Maldita Luna: datos, teorías y anécdotas sobre nuestro satélite en el 50 aniversario del primer alunizaje

Este sábado, 20 de julio, se cumplen ni más ni menos que 50 años de aquel pequeño paso para el hombre, pero grande para la humanidad: la llegada de la misión espacial Apollo 11 a la Luna. Hoy, como pequeño homenaje al único satélite de la Tierra, hemos recopilado datos, teorías y anécdotas sobre él.

¿Cual es el origen de la Luna?

Por ahora, la teoría más aceptadas sobre la procedencia y origen de la Luna la protagoniza un asteroide del tamaño de Marte llamado Theia. Este argumento sostiene que nuestro satélite fue el resultado del impacto de Theia contra la Tierra hace unos 4,5 mil millones de años: la colisión ocasionaría el desprendimiento de escombros del planeta azul que, junto a los restos de Theia y el paso de millones de años terminarían conformando la Luna tal y como la conocemos hoy en día.

Pero también hay otras teorías y modelos. Este, publicado en 2017 en la revista Nature Geoscience, por ejemplo, defiende que su origen no se debe al choque contra un solo objeto colosal, sino de varios más pequeños, hasta 20. En cada uno de ellos, se podría haber creado un disco de residuos, que formaría una «lunita». Una tras otra y, de nuevo, tras millones de años, se habrían ido uniendo, formando un conglomerado, hasta generar la Luna.

¿Está la Luna siempre a la misma distancia de la Tierra?

Ni la Luna está cerca de la Tierra, como podemos llegar a percibir a simple vista, en ilustraciones o incluso en fotografías reales, al no poder interpretar visualmente las distancias; ni siempre son los mismos kilómetros los que separan a la una de la otra, ya que su órbita no es un círculo perfecto.

Según la NASA, el promedio es de 384.400 kilómetros (como unos 30 planetas de dimensiones similares a las de la Tierra situados uno detrás de otro), aunque esta oscila y puede llegar a situarse a 238.855.

¿Cuánto pesa la Luna?

Se calcula que la Luna pesa 7,35 x 10^22 kg, una ochentava parte del peso de la Tierra.

Para pesar un cuerpo celeste, los científicos tienen que conocer dos variables: cuánto tiempo tarda un objeto en completar una órbita a su alrededor y a cuánta distancia se encuentran esos objetos con respecto a él.

«No es tan sencillo como leer el peso en una balanza, pero en cierta forma es el mismo principio. Cuando te sitúas sobre una, lo que se mide es la fuerza con que te atrae la gravedad de la Tierra. Pero esta no sólo depende de tu peso, sino también del peso del planeta: cuanto más pesado sea, mayor será su atracción gravitacional», explica la NASA aquí.

¿Por qué la Luna no es un planeta?

Según la Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en ingles), la responsable del nombre y la nomenclatura de los cuerpos planetarios y sus satélites, para que un cuerpo celeste pueda considerarse un planeta, tiene que presentar, al mismo tiempo, tres premisas.

En primer lugar, un planeta debe orbitar alrededor de una estrella (el Sol, en el caso del Sistema Solar). Además, tiene que tener la masa suficiente como para que su auto-gravedad consiga que este presente una forma de equilibrio hidrostático, es decir, casi esférica. «Por último, ser lo suficiente grande como para dominar su órbita, es decir, que en la misma órbita no haya otros objetos excepto sus propios satélites (si los tuviera). Esto se conoce como que el planeta ha ‘limpiado su órbita'», explica a Maldita Ciencia Eduardo Andrés Díaz Suárez, experto en sismología volcánica en el Instituto Geográfico Nacional.

Como la Luna no orbita alrededor de una estrella, sino de la Tierra; y no domina su órbita, no se le considera un planeta, sino un satélite.

¿A qué se deben las manchas más oscuras de la Luna?

El contraste entre grises claros y oscuros (esas manchas de distintos tonos que presenta su superficie) es una de las características más representativas de la Luna. Las zonas claras son las tierras altas y se las conoce bajo el nombre de terrae, del latín «tierra». Las oscuras son las conocidas maria, del latín «mares», refiriéndose a mares de lava.

A lo largo de millones de años, el impacto de diversos meteoritos contra la superficie del satélite consiguieron perforar su corteza: dado que su atmósfera es demasiado tenue para impedir los impactos, una lluvia constante de asteroides, meteoroides y cometas golpean su superficie, triturándola y formando fragmentos que van desde enormes rocas hasta polvo. Estos choques formaron profundas cuencas que se rellenaron con el magma procedente del manto lunar. Al reflejar menos la luz del Sol, percibimos estos «mares» más oscuros.

