LA TELARAÑA QUE MANEJA EL MUNDO (1ª parte)

Si a alguien le dicen que nada en el mundo es lo que parece: que las ideologías y los enfrentamientos bélicos; lo que lee en los grandes medios de prensa mundiales; las grandes decisiones políticas y económicas; los movimientos financieros y de armas; de tropas y de la Bolsa mundial; los precios del oro y el petróleo; y la aparición de virus mortales que arrasan con poblaciones enteras, entre muchas otras cosas más, es todo digitado, controlado y observado por un selecto grupo de pocas personas, puede llegar a esbozar una sonrisa socarrona y pensar que su interlocutor no está en sus cabales o es gran consumidor de películas de ciencia-ficción.

Sin embargo, aunque ello no trascienda a la opinión pública, esos hechos y muchos otros, que parecerían obra de la imaginación, son reales, tanto como lo es la existencia de ese selecto grupo de personas. Un grupo que desde 1954 viene reuniéndose cada año y durante cuatro días en un país distinto –siempre en Europa o América del Norte-, ocupando exclusivamente un hotel de lujo, para lo cual sus huéspedes han sido convenientemente desalojados. Un lugar que en esos cuatro días permanece cerrado a la vista de los curiosos, de los fotógrafos y de la prensa, que nunca tienen acceso a lo que sería una noticia espectacular dado el origen, funciones y categoría de quienes acuden a ese encuentro, protegido además por una mezcla de cientos de policías con perros, militares y agentes de servicios secretos. Múltiple protección externa para el más absoluto secreto de lo que se trata puertas adentro del lugar elegido para ese encuentro anual. Protección que incluye el maltrato físico y el arresto para aquel periodista o fotógrafo que se atreva a acercarse por sorpresa, o que pretenda “asaltar” a una de las figuras que eventualmente salga caminando de allí, ya que por lo general llegan y se van en automóviles con vidrios polarizados que en un costado de sus parabrisas llevan la letra “B”.

Se trata del Club Bilderberg, así llamado porque su primera reunión se llevó a cabo en el hotel de ese nombre, en la ciudad holandesa de Oosterbeeck. La Enciclopedia Británica, única que lo registra, lo define brevemente así: “Conferencia de tres días a la que asisten cerca de 100 de los banqueros de Europa y Estados Unidos, economistas, políticos y líderes gubernamentales más influyentes. Se realiza cada año en un país occidental, en una atmósfera de rígido secreto”.

Nada más podrá encontrar quien pretenda saber algo de este Club, salvo algunas escasas y siempre repetidas referencias en Internet, copiadas unas de otras, o en dos o tres libros que se han escrito sobre el tema. Si intenta buscar información en algún importante medio de prensa de cualquier parte del mundo, sólo recibirá una mirada incómoda y evasivas o expresiones de desconocimiento. Lo mismo si tiene la suerte de poder acceder a algún Banco de prestigio o a un agente financiero de renombre. A lo sumo, en medio de todo, quizás sólo perciba una sombra de temor. De mucho temor.

El fundador del Club Bilderberg fue el príncipe Bernardo de Holanda, padre de la actual reina Beatriz y un hombre que cometió varios «pecados de juventud». Como por ejemplo haberse afiliado en 1933 al Partido Nazi de Adolfo Hitler, con número de afiliación 2.583.009 y fecha de ingreso 1º de mayo de 1933. Alemán de nacimiento, también colaboró con las tristemente célebres “SS” con el grado de oficial, desafiliándose del Partido Nazi en 1937 ya que iba a contraer matrimonio con la entonces princesa Juliana y la casa real no quería escándalos, pero manteniendo siempre su fervor nazi y su admiración por el Führer. Algo que le reiteró poco antes de su casamiento y entrada en la casa real holandesa, cuando envió al pequeño y demente cabo austríaco algunas cartas muy elogiosas en las que además resaltaba su sentimiento alemán y hacía profesión de fe nazi, saludándolo con aquel clásico “¡Heil,Hitler!” antes de firmar. Dos de esas cartas fueron publicadas luego de su fallecimiento, en diciembre de 2004, y luego archivadas en un museo alemán. Antecedentes que, a decir verdad, resultan bastante más “pesados” que los del argentino Jorge Zorreguieta, el padre de la princesa Máxima de Holanda, a quien la casa real le prohibió asistir al casamiento de su hija porque había trabajado unos meses en la secretaría de Agricultura durante la dictadura militar que encabezó Jorge Rafael Videla.

Como sea, Bernhard von Lippe Biesterfeld –nombre completo del príncipe nazi- decidió fundar en 1954 el Club Bilderberg en el hotel homónimo de Oosterbeeck, donde había concentrado a varios representantes de la política, la banca y las finanzas occidentales, con el objeto de implementar una “asociación interatlántica que fomentara los lazos de cooperación y desarrollo económico entre Europa y Estados Unidos”. Uno de los que lo acompañó en esa fundación era Otto Wolf von Amerongen, a quien pocas personas conocían, quizás por el hecho de haber sido vinculado al robo nazi de pertenencias judías antes y durante la Segunda Guerra Mundial, antes de recalar en el Deutsche Bank. Dicho sea de paso, Estados Unidos seguramente estaba en conocimiento de las andanzas nazistas del príncipe Bernardo, pero parecieron no importarle en tanto su nuevo emprendimiento sirviera para frenar al comunismo. Por otra parte, el Club no se reunió en 1976 ya que su entonces presidente, el polifacético Bernardo, fue salpicado por el escándalo de la empresa Lockheed al haber recibido sobornos por la compra de aviones caza para Holanda, por lo cual se vio obligado a renunciar a esa presidencia.

