Las personas comprometidas inspiran confianza en los demás

Las personas comprometidas inspiran nuestra confianza. Construyen un camino seguro sobre el que dirigir nuestros pasos. Son luz en las tinieblas. Las personas comprometidas nos hacen sentir más tranquilos a la hora de tolerar la incertidumbre, puesto que sabemos que actuarán como ya han manifestado.

Alguien que se compromete con algo no solo lo hace en los grandes planes o en los grandes proyectos. Lo hace también con los pequeños gestos. Y los pequeños gestos, en verdad, tienen un valor mucho más grande del que pensamos. Imagina aquella persona que cada vez que os disponéis a fijar un día para poder reencontraros acaba cancelando la cita. La cancela varias veces. A veces incluso cuando ya estás saliendo a su encuentro.

Las personas comprometidas nos hacen sentir más tranquilos y confiados

Manos de amigas

Las personas comprometidas no recurren a las mentiras para justificarse

Pero no solo lo hace cuando os queréis ver, sino que ya has percibido que es alguien de quien dudar. Alguien que te acaba generando una incertidumbre impropia de un amigo. Cancela compromisos, encuentra cientos de excusas para justificar su falta de interés… Pequeñas mentirijillas que, sumadas una tras otra, generan un efecto devastador en la otra persona. El efecto de la desconfianza. La falta de confianza mata las relaciones. Nos llena de inseguridad. Es abono para el reino de la incertidumbre.

Y la incertidumbre es esa asesina silenciosa que destruye cualquier terreno fértil en nuestra vida. Que no nos interese una persona o no sea de nuestro agrado es algo totalmente natural. Algo de lo que no deberíamos avergonzarnos. Es más, lo extraño sería que todo nos interesara de la misma manera siempre.

Nadie nos obliga a comprometernos con aquello que no queremos

De alguna manera, aquí la solución parece sencilla. Si no me interesa algo me alejo de ello porque no tengo ningún interés en comprometerme con ello. No obstante hay personas que tienen tan inculcado el complacer a todo el mundo que acaban por anularse a sí mismas. Todo por una búsqueda incansable de la aprobación del otro.

Se pierden y encontrarán un grito sordo dentro de ellas que les avisará de que hay algo que marcha mal en sus vidas. Algo que no funciona de manera auténtica. Quizá pienses en aquella vez que hiciste algo solo por complacer a la otra persona. No te sentiste cómodo. Probablemente te sentías “vendido” a algo que no iba contigo.

No obstante, cuando hablamos de personas que sí nos importan, es importante reflexionar sobre cómo de confiables estamos resultando ser para esas personas. Si queremos ser confiables o si en verdad esto es algo que no nos importa tanto.

Amigas dándose la mano

Da valor a tu palabra si quieres ser una persona confiable

Si quieres ser confiable puedes pensar en aquellas veces que no te apetecía hacer algo pero pusiste una excusa para librarte de ello. Imagina otras ocasiones en las que te comprometiste con algo y faltaste a ese compromiso. Seguramente aparezca una sensación de vergüenza. De arrepentimiento quizá.

Pero…, arrepentimiento, ¿por qué? Lo más sano sería arrepentirnos de haber dado nuestra palabra cuando no contamos con toda la certeza de que la podríamos cumplir. A veces vamos lanzando pequeños compromisos por la vida sin pensar fríamente si seremos capaces de cumplir con ellos o no. Y lo cierto es, cuando algo nos importa realmente, muchos de estos compromisos los adquirimos con la mejor de nuestras intenciones.

En este sentido, hemos de ser conscientes de cómo perjudicamos y dañamos los lazos que nos unen a los demás. Confianza y seguridad forman gran parte de la base que necesitamos para tener buenas relaciones con los demás. Si yo desconfío de alguien y me siento inseguro a su lado poco me está aportando esa relación. No me deja ser yo, no me deja lanzarme a ella desde la tranquilidad de ser bien acogido.

Hacer balance de tus compromisos es un buen comienzo

Si yo falto sistemáticamente a mi palabra… Si yo falto a mi compromiso constantemente, estaré dañando la confianza que el otro depositó en mí. Por supuesto que existen ocasiones en las que tendremos que fallar a los compromisos.

Las personas comprometidas también tienen que posponer alguna vez sus compromisos. No son implacables. Improvistos que surgen y han de ser atendidos. Pero hablamos de esa falta a nuestra palabra por sistema y sin una justificación de orden mayor.

chica que sostiene un corazón aprender a restar

Tenemos derecho a no poder comprometernos a todo. A no querer comprometernos a aquello que no nos apetece o a aquello que sabremos no seremos capaces de llegar. Estamos en nuestro derecho de ser auténticos y honestos con los demás y con nosotros mismos. No obstante, es importante a su vez dar valor a nuestra palabra y a todo aquello con lo que decidimos libremente comprometernos.

De esta manera será más sencillo revisar nuestras relaciones y el porqué de tantos comportamientos. Una vez entendamos que nuestra palabra, por “pequeña” que sea, tiene un valor tanto para nosotros como para los demás, le daremos la importancia que se merece. Y no la malgastaremos, por tanto, con tanta facilidad.

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