¿Flotaríamos en la Luna?

Es hablar de espacio, cohetes y estrellas e imaginar inmediatamente un entorno sin gravedad, donde los objetos flotan a sus anchas. Pero no, en la Luna esto no ocurriría porque, aunque menos que en la Tierra, el satélite también ejerce fuerza de gravedad.

De hecho, la superficie lunar dispone tan solo de, aproximadamente, una sexta parte de la fuerza de gravedad de ejerce nuestro planeta dado que su masa, que es el factor clave en la ecuación, es mucho menor.

¿Existe la «cara oscura» de la Luna?

Aunque es cierto que desde la Tierra solo vemos una parte de nuestro satélite, la Luna no tiene una cara oscura: la luz del Sol que esta refleja es similar en toda su superficie. Es decir, el Sol ilumina su «otro lado» con la misma frecuencia que el que nos muestra.

La Luna tarda en rotar sobre sí misma lo mismo que su movimiento de traslación alrededor de la Tierra, lo que hace que el satélite le presente siempre la misma cara.

Ahora bien, esto no quiere decir que la parte de la Luna visible desde la Tierra sea exactamente la mitad. El «lado lejano» (término que propone la NASA para referirse a la fracción desconocida, por ser más preciso) supone un 41% del total de esta, lo que quiere decir que estamos expuestos a un 59% de la misma. ¿Por qué? Por el conjunto de movimientos de oscilación que presenta esta con respecto a un observador ubicado en la Tierra, conocido como libración.

¿Por qué son importantes las rocas lunares recogidas por las misiones Apollo?

Entre 1969 y 1972, las misiones Apollo recogieron 2.200 rocas que, en total, pesaban unos 382 kg. Según la revista Science, el análisis de las muestras lunares supuso un cambio en el punto de vista que se tenía hace años sobre el proceso de formación de los planetas.

A pesar de que la teoría sobre el origen del satélite sostiene que este fue el resultado de la colisión de un gran asteroide contra la Tierra (lo que da pie a pensar que los restos geológicos de cada cuerpo celeste podrían aportarnos información similar), los residuos de la colisión de las que dispone nuestro planeta no son los mismos que los que, aún hoy, componen la superficie lunar.

Como explica Sergio Ferrer en este reportaje de la Agencia Sinc, «esto es debido a que vivimos en un planeta ‘vivo’, activo geológicamente» y esta actividad continua ha eliminado los registros de los procesos implicados en la colisión.

En cambio, según asegura a Sinc Richard Carlson, investigador del Carnegie Institution for Science y autor de la revisión publicada en Science, la mayoría de la superficie lunar tiene más de 4.000 millones de años, y algunas partes se acercan a los 4.400, mientras que, en términos geológicos, la gran parte de la capa externa terrestre es bastante joven, de apenas 200 millones de años. «La Luna ‘recuerda’ los procesos implicados en la formación planetaria que la Tierra ha olvidado”, indica Carlson.

¿Qué objetos dejaron las distintas misiones Apolo en la superficie lunar?

A lo largo de los últimos 50 años, la Luna ha sido el destino de varias expediciones. En su transcurso, los astronautas dejaron sobre su superficie pelotas de golf, plumas de halcón, bolsas de orina, martillos… hasta billetes de dos dólares.

«A medida que la Luna se vuelve más accesible tanto para los programas espaciales nacionales como para las empresas privadas, es importante que protejamos los artefactos lunares tanto por su valor histórico como científico», explica la NASA en este informe, que facilita la lista detallada de «objetos perdidos» en la Luna. «El primer paso para preservar estos artefactos es establecer exactamente qué hay y dónde está».

¿Cómo influye la Luna en distintos fenómenos terrestres?

No hay evidencias de que los ajos (o los cultivos en general) crezcan mejor en noches luna llena, ni de que estos días sean mejor para plantarlos. La Luna tampoco influye en el embarazo o el parto ni, por supuesto, es la causa del hombre lobo en París de La Unión.

Ahora bien, su presencia sí que tiene repercusión en ciertas circunstancias terrestres. Sin ella, las noches serían más oscuras y no habría eclipses, por ejemplo. Pero unas de las manifestaciones mas claras de los efectos que la Luna tiene sobre nuestro planeta son las mareas de los océanos, que dependen de la atracción gravitatoria entre esta y el Sol.

En este artículo han colaborado con sus superpoderes los malditos Eduardo Andrés Díaz y Diego Moral.

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