LA VERDAD SECUESTRADA

… en particular en el mundo del periodismo. Repárese con como «informan»
los medios de la violación de una niña

La reacción de medios, líderes de opinión y chiringuitos feministas en el caso de la «Manada» de Pamplona es de sobra conocida: condena a voz en grito, cuanto más histérico y a coro mejor; extensión de una difusa culpabilidad colectiva a todo varón español, con especial regodeo contra los cuerpos de seguridad, «representados» por dos de los botarates entrampados en el bochornoso sainete (uno militar y otro Guardia Civil), e intento de romper las garantías judiciales y la profesionalidad de los jueces que no cerraron filas con la voluntad de linchamiento de la masa irreflexiva y aborregada, apartado éste último en el que Soros y cía se apuntan el tanto con el que queda amortizada la movilización que han teledirigido: la imposición a profesionales del Derecho de un lavado de cerebro curso de «sensibilización» de género a mayor conveniencia de la artificial e interesada guerra de sexos.

Para lograr la enésima vuelta de tuerca al sistema de represión contra el varón, los rostros y la identidad de los presuntos violadores de los Sanfermínes fue sobreexpuesta hasta el extremo, convirtiendo su infiltración en nuestro imaginario en algo así como el señalamiento de la rama podrida del árbol familiar de cada uno de nosotros.

Si la víctima es menor, ¿no merece apoyo,
atención, solidaridad … ?

Choca, y mucho, ese proceder frente a otras manadas que se benefician de un exquisito cuidado en no difundir sus identidades. El miércoles pasado supimos de la última: seis jóvenes de entre 15 y 20 años violaron por turnos a una niña de tan solo 12, a la que llevaron junto a una amiga a un edificio abandonado. La amiga fue «indultada» de ser abusada por afinidad étnico-cultural, o como ella misma explicó a la víctima, «por ser mora». Los agresores, salvo uno, nigeriano, eran marroquíes. Los hechos sucedieron en Azuqueca de Henares hace un año, pero fueron ocultados a la opinión pública.

Insisto en que no es la única «manada» a la que se le ha concedido el beneficio del anonimato: el listado aparece en esta entrada que puede el lector consultar y que muestra como único rasgo común de los grupos de alimañas que violan en grupo su procedencia foránea, mayormente magrebí.

Sorprende el clamoroso silencio de las unánimes, concienciadas y sororianas (más bien «soros-y-anas») neo-feministas ante estas agresiones. Repiten, con empeño autista, que lo único relevante es el «género» de los violadores y se tapan los ojos ante el hecho de que la cultura de la que provienen considera a la mujer un inferior, una mera propiedad que cuando no está asignada a un dueño debe estar disponible para quien quiera usarla a su antojo, … Eso, por supuesto, no es «cultura de la violación», es una «peculiaridad cultural», … son sus «costumbres». Curiosas costumbres que ejercen destrozando vidas que, según la lógica de las hipócritas de turno, deben ser de segunda. Aunque ya sabemos que las cerriles supremacistas anti-hombre blanco lo que buscan son culpables, no soluciones.

Sólo es un pasatiempo. Y nuestras hermanas, hijas, etc. -nun-
ca las de los políticos y banqueros- el juguete.

Hace tres años, un documentado artículo de la socióloga y politóloga Mapi Egea revelaba la existencia de una práctica árabe, el «Taharrush», que consiste en rodear a una mujer infiel y someterla a violencia, humillación y abuso sexual. Su primera manifestación en suelo europeo tuvo lugar en la Nochevieja previa en Colonia, Hamburgo y otras ciudades alemanas, donde muchedumbres de refugiados se dieron un salvaje festín -recuerde el lector que no es «cultura de la violación», que eso solo se da entre los varones occidentales- con las provocativas e indefensas mujeres que tuvieron la desgracia de cruzarse con las turbas de exaltados. Solo en Colonia hubo 1139 denuncias por agresión, aunque las autoridades negaran al principio, disimularan después y solo ante la evidencia reconocieran que se trataba de un ataque sincronizado (Berlín, Stuttgart, Düsseldorf, Francfurt, Bielefeld, …) por parte de inmigrantes musulmanes, muchos de ellos solicitantes de asilo.

