La ansiedad crónica afecta a miles de personas en todo el mundo. Preocupación excesiva a lo largo del tiempo, alteraciones del sueño, presión constante en el pecho, miedos, anticipar fatalidades cada dos por tres… La vida en semejante universo mental no es fácil, pero aún así se dejan pasar las semanas, los meses y hasta los años. Hay épocas mejores y épocas peores, es cierto, pero el desgaste es inmenso.

A la pregunta de cómo puede alguien convivir durante tanto tiempo con esta realidad, la respuesta puede llamarnos la atención. Uno se habitúa al sufrimiento. Lo hace porque estas condiciones aparecen ya en la adolescencia o en el inicio de la juventud. Nos “acostumbramos” a ese estilo de pensamiento, a un cuerpo y una mente que reaccionan de manera sobredimensionada a los problemas, a las complicaciones cotidianas de la vida.

“Soy así, qué se le va a hacer, tengo una personalidad ansiosa” es la justificación que se hacen muchas personas. No obstante, también son conscientes al compararse con los demás de que hay algo que no va bien. Porque existe un patrón de pensamiento que daña y debilita, que apaga cada día ilusiones y esperanzas.

Conozcamos un poco más sobre este tema.

Pasar de una mente ansiosa a una mente serena no es fácil. Sobre todo, cuando padecemos ansiedad crónica, es decir, cuando se vive durante meses y años con un estado psicológico en el que la preocupación, el miedo y la angustia son desproporcionados. Lo más complicado de todo ello es que quien la sufre se esfuerza en esconderla, en disimularla, en aparentar ante los demás que todo va bien.

Así, en ese afán por demostrar elevada competencia y normalidad no solo se consumen aún más las energías. Además, se retroalimenta la ansiedad cronificándola aún más.

Desde la psicología somos conscientes de la elevada complejidad de estas realidades. De hecho, estudios como los realizados en la Universidad de California por parte del doctor Alexander Bystrisky nos señalan algo importante.

Aunque la ansiedad no sea tan llamativa a simple vista como la esquizofrenia, la depresión y el trastorno bipolar es igual de incapacitante. Es más, algo bastante común es tener a personas que arrastran durante años esa ansiedad, hasta el punto de derivar en condiciones más graves, como una depresión mayor. Es prioritario, por tanto, dar una respuesta temprana y evitar que esa angustia se alargue en el tiempo.

¿Qué síntomas presenta la ansiedad crónica?

La ansiedad tiene muchas formas, muchos rostros y cada persona la puede vivir de un modo particular. Trabajos de autores destacados como Aaron T. Beck, Albert Ellis, Paul Watzlawick o M.H. Erickson han profundizando en esta área y nos han dejado valiosas estrategias para comprender y abordar un poco mejor estas situaciones.

Hablar de ansiedad crónica es definir un estado psicológico que se alarga más allá de los 6 meses. No es una simple época de preocupación o una mala racha. Veamos cuáles son los síntomas y signos más comunes:

  • Preocupación excesiva.
  • Miedos y tendencia a anticipar eventos negativos.
  • Problemas de concentración.
  • Dificultades para solucionar problemas dado que la mente siempre anticipa lo peor y se bloquea.
  • Sensación de angustia y de culpabilidad. La persona con ansiedad crónica no entiende por qué se siente de ese modo y se culpabiliza por ello.
  • Inquietud y agitación debido a los niveles elevados de adrenalina.
  • Pueden aparecer fobias.
  • Alteraciones del sueño.
  • Taquicardias, presión en el pecho.
  • Agotamiento.
  • Sofocos o escalofríos.
  • Aturdimiento o sensaciones de hormigueo.
  • Dolores o molestias musculares.
  • Sensación de estar al límite o bajo presión.
  • Tener la sensación de nudo en la garganta o dificultad para tragar.

¿Qué puede haber detrás de la ansiedad crónica?

La ansiedad crónica no es una condición clínica como tal, define un estado en que el malestar y la angustia van más allá de los 6 meses. Así, en gran parte de los casos lo que tenemos detrás de estas situaciones es un trastorno de ansiedad generalizada (TAG). Esta entidad psicológica es más común de lo que pensamos, tanto que podemos tener en ocasiones a pacientes que llevan desde la adolescencia arrastrando esta situación.

Si nos preguntamos por los desencadenantes, en muchos casos suelen estar los siguientes hechos:

  • Factores asociados a la personalidad. Tener una tendencia a alimentar el pensamiento negativo, no disponer de estrategias para manejar las preocupaciones, la baja autoestima o la inseguridad pueden ser unos factores asociados.
  • Haber vivido alguna situación traumática es otro desencadenante.
  • Por otro lado, tampoco podemos descartar factores genéticos y una mayor tendencia a experimentar estrés.

¿Qué tipo de tratamientos existen?

La ansiedad tiene tratamiento. Cualquier tipo de trastorno del estado de ánimo puede afrontarse gracias a la terapia psicológica. En algunos casos, la estrategia puede combinarse con los psicofármacos, pero el recurso más efectivo para tratar la raíz del problema y habilitar a la persona en el manejo de la ansiedad crónica es la psicoterapia.

La terapia cognitiva-conductual, así como la terapia de aceptación y compromiso pueden sernos de gran ayuda. Lo más importante es que el paciente aprenda a desarrollar pensamientos más racionales, más reflexivos y encaminados a obtener un mayor control y bienestar de su día a día. La ansiedad no va a desaparecer de su vida, siempre estará presente, pero si uno sabe manejarla dejará de ser un lastre y un impedimento para obtener el bienestar.

Por otro lado, la técnica de la desensibilización sistemática, como las técnicas de relajación progresiva de Jacobson son enfoques terapéuticos muy útiles. No dudemos por tanto en solicitar ayuda experta cuando así lo necesitamos. Pasar de una mente ansiosa a una mente calma está a nuestro alcance.

Antía Bentancort

Activista incondicional de la unicidad humana. ¡Todos somos únicos, con un poder único, una genialidad única y una manera única de enriquecer este mundo!

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