Malditos mosquitos: por qué nos pican sus picaduras y qué funciona realmente para evitarlas

Son acompañantes inseparables de muchos veraneantes, casi siempre escudados en la oscuridad y listos para acribillarnos (a unos más que a otros) con sus molestas picaduras. Los mosquitos no son, en la mayoría de los casos, un serio riesgo para la salud más allá de la incomodidad que puedan suponer los picores que causen, pero otras veces pueden ser portadores de enfermedades graves o causar graves reacciones alérgicas.

Os explicamos todo lo que necesitáis saber sobre estos insectos con ayuda de Marta Díaz Menéndez, doctora del Hospital Carlos III-La Paz de Madrid, especialista en enfermedades tropicales.

No pican los mosquitos, sino las mosquitas

Lo primero que hay que aclarar es que, de hecho, no nos pican los mosquitos, sino las mosquitas, que necesitan de nuestra sangre y sus proteínas para el proceso de generación y puesta de huevos de los que nacerán sus descendientes.

La dieta de los mosquitos machos está basada principalmente en néctar de flores, y aunque les da toda la energía que necesitan, apenas les aporta las proteínas necesarias para la ovogénesis (producción de huevos). Así que las hembras tienen una boca diferente de los machos que les permite picar a otros animales (a veces, los humanos) y así poder reproducirse con éxito.

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No es la picadura lo que te pica, sino la reacción de tu cuerpo

Seguimos aclarando confusiones: «El picor que se produce tras la picadura no tiene que ver con la picadura en sí», explica Díaz Menéndez. El órgano bucal de las mosquitas es más sutil y eficaz que la mejor de las agujas y la perforación de la piel como tal no dejaría ninguna señal.

Pero una vez perforada la piel y antes de empezar a succionar nuestra sangre, las mosquitas inyectan un poco de su saliva (que contiene una pequeña cantidad de anticoagulante para facilitar la succión) y eso es lo que origina el picor. Nuestro cuerpo reconoce esa sustancia como algo extraño y pone en marcha al sistema inmune para defenderse, liberando histamina que es lo que provoca el enrojecimiento, la hinchazón y el picor, formando lo que llamamos picadura propiamente dicha.

Lo curioso es que al propio mosquito no le interesa molestar al huésped al que pica, ya que eso puede dificultar el procedimiento, así que en su saliva hay una pequeña cantidad de anestesiante. Por eso a menudo no nos damos cuenta de los picotazos en el momento, sino después, cuando el insecto ya ha terminado su succión.

No te pican más porque tu sangre sea más dulce (ni porque te tengan manía)

A todos nos ha ocurrido que hayamos dormido con otra persona en la misma habitación y al amanecer uno amanezca acribillado y el otro casi indemne. ¿Por qué a mí y no al otro? «Eso es que tienes la sangre dulce», es una respuesta habitual.

Pero no es cierta. Los mosquitos no eligen a una u otra víctima por los niveles de azúcar en su sangre sino por una mezcla de factores que incluyen, entre otros, el olor y el calor corporal, el dióxido de carbono que emite la respiración, la sudoración y el movimiento. Algunos de esos factores son circunstanciales (la sudoración, por ejemplo, depende en parte del calor y la humedad del ambiente) pero otros son genéticos.

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No solo son molestos: a veces pueden ser peligrosos

En la mayor parte de los casos con los que nos encontramos en España, la picadura de un mosquito es algo molesto, pero no pasa de ahí.

Sin embargo, Díaz Menéndez recuerda que los mosquitos son transmisores de enfermedades como la malaria, el dengue o el zika. «Estas enfermedades son, en líneas generales, propias de climas tropicales y subtropicales, pero en los últimos años han aparecido casos en zonas del mundo “no tropicales”. 

Por eso si tras una picadura empezamos a sufrir fiebre, sarpullidos o dolores musculares o en las articulaciones, lo más recomendable es acudir a la consulta de un médico. También si a causa de un rascado intenso nos hemos hecho una herida que se haya infectado o si empiezan a aparecer síntomas de reacción alérgica severa, como ronchas por todo el cuerpo, hinchazón de la lengua o dificultades para respirar.

Y si vas a viajar a zonas de riesgo, consultala guía de recomendaciones del Ministerio de Sanidad y, si es necesario, ve a la consulta de un especialista. Muchas de las enfermedades transmitibles a través de los mosquitos son graves, pero son fáciles de prevenir con pastillas, como la malaria, o con vacunas, como la fiebre amarilla.

No, comer ajo no repele a los mosquitos

Quizá por asociación cultural con otros chupasangres, los vampiros, hay quien piensa que comiendo ajo puede repeler a los mosquitos y sus picaduras. Estudios como este han analizado si eso realmente hace que seamos menos apetecibles a estos insectos, y los resultados sugieren que les da igual y siguen picando igual por mucho ajo que comamos. Lo mismo ocurre con suplementos de vitamina B1, B6 o B12, que a veces se emplean precisamente como repelente: no hay evidencias de que realmente funcionen.

