Leer no es vivir, pero es una manera de volver a la vida

Leer no es vivir, pero es una de las mejores formas de estar vivos, de sumergirnos en un océano de letras para refugiarnos, renacer y liberarnos en esas islas de serenidad literarias. ¿Qué es leer para ti? Algunos dicen que leemos para saber que no estamos solos, otros, que el día a día se hace más vívido y gratificante.
La lectura, los libros, son un bien universal que deberían trascender mundos y culturas, e ir más allá del tiempo. Son un legado a la humanidad que heredar de padres a hijos como un bien preciado.

Si eres un buen artesano de las noches de lectura intensa, estamos seguros que te vas a sentir identificado con estas reflexiones que a su vez, te invitamos a complementar.
Las lecturas de infancia
Tan pronto como nos iniciamos en el proceso lecto-escritor, empezamos a sumergirnos en esos primeros libros que los mayores suelen abrir para nosotros, o aún más, en ocasiones hasta los descubrimos nosotros mismos.

Son emociones contenidas en mares de letras que aún nos conmueven, y que nos hace preguntarnos si los niños de ahora, se acercan a los libros con la misma pasión que lo hicimos nosotros. Está claro que su mundo parece otro, que la sociedad actual cabalga a lomos de la tecnología y no sobre las suaves páginas de un libro.
Ahora bien, lejos de ver diferencias, vale la pena invertir esfuerzos propios en que este acercamiento se produzca. ¿De qué manera? A través de estas sencillas estrategias:
  • Es tarea de todos iniciar de forma temprana a los niños en la lectura.
  • El mejor modo de hacerlo es sirviéndoles de ejemplo. Si en sus contextos más cercanos los libros son algo íntimo y familiar, también lo serán para ellos.
  • No les obligues a leer un determinado tipo de libros. A la lectura se llega por curiosidad y en libertad, permite que sean ellos quienes elijan.
  • Establece horarios de lectura, deja que por ejemplo, sea la noche ese instante de paz en el que irse a la cama con un libro.
Los libros y el arte de los sentidos
No importa lo grande que sea el volumen, porque ni pesan ni molestan. En ocasiones, cargamos con enormes libros en nuestros bolsos para devorarlos mientras viajamos en tren o en autobús: son islas en las que refugiarnos.
A los libros se les disfruta con muchos sentidos. De hecho, es muy posible que alguna vez te hayas preguntado lo siguiente:
¿Por qué los libros más viejos tienen ese olor tan peculiar que nos intriga y nos atrapa?
  • Todo ello se debe a un elemento oculto en sus páginas. La razón hay que buscarla en la lignina (prima hermana de la vainilla). Se trata de un polímero presente en el reino vegetal, y que en el caso de los árboles, les ayudan a mantenerse firmes
  • Todo libro elaborado a la vieja usanza, contará pues con esa esencia singular a vainilla que se potencia aún más a medida que las hojas envejezcan, y amarilleen.
Hoy en día estos procesos han cambiado y ya no es frecuente sentir ese embriagador olor de antaño. Y más, si tenemos en cuenta el auge de los dispositivos electrónicos.
Leer para ser libres, leer para ser felices
La lectura es más que un refugio cotidiano, es el amanecer a nuevos conocimientos, es vivir historias ajenas, es transitar por mundos imposibles… es cerrar un libro y comprender que ya no somos los mismos.
Leer expande, nos permite volver a la realidad cuando deseamos sabiendo que en fondo de nuestro ser, hay algo que nos sigue uniendo a ellos. Y a pesar de saberlo, a pesar de comprender que leer no es vivir porque no es la vida real, ellos, los libros, siguen haciendo más vívidos nuestros días.
La vida ofrece sabiduría, no hay duda, pero quien lee tanto como respira, y busca su instante diario para abrir estas cerraduras literarias, encuentra beneficios más intensos:
  • A pesar de que muchos piensen que quien lee demasiado es que no desea vivir en el mundo real, se equivoca. La lectura es un aprendizaje constante para crear personas más hábiles.
  • Un buen libro nos permite relativizar muchos aspectos cotidianos que nos generan estrés y ansiedad. Nos instruyen, nos deleitan, nos calman y nos inician en nuevos conocimientos.
  • Quien está habituado a leer a menudo, se vuelve también más exigente y se afina a su vez su sentido crítico. Tiene múltiples y variadas opiniones, tiene voz propia porque ha vivido en muchos mundos, porque se ha metido en muchas mentes.
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