Mente: Bloquear los pensamientos para no sufrir ¿podemos hacerlo?

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Pero, ¿es esto posible? La respuesta es «no». Ni se puede ni es conveniente hacerlo. El universo mental y psicológico se rige por otras leyes. Así, mientras en la vida consciente, real y tangible, uno puede deshacerse de aquello que ya no quiere, echándolo a la basura (como quien se desprende de todo eso que nos recuerda a una relación afectiva fallida), en el territorio de la mente nada se puede deshacer o borrar para siempre.

¿Es posible bloquear los pensamientos para no sufrir? ¿Mediante qué mecanismo podemos suprimir esos recuerdos, ideas u obsesiones con el fin de reducir su carga emocional negativa? Esta es una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez y a la que muchos intentan responder día tras día.

Es lo que se conoce también como el «oso blanco de Tolstoi». Una metáfora que nos remite a una anécdota de León Tolstoi en la que siendo niño, su hermano lo castigó obligándolo a sentarse en un rincón hasta que dejara de pensar en un oso blanco. Como bien podemos imaginar, se quedó horas y horas en aquel lugar…

Es más, dentro del campo de la psicología sabemos que cuando más se tiende a bloquear un pensamiento «más rebota». Es como intentar sumergir un balón en el fondo de una piscina. Cuanta más fuerza hagamos más tenderá ascender a la superficie. A este fenómeno lo llamamos monitoreo irónico, es un proceso en el que, por mucho que nos esforcemos en suprimir una idea o una imagen, el cerebro siempre acaba buscando otro pensamiento que se relacione con ella para hacerla más saliente.

Bloquear los pensamientos para no sufrir, una estrategia inútil

Carl Rogers, uno de los psicólogos más influyentes de la historia, decía que, si de algo estaba seguro, es que toda persona que quiera puede mejorar su bienestar. El cambio será posible solo si lo propiciamos nosotros mismos, convenciéndonos, primero, de algo decisivo. Es necesario aceptarnos tal y como somos, con nuestros defectos, virtudes, necesidades, miedos y complejos matices.

Por ello, es necesario tener claro que decirnos cosas como «deja de preocuparte» o de «deja ya de reforzar los pensamientos negativos» no sirve de nada. La estrategia correcta sería aprender a preocuparnos de manera lógica y constructiva y, a su vez, aprender a manejar los pensamientos negativos. Veamos cómo.

Es más, al esforzarnos por suprimir determinados pensamientos o recuerdos lo que conseguiremos es alimentar la propia rumiación. Es caer en ciclos interminables en los cuales reforzar esa misma idea una y otra vez y con ella, aumentar la ansiedad.

La primera de ellas parte de un hecho evidente y esencial: hay que aceptar cada uno de esos pensamientos y entender que cuanto más nos resistamos o deseemos evitarlos, más aparecerán. Así, tal y como nos muestran en una serie de estudios llevados a cabo por los psicólogos Jens Foerster y Nira Liberman, una vez se le enseña a una persona a aceptar esas imágenes mentales o ideas y se le recuerda que bloquearlos no sirve de nada, el efecto rebote deja de aparecer.

Sí, puedes conseguir que el oso blanco de Tolstoi ya no aparezca

Explicábamos al inicio la anécdota del castigo a León Tolstoi por parte de su hermano. Es decir, basta que nos digan «deja de pensar en un oso blanco» para que este surja de manera continuada. Bien, aunque no nos sea posible bloquear los pensamientos para no sufrir, podemos llevar a cabo otras estrategias.

Libera la culpa: son pensamientos automáticos y cuesta manejarlos

Un efecto común asociado al intento de bloquear pensamientos negativos es que aparezca la sensación de culpa. ¿Por qué surgen en mi mente estas ideas tan incómodas? ¿Qué hay de malo en mí para que solo piense cosas negativas o dolorosas?

No puedes bloquear los pensamientos para no sufrir, pero sí es posible generar otro tipo de ideas

Por mucho que lo desees, no puedes bloquear los pensamientos para no sufrir. Aún más, tampoco puedes pensar lo opuesto para restar intensidad a esa idea dolorosa o negativa. Es decir, si mi mente me dice una y otra vez que eso que tengo que hacer va a salir mal, de nada me sirve convencerme de que «todo va a ir bien».

Ahora bien, aunque no seas responsable de su aparición persistente, sí tienes una obligación: una vez aparezcan en tu mente debes hacerte cargo de ellos, aceptarlos, redefinirlos y reducir esa carga desgastante mediante un enfoque más racional. Lo vemos a continuación.

  • Lo que debemos hacer es introducir una duda, un poco de caos en ese automatismo mental. Para ello, es adecuado argumentar, confrontar, crear conflictos a la propia mente: «¿Qué pruebas tienes de que todo va a salir mal?» «¿Es que quieres que mi vida vaya de fallo en fallo? ¿por qué deseas verme infeliz».
  • Seguidamente, es necesario tomar conciencia de la poca utilidad de esas ideas negativas o dolorosas. Recuerda tus valores, tus metas, tus propósitos, ten presentes tus necesidades de aquí y ahora. ¿Crees que esos pensamientos automáticos y negativos te son útiles? Evidentemente, no. Es momento de restarles poder y construir nuevas ideas más saludables.

Este tipo de reestructuración cognitiva de modelaje mental en el que desinfectar y dar la vuelta a determinadas imágenes internas lleva su tiempo. No es fácil, sobre todo, cuando llevamos varios meses o años siendo víctimas del repiqueteo constante de la negatividad. No obstante, los cambios son posibles. Comprometámonos con nosotros mismos.

Los pensamientos negativos no pueden sustituirse por ideas positivas. El cerebro no funciona así.

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Maestroviejo

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