Actividad cerebral de ratones durante las tareas de toma de decisiones. Crédito: Anne Churchland.Actividad cerebral de ratones durante las tareas de toma de decisiones. Crédito: Anne Churchland.

Actividad cerebral de ratones durante las tareas de toma de decisiones. Crédito: Anne Churchland.
Una investigación desarrollada en el Laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York ha descubierto que los ratones, como los humanos, mueven sus cuerpos cuando están absortos en sus pensamientos.

Es frecuente ver a personas jugando con el bolígrafo, meciéndose en la silla o caminando, cuando están reflexionando sobre algo importante o deben tomar una decisión relevante. Así expresan la inquietud que sienten en esos momentos.

Esta investigación ha constatado que los seres humanos no son los únicos animales que muestran este comportamiento.

En un artículo publicado en la revista Nature Neuroscience, la profesora  Anne Churchland y su equipo relatan que los ratones del experimento mostraban también inquietud cuando tenían que tomar decisiones.

Los ratones fueron entrenados para hacer movimientos específicos, como agarrar pequeños mangos para iniciar una prueba, y lamer de una forma u otra un objeto, para informar de sus decisiones.

Los investigadores podían seguir su actividad neuronal a través de una técnica similar a la imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) empleada en humanos.

Al observar los cerebros de los ratones mientras seguían las instrucciones inducidas, los  científicos esperaban ver actividad neuronal relacionada con los movimientos que tenían que ver con agarrar el mango o el lamer.

Sinfonía neuronal

Sin embargo, lo que observaron fue que una tarea inducida aparentemente simple desencadenó una sinfonía de actividad eléctrica en el cerebro del ratón, lo que les llevó a investigar qué estaba pasando.

Al profundizar, se dieron cuenta de que la inesperada actividad eléctrica en el cerebro del ratón se producía porque el roedor estaba realizando movimientos no programados, apreciables en las extremidades posteriores, dilataciones de las pupilas, movimientos faciales, movimientos de la nariz y movimientos de sus bigotes.

Esto les llevó a la conclusión de que los ratones, aunque tenían unas tareas asignadas aparentemente simples, tenían otras prioridades, diferentes a las que les habían inducido los investigadores mediante el aprendizaje.

La realidad, según revelaban sus cerebros, es que no estaban plenamente concentrados en las tareas que les habían asignado.

“Pensamos que los animales estaban 100 por cien enfocados en las tareas inducidas,  en lamer, agarrar y en decidir qué tarea elegían. Sin embargo, resultó que tenían sus propias prioridades que involucraban muchos movimientos de todo tipo”, explica Churchland en un comunicado.

Movimientos y cognición

Los investigadores están intentando comprender cuáles son estas prioridades y cómo influyen en sus decisiones.

Para Churchland, una idea interesante, aunque especulativa, que se desprende  del estudio, es que los movimientos están más estrechamente conectados a la cognición de lo que la ciencia ha asumido hasta ahora.

«Una hipótesis que encontramos intrigante es que, de alguna manera, tal vez los movimientos son parte del proceso de pensar y decidir», dice Churchland.

“Puede haber otro aspecto de inquietud que la gente no haya considerado antes, que es parte de cómo llamamos a esa maquinaria cognitiva. Hay muchas personas que quieren moverse cuando están pensando. Y para mucha gente, parece que pensar es moverse».


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Modelo animal

Churchland cree que para comprender mejor este vínculo entre la cognición y los movimientos, vale la pena mirar a los animales, que son modelos genéticos de irregularidades humanas en las que la cantidad de movimiento y el tipo de movimiento son intrigantes.

Un ejemplo es el modelo genético del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). En muchas circunstancias, las personas diagnosticadas con TDAH se mueven mucho más.

“Quizás necesiten moverse más porque activar su maquinaria cognitiva requiere más movimientos en comparación con una persona normal. O tal vez el TDAH es un ejemplo de un sistema que está un poco mal calibrado”, añade.

“Muchos de nosotros podemos balancear un poco nuestra silla y finalmente concentrarnos profundamente. Sin embargo, otras personas con otro tipo de cerebro, si quieren concentrarse profundamente, simplemente mecer la silla no les es suficiente”, concluye Churchland.


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