Lo que SÍ funciona para evitar que nos piquen

Repelentes, ambientadores, dispositivos de ultrasonidos… ¿Qué cosas realmente funcionan para evitar las picaduras y cuáles podemos ahorrarnos?

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  1. Usar prendas que cubran más piel. Obvio, ¿no? Cuanta más piel expongamos a los mosquitos, más posibilidades de picotazo. Utilizar prendas de manga larga reducirá las picaduras.
  2. Otras barreras físicas como las mosquiteras o, si no hace demasiado calor, dormir con las ventanas cerradas también son muy útiles para evitar que estos insectos lleguen hasta nosotros y nos piquen.
  3. A los mosquitos no les gusta el frío, al ser ellos mismos animales de sangre fría, ni las corrientes de aire porque sus alas no tienen mucha fuerza. Dormir con el aire acondicionado o con el ventilador puesto puede ayudar a evitar sus picaduras.
  4. En cuanto a repelentes químicos, hay varias opciones. Por un lado, podemos impregnar la ropa y las mosquiteras en permetrina, un insecticida muy utilizado contra mosquitos y piojos. No es peligroso para aves ni mamíferos, excepto para los gatos, si bien el riesgo para estos animales se asocia a su ingesta y no al contacto con el producto en sí. En este post de Marián García, farmacéutica, puedes leer más sobre repelentes antimosquitos para emplear en la ropa.
  5. Por otro lado, para nuestra piel podemos utilizar repelentes que contengan ingredientes como DEET (cuyo impronunciable nombre científico es N,N-Dietil-meta-toluamida) en una concentración superior al 40% (más de un 45% solo es necesario en lugares con alto riesgo de transmisión de enfermedades), IR3535, icaridina o picaridina. Díaz Menéndez recomienda una aplicación cada 6 u 8 horas, o con más frecuencia si se suda mucho o tras darse un baño, y siempre después del protector solar, no antes.

Algunas personas prefieren utilizar repelentes de origen natural frente a los sintéticos. De todos los que hay en el mercado, a día de hoy solo el citriodiol ha demostrado ser tan eficaz como el DEET con la misma concentración.

En general, explica Díaz Menéndez, «los repelentes naturales y las pulseras antimosquitos tienen una eficacia muy inferior y de mucha menor duración».

¿Con qué otras picaduras se pueden confundir las de los mosquitos?

A veces, depende de dónde vivamos o dónde hayamos viajado de vacaciones, los mosquitos no son el único insecto con apetito por nuestra sangre, y tras una noche de asedio puede que no tengamos claro exactamente qué nos ha picado. Aquí van algunos de esos otros bichos y sus mordeduras para saber distinguirlos.

Mosca negra: también llamados simúlidos. Son de color oscuro, más rechonchas que los mosquitos y con patas más cortas. Su picadura suele ser indolora al principio pero pica intensamente al pasar un rato. Puede hacer una herida que tarda tiempo en cicatrizar. Suelen picar de día, a primera y última hora.

Pulgas: conocidas técnicamente como sifonápteros, son parásitos que se sitúan en el exterior de la piel de sus huéspedes y pican para alimentarse de su sangre. A diferencia de los mosquitos, las pulgas no vuelan, pero pueden dar saltos espectáculares que les permiten pasar de unas personas u animales a otros. Sus picaduras se distinguen porque suelen producir varias de una vez colocadas en una línea recta, y tienen forma de bulto rojizo con un punto en el centro.

Chinches: de nuevo, otro insecto que se alimenta de la sangre de humanos y otros animales. Solemos entrar en contacto con ellas cuando viven entre sábanas o cojines de camas y sofás que utilizamos, y una vez que han infestado un lugar es difícil deshacerse de ellas. Sus picaduras tienen forma de roncha o ampolla pequeña con puntitos de sangre en el centro, pero a menudo no duelen y pueden pasar desapercibidas si no hay varias juntas.

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Tábanos: igual que ocurre con los mosquitos, en los tábanos solo pican las hembras, que se alimentan de la sangre, mientras que los machos viven del néctar que liban de las flores. Su picadura deja un pequeño granito con enrojecimiento en la zona, que provoca picor y dolor. Tarda días, e incluso semanas, en desaparecer, y a las personas especialmente sensibles se le pueden formar ampollas con líquido

Hormigas: la mayoría son inofensivas. Algunas especies pueden morder, no picar, y suelen dejar un halo rojo alrededor

Garrapatas: no pican propiamente, sino que “cortan” la piel, y son difíciles de confundir porque es bastante frecuente encontrarse con la propia garrapata adherida a la piel tras la mordedura, ya que solo se suelta cuando termina de alimentarse y eso puede llevarle varios días. En este artículo puedes leer las recomendaciones más adecuadas para retirar una garrapata enganchada en la piel.

Arañas: es difícil generalizar ya que producen picaduras distintas según la especie.

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