El mismo ocultamiento inicial ha sido la táctica consensuada por los medios españoles ante el monstruoso incremento de agresiones sexuales en grupo (31 solo en los 35 primeros días del año, como recoge «La Tribuna de España») perpetradas por magrebíes, muchos de ellos menas (menores no acompañados) en situación irregular que campan por sus respetos en la periferia de las ciudades. En el caso concreto de la violación de Azuqueca el proceder de los medios mayoritarios oscila entre el tancredismo y el esperpento, tal como hace constar el portal «Contra un mundo viperino»«:

La mayoría de los medios izquierdistas parecen haber decidido que si la realidad les estropea sus prejuicios ideológicos, entonces es mejor ocultarla. Así es como han informado sobre la violación de Azuqueca ciertos medios españoles:
El escenario del terrible suceso

Y eso los medios que han difundido, convenientemente maquillada, la noticia. Otros, como InfoLibre, El Periódico o El Plural, directamente la han ocultado, dejando bien retratada la «pluralidad», la «libertad» y el servicio a los ciudadanos que pregonan sus cabeceras. ¿Qué son la inocencia, la integridad o la salud física y mental de una niña frente a los intereses mercantiles de políticos, mercaderes y paniaguados varios?

La realidad puede abrir los ojos a muchos, por lo que los que quienes controlan el flujo de información se cuidan mucho de exponerla. De ellos solo podemos esperar medias verdades (es decir, mentiras parciales e interesadas), propaganda y censura. Son fariseos encubridores, miserables de cuello blanco que deciden qué debe saber el ciudadano y qué se le debe ocultar, tutores no solicitados que nos tratan como a menores perpétuos a los que hay que mantener en un limbo que nos impida decidir con conocimiento de causa. Los señores del juego les han encargado no estropear la corriente de votos y mano de obra sin cualificar que aportan los inmigrantes, así que censuran los desahogos -la edad, ya se sabe- y «entretenimientos» de algunos, que no son los de todos, pero que partidos extremistas proyectarán sobre todos como una imborrable mancha de sospecha. Y así estaremos todos polarizados sin matices -«o conmigo o contra mí», o víctimas o xenófobos-, pero sin cuestionar nunca la manipulación de quienes tienen la sartén por el mango para racionalizar la situación, pero saben que la desgracia de unos es el negocio de otros, y el «business» manda.

Me refería hace unas líneas a los «menas» que llenarán nuestras calles de violencia e inseguridad en breve (de hecho, ya lo están haciendo). Entran y salen de centros de menores convertidos por la gestión privada en un indecente negocio que mueve cantidades millonarias en subvenciones. Solo uno de los 1186 centros de protección de menores y de reforma que existen en España, el centro «Teresa de Calcuta», en Madrid, recibe 210 euros por menor al día, 6.300 euros al mes por cada interno. Una cantidad bien jugosa que decrece cuando se produce el retorno de un menor a Marruecos. Desde que la Ley del Menor del año 2000 permitió privatizar la gestión de los centros de reforma surgieron múltiples asociaciones «sin ánimo de lucro» (por supuesto) para las que el menor sin arraigo es una fuente de ingresos. Una de estas «filantrópicas» asociaciones, GINSO, ha cobrado de la Comunidad de Madrid 147,6 millones de euros desde 2006 y de la Junta de Andalucía 178 millones, además de los contratos con otras Comunidades Autónomas.

Históricas «solidaridades» del feminismo patrio:
una mentirosa demostrada, una secuestradora
de menores, las manadas magrebíes, etc., etc.

