Los milagros del santo apócrifo en Canarias

Los altares populares de las islas ya contaban con una figura muy peculiar y cercana, la del médico venezolano José Gregorio Hernández. Su efigie recta e impolutamente trajeada en negro, tocada con sombrero oscuro y un rostro en el que se dibuja su característico bigote, comparte espacio desde hace décadas en capillas y altares diversos con otros santos locales. Más allá de la anécdota, es revelador que su figura sea la más reclamada tras la de la propia Virgen en las tiendas que venden exvotos religiosos a escasos metros de la Basílica de La Candelaria, y que son adquiridas, según nos confiesan sus regentes, principalmente por personas que se van a someter a alguna intervención quirúrgica.

Sería erróneo obviar que durante décadas era imposible encontrar un hogar canario en el que no existiera una estampa o figura del «médico de los pobres», de la misma manera que resultaba improbable encontrar una familia canaria que no tuviera algún vínculo con la que siempre ha sido la Octava Isla, Venezuela. Con este personaje sorprende sobremanera su extraordinaria capacidad de penetración en el elenco de personalidades que alcanzan ese singular estatus devocional que los santifica entre los suyos incluso en vida, mucho antes de que la maquinaria eclesiástica intervenga para iniciar la oficialización de su culto. La estrecha conexión entre Canarias y Venezuela, con cientos de miles de canarios asentados en el país caribeño desde el siglo XVII, explica que la fama milagrera y la devoción en Canarias al que además de «santo del pueblo» es uno de los padres de la medicina científica en Venezuela, corraparalela a ambos lados del Atlántico. Es en el seno doméstico de las familias canarias emigradas donde se fortalece la devoción a éste, que traen en su equipaje cuando retornan a las islas. Sobrecoge pensar que hasta hace apenas unas décadas, era posible encontrar en las islas a personas que habían conocido en persona al médico.

ASCENDENCIA CANARIA…

El médico de los pobres tenía ascendencia canaria, concretamente en la figura de Antonio Febres-Cordero y de la Peña, nacido en El Hierro en 1724 y llegado a Caracas con su padre miliciano en 1730. Hacía 1742 ya aparecen instalados en Coro, en el hoy estado de Falcón, donde Antonio hará carrera militar y ocupará cargos de gestión pública. Esa raíz canaria, pero sobre todo su contacto directo con quienes en su tiempo fueron en busca de un  futuro mejor y convirtieron Venezuela en su nueva patria, le condujo a tener una consideración especial hacia los isleños, tal y como manifestó en reiteradas ocasiones.

La devoción en Canarias a su figura sigue muy viva, dando nombre a algunas calles; también lo encontramos representado en pequeñas capillas propias o acompañando a otro santos y advocaciones por todas las islas. Uno de los ejemplos más notables lo encontramos en la cueva-santuario del Hermano Pedro, en el municipio tinerfeño de Granadilla, donde los exvotos alegóricos a su figura rivalizan con los del propio santo canario titular del lugar. En el municipio de El Rosario, también en Tenerife, cuenta con una capilla privada –junto a una transitada vía– que asombra y despierta la curiosidad de propios y extraños. Mientras, en La Gomera encontramos una curiosa historia en la que las apariciones de una luz popular, la Luz de La Dama, se vinculan también con hechos portentosos que rodean la construcción de una capilla en honor al ilustre galeno. 

En la santería se le asigna el color blanco y se le venera con ofrendas de vino, agua, cigarros y café, para que interceda por los enfermos

Mención aparte merece otro espacio singular en el que se visibiliza su presencia, el que nos brinda la santería y los cultos afrocaribeños, cuya extraordinaria versatilidad y capacidad de adaptación a las culturas y sociedades a las que llega explica la destacada presencia del médico de traje negro en los altares santeros, junto a las efigies de Santa Barbara,  Yemayá o la Virgen de la Caridad del Cobre, por citar algunas. Más allá de lo anecdótico, su  presencia en este culto tiene un peso específico entre los practicantes de la santería en Venezuela y Canarias. Se le asigna el color blanco y se le venera y ofrenda con vino, agua, cigarros y café, esperando de él que sane y cuide a los enfermos, «y que cuando sus elegidos le invoquen, les dé mensajes sobre qué medicamentos, ungüentos, etc… deben preparar para sanar a los enfermos que acuden a consultarles», nos explica la antropóloga y experta en santería Grecy Pérez Amores. «Es uno de los santos que conforman la corte médica, una de las 21 que existen. Dicha corte –prosigue– es una de las más importantes, junto a la africana y la india, y forma parte de los altares y los rituales de los practicantes de Osha en Venezuela  y Canarias. Se compone de muchas figuras que han formado parte del folclore y la historia sanadora de los distintos  momentos en Venezuela, médicos y enfermeras que ayudaron a sanar a muchos que no tenían acceso a la medicina por estar alejados de los centros o por no contar con los recursos para ello. La comanda José Gregorio y se compone de más de 20 espíritus».
 

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