Los Diez Mandamientos están basados en textos antiguos egipcios, como El Libro de los Muertos, y más concretamente en el capítulo 125.
Leemos en este capítulo, cuando el difunto se presenta ante el tribunal de Osiris, al objeto de que pese su corazón (moralidad y conciencia) y superada la prueba, poder continuar hasta los fértiles campos de Aaru :
Traigo en mi corazón la verdad y la justicia, pues he arrancado de él todo mal. No he hecho sufrir a los hombres. No he tratado con los malos. No he cometido crímenes. No he hecho trabajar en mi provecho con abuso. No he maltratado a mis servidores. No he blasfemado de los dioses. No he privado al necesitado de lo necesario para su subsistencia. No he hecho llorar. No he matado ni mandado matar. No he tratado en aumentar mis propiedades por medios ilícitos, ni de apropiarme de campos de otro. No ha manipulado las pesas de la balanza. No he mentido. No he difamado. No he escuchado tras las puertas. No he cometido jamás adulterio. He sido siempre casto en la soledad. No he cometido con otros hombres pecados contra la naturaleza. No he faltado jamás al respeto debido a los dioses”.
Cuando el Libro de los Muertos dice “no he robado” se convierte en “no robarás”, “no he matado” se convierte en “no matarás”, “no he dicho mentiras” se convierte en “no levantarás falsos testimonios” …
Aunque aparezcan semejanzas con el Libro Egipcio de los Muertos, el decálogo israelita también está empañado de otros mandatos divinos no egipcios procedentes de Ebla, Ugarit y Canaán. Asimismo, el decálogo contiene preceptos similares al código de Hammurabi que junto con tradiciones locales cananeas pudieron dar una primera forma a los Diez Mandamientos.
Los eruditos bíblicos sostienen que las primeras fórmulas primitivas del decálogo (s.X-VIII a.C.) eran simples negativas (no matarás, no robarás, etc.), es decir, manifiestan además de prohibiciones, una distinción entre lo bueno y lo malo a los ojos de Dios, algo similar a las confesiones negativas que aparecen en el Libro Egipcio de los Muertos. El corazón emblema de la conciencia es pesado en la balanza y en el otro extremo es pesada la pluma emblema de la ley. Arriba doce dioses observadores están sentados sobre sus tronos: “Te ruego, oh tú que pesas lo justo, que guíes la balanza para que se estabilice”.
Pero la Biblia no solamente hace referencias a la balanza como dispositivo para el pesaje de productos en las transacciones comerciales (Amos 8:5, Proverbios 16:11; 20-23, Isaías 46:4; Jeremías 32:10, etc.), en el libro de Job podemos leer el pesaje del hombre ante Dios de manera similar al Libro Egipcio de los Muertos.
De hecho, la religión egipcia es la primera base fundacional de la teología judeo-cristiana ¿o no…?




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