Leopoldo Río de la Loza: biografía, experimentos y aportes

Leopoldo Río de la Loza es un importante científico oriundo de México. Su trabajo adquirió gran importancia por los aportes que realizó en áreas como la química y la farmacia. Además cumplió un rol importante en el combate de la epidemia de la cólera que se desató en el siglo XIX.

Entre los avances más importantes que tuvo es recordado especialmente por obtener elementos como el oxígeno y el nitrógeno. Fue algo de gran importancia porque se trataban de elementos naturales y porque fue el primer científico en México en lograr aislar estas sustancias.

Ilustración de Leopoldo Río de la Loza. Fuente: Jacky Río de la Loza [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], vía Wikimedia Commons.

Tuvo otros intereses, con el análisis de vegetales. Además de haber sido una de las bases para que el área de la química y de la farmacia se institucionalizaran y dieran el paso para tener un carácter profesional en México. 

Biografía

En Ciudad de México nació Leopoldo Río de la Loza, el 15 de noviembre del año 1807. Formó parte de una familia sin mayores dificultades económicas, en donde la química siempre estuvo presente.

El padre de Leopoldo, Mariano Río, era propietario de un fábrica donde se producían algunos productos químicos. Un trabajo que le ocasionó graves problemas a la familia; con solo ocho años Leopoldo casi muere en la pequeña fábrica familiar.

Todo ocurrió en el año 1815 cuando se estaba fabricando el bicloruro de mercurio. Algún error provocó que se iniciara un incendio en el lugar con consecuencias importantes.

El padre de Leopoldo murió por el accidente y el niño sufrió importantes problemas en sus vías respiratorias, provocado por las vapores tóxicos que respiró. Estos problemas lo afectaron durante toda su vida.

Familia

Leopoldo Río de la Loza se casó en dos oportunidades. Su primer matrimonio ocurrió en el año 1827 cuando se unió a Magdalena Valderrama. Quedó viudo y a cargo de siete hijos (cinco varones y dos hembras). Fue riguroso con todos ellos con el objetivo de que desarrollaran una carrera.

Más adelante, en el año 1854 se volvió a casar, esta vez con María Valenta Miranda Romero. Su esposa tenía 24 años menos que él. Tuvo a otros cuatro hijos durante esta unión (tres varones y una mujer).

Dos de sus hijos, uno del primer matrimonio y otro del segundo, también destacaron en el área de la farmacia. Tal fue el caso de Maximino y Francisco Río de la Loza.

Estudios

Un año después del accidente en la fábrica de la familia empezó con sus estudios en el antiguo Colegio de San Ildefonso.

A nivel universitario concluyó con éxito tres carreras diferentes. Logró el título como cirujano en el año 1927 primero, luego se graduó como farmacéutico en el año 1828 y finalmente, en el año 1933, completó su formación al añadir a la lista el título de médico.

Complementó todos sus conocimientos con cursos de química, que recibió en la Escuela de las Minas. También asistió a clases de botánica, impartidas en el Jardín Botánico. Y se interesó en la mineralogía, para la que tuvo que asistir al Colegio de Minería.

Llegó a tocar y analizar otras áreas como la zoología y la geología. Pero su principal pasión siempre estuvo en la química.

Carrera como profesor

Una parte muy importante de la vida de Leopoldo Río de la Loza tiene que ver con los años que empleó en la enseñanza. Influenció los planes educativos de algunas profesiones en México, al incluir la química como área de estudio.

Fue profesor de múltiples cursos a los largo de los años. Enseñó sobre química médica durante más de 20 años en la Escuela de Medicina. En el año 1845 impartió lecciones de química a cualquier interesado en asistir a sus charlas.

También formó parte de la Universidad Nacional y Pontificia de México. Dio clases de química a los estudiantes que formaban parte de la Escuela Industrial de Artes y Oficios y a los estudiantes de la Academia de San Carlos.

Se interesó por desarrollar planes de estudios para enseñar sobre las actividades científicas a nivel agrícola.

Como conclusión, se dedicó a incluir a la química en carreras que antes no tomaban en cuenta esta área como fue el caso de la medicina, la farmacia y la agricultura.

Otros trabajos

Además de labor como profesor y científico, los amplios conocimientos que tenía Leopoldo Río de la Loza le permitieron ocupar varios puestos en los gobiernos.

Su primer cargo público lo tuvo en el año 1829 cuando formó parte de la junta municipal de sanidad que se instauró en la Ciudad de México, con el objetivo de combatir la epidemia de cólera que afectaba el país.

También ocupó cargos como inspector de los productos que pasaban por la aduana, específicamente medicamentos. Fue visitador médico, inspeccionó fábricas y complejos industriales. Llegó a ser dueño de tres boticas y miembro de diferentes sociedades científicas, tantos en México como en el extranjero. 

