Hay muchos tipos de personas en el mundo, algunas que nos hacen sentir realmente bien y otras que, sin embargo, son tóxicas. 




  Sin duda, preferimos rodearnos de esas personas que despiertan una magia especial, que nos hacen sentir bien y que percibimos como gente cálida y cercana.
  La mayoría del tiempo, las personas que se acercan a ti con una buena actitud, y con una sonrisa en su rostro, te iluminan el mundo. Eso es porque la alegría se contagia. 



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  Haz la prueba y trata de conocer a 10 personas: A la mitad de ellos con una gran actitud y sonrisa, y a los otros, con una cara mal humorada. Luego verás los resultados.
  Esto ni siquiera se trata de ser apuesto, es un tema ligado al neurolenguaje. El cuerpo comunica más del 50% de las cosas que decimos, las palabras, son solo una manera de darle forma a lo que pensamos.
  Estas personas mágicas, suelen ser hábiles para ganarse un puesto en nuestros corazones, porque en sus mentes, van predispuestos, NO a caerle bien al otro, sino a ser ellos mismos y tener una actitud humilde, carismática y quizá, un poco “loca” ante la vida.
  Y lo más curioso de todo esto es que hay personas que ya vienen de «fábrica» con esta capacidad, con esa habilidad natural para conectar casi al instante con quien tengan en frente para despertar emociones positivas, confianza y seguridad. 



 Esa chispa a instantes mágica, espontánea y fructífera es casi como un diamante invisible que todo buen líder, por ejemplo, querría tener consigo para atraer a más gente.
  Es también esa herramienta que toda persona con escasas habilidades sociales desearía poder desarrollar para disfrutar de unas mejores relaciones, de un mejor día a día donde poder hacer más amigos, encontrar pareja y sentirse, en esencia, más seguro de sí mismo. 
 Tal y como vemos, estamos ante una dimensión psicológica con un gran atractivo para el campo del crecimiento personal que bien merece analizarse en detalle.

Personas que caen bien sin buscarlo ni necesitarlo, personas auténticas

  Algo que todos sabemos es que querer caer bien a todos los que nos rodean es una fuente de inagotable sufrimiento.
  No tiene sentido, no es útil ni saludable. Sin embargo, ahí están esos perfiles que sin esfuerzo alguno, sin buscarlo ni pretenderlo, logran conectar casi al instante con el 80% de esas personas con las que se encuentran a diario.



  Muchos no dudarían en decir aquello de que la explicación está en el atractivo físico. Ahora bien, algo que sin duda saben bien quienes llevan a cabo la selección de comerciales o de captadores para alguna ONG es que hay algo más.
  Se trata de algo presente en el lenguaje no verbal o incluso en eso que muchos llaman ya «el arte de la suavidad». Es decir, la virtud de tener una actitud abierta y acogedora que nos ayude a llegar a los que están ante nosotros de manera afable, segura y eficaz.

La sonrisa Duchenne, la más sincera

  Todos nosotros somos perfectamente capaces de fingir una sonrisa. Podemos regalar a los demás la más espectacular y cautivadora de las sonrisas, y sin embargo, lo que hay tras ella a veces es la más afilada de las falsedades.
  Ahora bien,  existe un tipo de sonrisa que resulta difícil de fingir, y que se considera el epítome de lo genuino. Hablamos cómo no de la sonrisa de Duchenne.



  Dicen de la sonrisa de Duchenne que es cautivadora por naturaleza, que inspira confianza y que es como una bisagra natural en todo escenario social.
  Su expresión en el rostro es el resultado de la contracción de los músculos cigomático mayor y menor cerca de la boca. Ambos se elevan en la comisura de los labios, así como el músculo orbicular cerca de los ojos. También aparece una contracción que eleva las mejillas y produce pequeñas arruguitas alrededor de los ojos…

La humildad, la cualidad más atractiva

  Hay una serie de dimensiones que causan tirantez inmediata. Son sin duda todas aquellas que vienen de esas personas que aparecen ante nosotros hablándonos de su vida privada de buenas a primeras, criticando a terceros no presentes, siendo indiscretos, excesivamente bromistas o haciendo un uso y abuso desmedido del pronombre personal «yo».