Tan clamoroso como el ocultamiento de esta realidad por los medios es el silencio de la horda de fanáticas, ventajistas e ignorantes femi-supremacistas, envenenadoras de la convivencia que bramaban como animales contra la «manada» de Pamplona el año pasado pero que en la última edición de su aquelarre del 8-M, pudiendo escoger entre varias decenas de «manadas» más, de diversos colores, pero con el denominador común de no estar integradas por españoles, optaron por sustituir la denuncia solidaria por un silencio ovino al respecto. ¡Increíble su doble vara de medir, hipócrita hasta la doblez! Se nota que sus amos no las han espoleado contra sus muy machistas, capitalistas y explotadores intereses, y que las niñatas en edad de subidón, pero no de madurez aún, no han llegado por sí solas -si es que llegan algún día- a la autocrítica honesta y necesaria.

Por cierto, los jueces del caso han dispuesto para los menores que participaron en la violación un internamiento de tres años. Destrozar la vida de una niña garantiza alojamiento, manutención y borrado de antecedentes al salir, junto con la más que probable «nacionalización por arraigo», … en definitiva, que sale muy a cuenta. Si esto no es un modo de incentivar el delito que venga Dios y lo vea. A algunos nos cuesta no vomitar al considerarlo.

El progresismo buenista, las feminecias y los palmeros del «plan Kalergi» (para los que acaben de dar un respingo les doy el consejo feminista por antonomasia: «Informate») están conduciendo a este país al desastre, siguiendo la estela de una Suecia que en otro tiempo era un modelo del éxito de la socialdemocracia y hoy lo es del suicidio colectivo. Un suicidio cuya denuncia le granjea a uno la inmediata acusación de «facha», insensible y racista, exponiéndole a ser acusado del más perverso delito imaginado por esta patulea de sectarios: el «delito de odio», muestra de un totalitarismo que pretende legislar hasta los sentimientos, prohibiendo solo y exclusivamente los dirigidos hacia colectivos privilegiados. Porque hay un odio tolerado y hasta fomentado: el odio a la propia condición de quienes hemos recibido una herencia de prosperidad, paz y tolerancia que amenaza con saltar por los aires. «Hombre blanco heterosexual, odia tu raza, tu pasado, tu nación y tu condición». Ese es el mensaje: el auto-odio de quienes debemos ser reemplazados por oleadas incontroladas de quienes no han construido prosperidad, paz y tolerancia en sus países, pero las amenazan en una U.E. cada día más estúpida, decadente e indigna, y que ha convertido a España en el laboratorio de un neo-totalitarismo que deja la distopía de Orwell al nivel de un cuento infantil: contra tu raza, el complejo del auto-odio, contra tu pasado, leyes de memoria histérica histórica, contra tu condición, «leyes de género», …

«El machismo mata». Y la hipocresía de las feminecias remata.

Me falta vocabulario para expresar mi más profundo desprecio hacia quienes ante lo sucedido en Azuqueca miran hacia otro lado y callan, cuando el llanto de la víctima (45 interminables minutos pidiendo socorro) debería desvelarles noche tras noche. Este país se ha convertido en un deplorable guiñol en que psicópatas de manual tiran de los hilos de turbamultas de «zombies» consentidores que se limitan a musitar para sus adentros «¡Que no me toque a mí!», cuidando de no ser oídos por quienes les llamarían «islamófobos», «fachas» o «machistas», términos que, tal como está este podrido manicomio, van a acabar por definir solo a las personas decentes que no se someten a la corrección política impuesta, la mansedumbre del rebaño y la insensibilidad hacia los más necesitados.

Un detalle revelador más: el propio embajador de Marruecos ha solicitado la devolución de los agresores al país vecino (donde nunca se les permitiría agredir a menores del modo en que lo han hecho aquí), petición que no ha sido atendida.

Tal vez la escoria que recibimos sirva para asentar aún más el «apartheid» al varón, y hay quien no quiere perder esa oportunidad.

Lo que está en juego es el negocio …

(posesodegerasa)

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