Experimentos

Los experimentos y las investigaciones que realizó Leopoldo Río de la Loza a lo largo de su carrera profesional tuvieron un gran enfoque hacia lo nacional. El mexicano buscó siempre analizar la plantas y los minerales que se conseguían en el territorio mexicano, para beneficiar el campo científico.

El ácido riolózico, por ejemplo, lo consigue gracias a la planta Pipitzahuac. Este ácido, que también recibió el nombre de pipitzahoico sirvió para detener las hemorragias. Aunque tuvo otras propiedades igual de importantes, como el de ser colorante en ciertas fibras.

También realizó muchos estudios que tuvieron al agua de México como protagonista. Gracias al interés por este tema, es uno de los promotores de la hidroterapia en la medicina del país.

Todas sus investigaciones y experimentos tuvieron un objetivo común: hacer crecer el campo científico en México y utilizar todos los recursos para desarrollar estas áreas.

Los aislamientos del oxígeno y del nitrógeno lo logró en su laboratorio. Fue el primer científico mexicano que logró esto, pues tenía un nivel elevado de complejidad por ser sustancias naturales. Hizo lo propio con el anhídrido carbónico, mejor conocido como dióxido de carbono.

También se destacó por la creación de ácidos, con sus experimentos a nivel industrial. Gracias a una cámara de plomo pudo crear ácido sulfúrico, pero también trabajó con otros ácidos. Fabricó los ácidos nítricos y muriaticos, éter sulfúrico y diferentes esencias, como las esencias de naranja, ajenjo o toronjil.

Muchos más elementos fueron fabricados por el científico, pero la producción más importante fue la del ácido sulfúrico y la fabricación de sosa cáustica; dos de los elementos más relevantes a nivel mundial.

La sosa cáustica, por ejemplo, está muy presente en diferentes objetos del hogar, ya que forma parte de jabones y productos de limpieza. 

Descubrimientos y aportes

Sus aportes en el área de la ciencia le hizo merecedor de una medalla otorgada por la Sociedad universal protectora de las artes industriales en Londres, especialmente por el descubrimiento del ácido riolózico o también conocido como pipitzahoico. Este ácido permitió parar las hemorragias.

Además, construyó la primera fábrica que contaba con una cámara de plomo. Esto fue importante porque gracias a ello se pudo fabricar ácido sulfúrico por primera vez en suelo mexicano.

Fue importante su aporte al escribir el primer tratado que se hizo sobre la química en el país. Incentivó la creación de sociedades científicas, como fue el caso de la Sociedad Química de Estudiantes Entusiastas. Este grupo en un principio estuvo conformado solo por estudiante de su curso de química médica.

Fue importante toda la asesoría que brindó en el campo de la química. 

Obras publicadas

Los escritos de su autoría, que contenían datos sobre sus estudios e investigaciones, eran publicado en las diferentes revista científicas que existían en México durante en siglo XIX.

Gran parte de sus publicaciones estuvieron enfocadas en apoyar e incentivar el crecimiento del campo científico en México, casi siempre enfocado en analizar elementos naturales que pudieran ser utilizados para mejorar el área de la medicina y la farmacia.

Fue el autor del primer tratado que se hizo en México sobre la química. Este tratado recibió el nombre de Introducción al estudio de la química y fue publicado en 1850. En esta obra habló sobre los cuerpo simples.

También sus aportes fueron relevantes en dos trabajos que sentaron las bases de la farmacia en México, como fue el caso de La farmacopea mexicana, obra publicada en el año 1846, y La nueva farmacopea mexicana, que apareció casi 30 años después.

Muerte

A consecuencia del accidente que vivió cuando era un niño en la fábrica de su padre, Leopoldo Río sufrió de una tos que lo afectó a lo largo de toda su vida. En los últimos años, la salud del científico fue empeorando y estuvo obligado a abandonar todas sus labores a nivel profesional.

Finalmente murió el 2 de mayo del año 1876, en su casa en la Ciudad de México, cuando tenía 69 años de edad. Había dejado planificado todo lo que debía hacerse para su funeral. Dejó instrucciones sobre el sitio donde quería ser enterrado, el diseño de su tumba e incluso con qué ropa tenía que ser sepultado.

Su restos permanecen en el Panteón de Dolores.

Referencias

  1. Aceves Pastrana, P. Leopoldo Río de la Loza y su tiempo.
  2. Beall, A. (2018). Ciencia!. DK.
  3. Soriano, M. (1876). Anales de la Asociación Larrey. T. II. México.
  4. Urbán Martínez, G., & Aceves Pastrana, P. (2000). La obra científica del doctor Leopoldo Río de la Loza. México, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco.
  5. Urbán Martínez, G., & Aceves Pastrana, P. (2001). Leopoldo Río de la Loza en la institucionalización de la química mexicana. Recuperado de scielo.org.mx

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