¿Tienes tendencia a dejar tus tareas y responsabilidades para el último momento? ¿Mantienes la mente repleta de asuntos pendientes que no te decides a abordar? Si este es tu caso, es muy probable que en más de una ocasión hayas sido juzgado y tachado de vago, perezoso o desorganizado, tanto por otras personas como por ti mismo. Sin embargo, con frecuencia la clave de esta situación se halla en la relación entre amor propio y procrastinación.

Vista desde una perspectiva superficial, la procrastinación parece el producto de la falta de responsabilidad o la inmadurez. Si no atiendes tus obligaciones a tiempo, si no cumples lo que te propones es porque no te lo tomas en serio o no sabes organizarte, ¿verdad? Puede que no, en muchos casos realmente se trata de algo más profundo y complejo, asociado a la autoestima.

Este término hace referencia a la tendencia a posponer o aplazar las tareas importantes. Así, la persona emplea su tiempo en otras actividades más agradables, pero irrelevantes, alargando todo lo posible el momento de afrontar sus obligaciones.

Por ejemplo, procrastinamos cuando escogemos seguir viendo la televisión en lugar de estudiar para el examen que se aproxima. Procrastinamos cuando perdemos las horas en las redes sociales en lugar de trabajar en aquel proyecto personal que iniciamos y dejamos abandonado. O, cuando afirmamos que empezaremos la dieta el próximo lunes, sin que eso llegue nunca a suceder.

En suma, sabemos que tenemos ciertas obligaciones y tareas urgentes, pero escogemos dejar pasar el tiempo y entretenernos con cualquier otra actividad.

Todos hemos procrastinado en algún momento y en algún ámbito de nuestra vida; sin embargo, ciertas personas tienen una tendencia mayor a adoptar este hábito. Así, pese a que los procrastinadores suelen ser tachados de despreocupados, irresponsables y faltos de voluntad, la realidad es que esta tendencia está muchas veces relacionada con una falta de autoestima. 

Sentimiento de incapacidad

Con frecuencia, posponemos estas obligaciones porque no nos sentimos capaces de sacarlas adelante. Nos resultan imponentes e intimidantes, nos parecen complicadas y carecemos de la autoconfianza necesaria para abordarlas. Así, optamos por aplazar el momento de enfrentarnos a ellas, pensando que en el futuro estaremos más preparados.

Por ejemplo, aplazo mi inmersión lingüística en el extranjero hasta que tenga un mayor nivel de inglés, aplazo pedir o solicitar una mejora de las condiciones laborales hasta que la situación económica de la empresa sea mejor.

Miedo al error

En relación con lo anterior, muchas veces la procrastinación surge porque somos excesivamente perfeccionistas y tenemos pavor a fallar. Las personas que son demasiado autoexigentes se imponen a sí mismas unos estándares casi inalcanzables; así, la presión que supone afrontar las obligaciones les hace aplazarlas lo más posible.

Autosabotaje

Sin duda, la relación entre amor propio y procrastinación se aprecia en las consecuencias que se derivan de procrastinar. Es decir, aunque la persona esté aplazando sus obligaciones y dedicándose a tareas más agradables o divertidas no puede disfrutar, ya que mantiene en la mente todos esos asuntos pendientes que tarde o temprano debe realizar. De este modo no se permite realmente disfrutar del tiempo libre.

Además, se genera a sí misma presión, estrés y ansiedad por tener que cumplir con sus obligaciones aplazadas a última hora. Esto le lleva a criticarse, juzgarse y castigarse psicológicamente por no haber comenzado antes. Y, lo que es más, le impide alcanzar el éxito al que podría aspirar de realizar las tareas a tiempo. En suma, el autosabotaje impregna todos los pasos del proceso.

Entonces, si has detectado que tienes tendencia a procrastinar, revisa cómo se halla tu autoestima. ¿Confías en ti y en tus capacidades?, ¿te permites fallar y lo asumes sin castigarte?, ¿eres consciente de la tensión mental que te generas al aplazar tus deberes?

Sobre la base de un amor propio sólido será más sencillo atender a tus tareas porque dejarás de verlas como una obligación y comenzarás a percibirlas como una inversión en ti mismo. Comprenderás que trabajar con antelación libera tu mente de preocupaciones, te permite ser más eficiente y exitoso así como disfrutar realmente del tiempo libre.

El amor propio es el motor que te mueve a hacer lo mejor para ti y te proporcionará el impulso para dejar de procrastinar.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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