Más allá del amor ¿Por qué nos sacrificamos por nuestra pareja?

Las hormonas oxitocina y vasopresina, y en concreto mutaciones en sus genes, favorecerían la actividad de ciertas áreas cerebrales. La relación entre ambos factores podría ser el origen del altruismo, o sacrificio, en pro de la felicidad del cónyuge. [Pixabay]

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Amor, pareja y sexualidad Amor, pareja y sexualidad Ene/Abr 2017 Nº 16

Neurobiología, psicología y evoluciónEl amor es parte esencial de la vida. Incluye el cerebro, los sentimientos, la convivencia, el placer y la salud. También presenta distintas caras. Este monográfico trata temas tan diversos como la elección de pareja, el origen de los celos, la monogamia o la experiencia del orgasmo, en otros.

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Con frecuencia, la persona enamorada es capaz de hacer auténticas locuras a fin de complacer o asegurar el bienestar del ser amado. En tiempo reciente, Lucy L. Brown, de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York, junto con Bianca P. Acevedo de la Universidad de California en Santa Bárbara y Michael J. Poulin, de la Universidad de Búfalo, ha identificado el origen neurológico y genético de dicho altruismo.

Desde un punto de vista evolutivo, beneficiar a otros individuos de la misma especie a costa de uno mismo puede favorecer la supervivencia de las crías e incluso la de otros parientes cercanos. Ello puede interpretarse como una forma de asegurar la continuidad genética a lo largo de varias generaciones. Sin embargo, en humanos, la situación podría resultar un poco más compleja y extenderse a la pareja. En este caso, la felicidad del cónyuge repercutiría de manera positiva en la relación, así como la satisfacción y la calidad de vida propias.

Así pues, a fin de investigar la relación entre ciertas variantes genéticas y la actividad cerebral con el nivel de empatía mostrado hacía su esposo o esposa, los científicos reclutaron a 18 parejas de recién casados en primeras nupcias, de entre 22 y 33 años de edad y sin hijos.

En primer lugar, los resultados, publicados por la revista Behavioral Neuroscience, demostraron que la clave está en la química. En concreto, en las hormonas oxitocina, relacionada con el amor y la felicidad, y vasopresina. Así, aquellos individuos que presentaban determinadas modificaciones en la secuencia de estos genes manifestaron respuestas emocionales más intensas ante la imagen, alegre o apesadumbrada, de su pareja.

En el cerebro, tanto la oxitocina como la vasopresina actúan como neurotransmisores en áreas concretas, como la amígdala y el pálido ventral, cuya actividad neuronal aumentó de forma notable en respuesta a las emociones del cónyuge. Asimismo, la señal fue mayor en los sujetos portadores de las mutaciones genéticas. En cambio, las imágenes obtenidas por resonancia magnética mostraron pocas alteraciones relevantes ante manifestaciones de felicidad o tristeza en rostros extraños.

La capacidad de reaccionar ante los sentimientos ajenos originaría el altruismo, o sacrificio, del individuo en pro de satisfacer las necesidades del enamorado.

Para Brown y sus colaboradores, el hallazgo supone un avance en el conocimiento de los distintos factores involucrados en el establecimiento y la formación de conductas sociales complejas. Los autores postulan que el altruismo y la empatía podrían «transmitirse», hecho que favorecería la supervivencia, no solo de la pareja o el núcleo familiar, sino también de la especie.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Beyond Romance: Neural and Genetic Correlates of Altruismin Pair-Bonds», de B. P. Acevedo et al., en Behavioral Neuroscience, 133(1), pp: 18-31, publicado en febrero de 2019.

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