  Todos lo hemos experimentado alguna vez. Sin embargo, en el polo opuesto están quienes sin pretender nada, lo consiguen todo. 
  Quienes mediante su humildad natural nos caen bien al instante por una serie de dimensiones, de pinceladas capaces de conformar un lienzo personal mágico y excepcional.
  Las personas humildes saben prestar atención, muestran un interés auténtico por quien tienen en frente, saben escuchar y nos acogen en las aguas cálidas de sus sinceras miradas…
   Mediante una actitud siempre abierta logran establecer una confianza inmediata con nosotros para que podamos abrirnos a ellos con comodidad y naturalidad.



 Su poses, sus lenguaje no verbal está exento de cualquier rasgo de poder. No se imponen, no hay rigidez en ellos, sino apertura y cercanía.
  Asimismo, algo común en las personas que caen bien es que no se quejan, no demandan, no critican y su actitud siempre es exquisitamente humilde…

Hábitos y características de las personas simpáticas

  Todos conocemos personas simpáticas, y cada vez que nos cruzamos con alguna el “buen rollo” se apodera de nosotros. Las personas simpáticas son agradables y su compañía es de agradecer. 
  Pero, ¿cómo son realmente estas personas? ¿qué caracteriza a estos estos absorbentes? A continuación puedes encontrar una lista con los hábitos y secretos de la gente simpática.

1. Son locuaces

 Uno de los rasgos que más llama la atención de las personas simpáticas es que son personas locuaces, es decir, les encanta hablar. Pero no solamente les encanta charlar con las personas que tienen alrededor, sino que siempre saben lo que tienen que decir. 
  Es por eso que se ganan nuestra confianza rápido y nos hacen sentir a gusto. Cubren nuestras necesidades simplemente con las palabras. Así es difícil que alguien te caigan mal.

2. Sonríen

  Otro rasgo que podemos destacar de las personas simpáticas, además de su locuacidad, es que siempre tienen una sonrisa en la cara. 
  La sonrisa transmite positividad y por eso percibimos de forma agradable a este tipo de personas. No hay nada más seductor que sonreír, pues da confianza y es una muestra de atención. Las personas simpáticas son personas seductoras.

3. Miran a los ojos

  Así pues, sonreir es seductor, pero si esa sonrisa va acompañada de una mirada a los ojos, entonces sentimos una gran conexión emocional con la otra persona. 
  En cualquier relación interpersonal es necesario acostumbrarse a tener contacto visual quien hables, de esta manera validas las emociones de la otra persona, generas empatía y, además, simpatía. Las personas simpáticas, por tanto, son locuaces, sonríen y miran a los ojos.



4. Confían en sí mismos

  Y esto es posible porque son personas que confían en sí mismas. Al mirar a los ojos y sonreír, éstas transmiten mayor seguridad y permiten conectar y generar un lazo de confianza con su interlocutor.
  Las personas simpáticas tienen una alta confianza que, además, es auténtica, es decir, no es falsa autoconfianza.

  5. Son abiertas y extravertidas

  Las personas simpáticas son personas abiertas. Caen simpáticas porque tienen una visión de la vida que invita al optimismo, sin prejuicios y sin juzgar a los demás.
  Son personas abiertas a la experiencia, que han vivido mucho y son sabias en cuanto a las relaciones interpersonales. Esta visión de la vida, convierte su personalidad en un magnetismo que te atrapa.



  Además, las personas simpáticas son extravertidas y están abiertas al diálogo, y es por eso que tienen mayores habilidades sociales y llegan a ser personas carismáticas, con una relativa facilidad para caer simpáticas.

Y cabe decir algo importante sobre esto todas estas cualidades pueden entrenarse. Si bien es cierto que no es necesario querer caer bien a todo el mundo, a todos nos agrada poder conectar mejor con determinadas personas.

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