenía con los Gardner.

De este modo, Washoe tenía su propia vestimenta y se sentaba a comer a la mesa con la pareja. También tenía sus propios objetos personales, como cepillo de dientes y peines, así como libros y juguetes. De hecho, cuando creció se instaló en un tráiler en el que contaba con sala, cocina, cómoda, refrigerador y cama dotada.

A Washoe no le aplicaron ningún método de condicionamiento para que aprendiera la lengua. Es decir, no la premiaban por sus logros, como se hace usualmente con los animales que se desea amaestrar, sino que se permitió que aprendiera por imitación. Y lo hizo. Al final, la chimpancé conocía más de 350 palabras.

Un ser inteligente

Todos los cuidadores de Washoe debían utilizar el lenguaje de señas y abstenerse de emplear el lenguaje hablado. No querían que se sintiera diferente a los demás, dándole a entender que las señas eran la forma natural de comunicación. Poco a poco, fue aprendiendo a comunicarse con los humanos.

Más que un experimento

Hubo dos hechos que llamaron la atención de los científicos y ninguno de ellos estaba previsto en el Proyecto Washoe. El primero tuvo lugar cuando una de las cuidadoras de la chimpancé se ausentó porque dio a luz a un bebé, que luego murió. Al parecer, a Washoe no le gustó demasiado su ausencia.

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