Maestros del ambient: Templos de silencio y paz/la música de Hiroshi Yoshimura

Pensadores tan diversos como Heidegger, Meister Eckhart, el Buda y el autor de la Bhagavad Gita coinciden en que la esencia de la vida espiritual -o del acercamiento al Ser o a lo real- pasa por el desapego o el desasimiento. Por una parte, se enseña en el dharma de la India, el apego a los frutos de los actos es la causa del sufrimiento -pues el mundo es impermanente y las cosas a las que nos apegamos cambian y desaparecen- y en la doctrina del samsara es lo que provee el combustible para que sigamos en la rueda de las reencarnaciones. Pero, por otra parte, el apego o el asimiento a la identidad personal y al mundo material es lo que impide que nos relacionemos directamente con la realidad, en completa apertura, y descubramos nuestra verdadera naturaleza en comunión con el mundo y con la divinidad. 

Raimon Panikkar, ciertamente alguien calificado en estos asuntos, pues fue un gran conocedor de las tradiciones espirituales de la India y también del cristianismo y de la filosofía occidental (incluso fue amigo e interlocutor de Heidegger), enfatiza en su libro Espiritualidad hindú la importancia del desapego o lo que llama despojamiento. Panikkar termina su síntesis de la religiosidad hindú con un comentario al siguiente verso de la Isha Upanishad:

Todo esto, todo lo que se mueve en este mundo mutable, esta inhabitado por el Señor; encuentra por lo tanto tu alegría en el despojamiento; no ambiciones la riqueza de nadie.

Verso que Radhakrishnan tradujo así:

Debes saber que todo esto, todo lo que se mueve 

en este mundo cambiante, está envuelto por Dios.

Así entonces, encuentra la dicha en renunciar,

y no desees lo que le pertenece a los demás.

Estas son algunas de las líneas más famosos de las Upanishad. Gandhi dijo sobre ellas: «Si todas las Upanishad y todas las otras escrituras fueran súbitamente reducidas a cenizas, y sólo quedará el primer verso de la Isha Upanishad en la memoria de los hindúes, todo el hinduismo [podría ser reconstruido y] viviría para siempre».

Regresemos al comentario de Panikkar, que no tiene desperdicio:

Por este motivo el «camino», la realización, la salvación consiste en el despojamiento, en la «renuncia», en saltar por encima de todos los obstáculos, en dejar caer la piel vieja y que des-aparezca la a-pariencia. El desapego es, por consiguiente, no sólo la condición necesaria para cualquier vida espiritual sino, en rigor, también la suficiente, ya que al despojarnos de lo que no somos aparece sin más la realidad que somos. Más aún, la renuncia al ser no es ónticamente posible ni pensable ontológicamente. La aniquilación está tan lejos de nuestro poder como la creación estricta. El desasimiento no es en consecuencia una virtud negativa o solamente previa, es el abandono máximo al Ser que nos penetra y nos envuelve.

Panikkar utiliza el término despojamiento, que le da un sentido más activo al desapego o a la renuncia (aunque la esencia es la misma). Se trata de una eliminación de todas las capas de irrealidad a las que nos apegamos y recreamos con nuestro aferramiento a ellas; toda la falsedad, ambición, mezquindad; y todas las pertenencias físicas o mentales que nos atan. No se trata de un nihilismo ni mucho menos, pues Panikkar sugiere que aquello que es no puede destruirse -como señala Krishna en la Bhagavad Gita: los cuerpos con vestimentas que el Ser universal toma por un tiempo y luego se despoja de ellas para tomar otras-. Y sin embargo, sí es necesario eliminar, purificar, purgar, aligerar, desasirse, para poder vivir libremente y hacerse permeable a lo que Panikkar llama lo «cosmoteándrico». Continúa Panikkar:

Y esta actitud es la de encontrar tu alegría en la renuncia, la de gozarte en el despojamiento total y así sostenerte a ti mismo. Se trata de una actitud activa y positiva de gozarte en la verdad, de descansar en la realidad, de saciarte con la renuncia. Esta renuncia no es la negación de algo positivo sino el abandono de lo que no es, el arrojar fuera los obstáculos que impiden aquella penetración total por parte de Dios.

Aquí yace la clave. La espiritualidad de la India no es una espiritualidad de crear algo nuevo o construir un nuevo cuerpo o realidad, sino de descubrir lo que somos, que yace velado por la ignorancia. Para esto, resulta obvio entonces, es necesario despojarnos «de lo que no es». Eso que no es en Occidente sería lo que tanto el platonismo como el cristianismo llaman el mal o el pecado, no algo que exista por sí mismo, sino una privación del bien, un errar. En la India se ve sobre todo como la confusión, el deseo dirigido a cosas impermanentes, la ignorancia de la realidad divina que todo lo penetra. En su libro The Rhythm of Being, Pannikar nota que tanto en la India como en Occidente se tiene casi exactamente la misma noción expresada en la frase «benditos los de corazón puro, porque verán a Dios». Es el despojamiento lo que purifica, lo que quita todos los obstáculos y abre el corazón a la visión divina.

 

Foto: Joey L.

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