Eso sí, el Club es tan exclusivo para las figuras más importantes de Occidente –a las que ya se agregaron también los rusos- que nunca son invitados africanos, asiáticos, latinoamericanos y mucho menos personajes provenientes de Medio Oriente. Para ello cuenta con el Steering Committee, integrado por unas 40 personas que seleccionan rigurosamente, cada año, a quiénes se invitará, lo cual debe ir de acuerdo con los temas que se tratarán en esa agenda. Y que en muchos casos derivarán en graves perjuicios para uno o varios países, como se verá más adelante. Porque si hay algo seguro que el Club Bilderberg nunca hará, es obras de beneficencia.

Una larga alfombra roja

Los invitados que anualmente concurren al mágico encuentro de los bilderbergers raramente superan la cantidad de cien. El Steering Committee autoriza, de todas maneras, a que cada uno de ellos pueda a su vez invitar a otros dos, lo que raramente ocurre, y también sucede que algunos personajes se presentan “fuera de lista”, o sea habiendo solicitado no figurar en la misma. Tal es lo que ocurrió, en la reunión de mayo del 2004 en el Hotel Trianon de Versalles, Francia, con el entonces secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien acudió a informar sobre los “progresos” en la ocupación de Irak.

Es muy extensa la nómina de quienes han transitado por la larga alfombra roja que conduce a las deliberaciones del Club Bilderberg en sus distintas versiones anuales. Por ello mencionaremos a los más notorios, y aunque esta lista también es extensa, vale la pena repasarla.

En primer lugar, cuando el príncipe Bernardo de Holanda creó el Club, contó con el apoyo de la banca Rothschild, de Nelson y David Rockefeller y del que muchos llaman “el príncipe de las tinieblas” –desde que ordenó los bombardeos de Laos y Camboya, impulsó el golpe militar en Chile contra Salvador Allende y, se dice también, tuvo que ver en el asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moro-, Henry Kissinger, quienes no dejan de concurrir, desde la primera, a todas las reuniones.

Desde entonces han desfilado los rostros, algunos de ellos desconocidos para el gran público, de estos personajes: George Bush (padre); Hillary Clinton; Donald Rumsfeld; Bill Clinton; Tony Blair; John Kerry (senador demócrata y ex candidato presidencial); Romano Prodi (Primer Ministro italiano); Kofi Annan, (ex secretario general de la ONU); Jean Claude Trichet (Banco Central Europeo); Alan Greenspan (Reserva Federal EE.UU.); Richard Holbrooke (llamado el “padre de los acuerdos de Dayton”, donde se partió a Yugoeslavia, y considerado responsable de la guerra de Kosovo); general James Jones (comandante de las fuerzas aliadas en Europa); general retirado John Keane; George Soros (el millonario húngaro-americano que tiene muchos intereses en la Argentina); Bill Gates (el magnate de Microsoft) y su esposa Melinda; Jacques Chirac; la reina Beatriz de Holanda (hija del fundador del Club Bilderberg); el príncipe Philippe de Bélgica (su familia niega que pertenezca al Club); Jeroen van der Veer (Shell); Mario Monti (presidente de la Universidad Bocconi, de Milán, y miembro de la Comisión de Competencia de la Unión Europea); Giovanni Agnelli (presidente de Fiat, fallecido en 2003); Michel Camdessus (ex director del FMI); Etienne Davignon (vizconde belga y último presidente del Club); Lord Carrington (ex secretario general de la OTAN); Jaap de Hoop Scheffer (actual secretario general de la misma organización); Valery Giscard D’Estaing (ex presidente francés); Paul “medias rotas” Wolfowitz (ex subsecretario de Defensa de Estados Unidos y presidente del Banco Mundial); Richard Perle (ex asesor de George W. Bush y vínculo de los servicios secretos israelíes); el general Peter Sutherland (presidente de British Petroleum y ligado a Goldman Sachs); Anna Lindh (ex canciller de Suecia asesinada en septiembre del 2003); Karl Otto Pöhl (Bundesbank); James Wolfensohn (Banco Mundial); José Sócrates (primer ministro de Portugal); y Klaus Schwab (presidente del Foro de Davos).

Como se dijo, la nómina es mucho más extensa, y a la misma se agregan, además de ministros del Parlamento Europeo, eurodiputados, académicos y militares, los máximos jerarcas de la Banca y de varias multinacionales, entre ellos los de los grandes Bancos como Rothschild, Morgan, Baruch, Schiff, Goldman Sachs, Warburg y Loeb & Co., y de las compañías Mitsubishi, Siemens, Bayer, Nokia, Lufthansa, Nestlé, Ericsson, Fiat, Coca Cola, Pepsi Cola, General Motors, France Telecom, Danone, Heineken y Danish Oil and Gas Corporation, entre las más renombradas.


La presencia española ha sido ejercida por la reina Sofía de España (asistió a las reuniones de 1991, 1994, 1996, 2001, 2005, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011 y 2014); José María Aznar; Esperanza Aguirre (ex ministra de Cultura en la administración Aznar y una de las que más ha participado en las reuniones); Juan Luis Cebrián (también uno de los más frecuentes visitantes, propietario del Grupo PRISA, prensa española, donde no se ha publicado una sola palabra sobre las reuniones del Club); Matías Rodríguez Inciarte (vicepresidente del Banco Santander, quien sabe desde hace mucho que miles de españoles perderán todos sus ahorros por el desplome inmobiliario, aunque no parece preocupado); Bernardino León (secretario de Asuntos Exteriores de España); Jaime Carvajal y Urquijo (financista, también miembro de la Trilateral y amigo de la infancia del rey Juan Carlos); Rodrigo Rato (ex ministro de economía y ex director del FMI); Javier Solana (responsable de la política exterior de la Unión Europea); Pedro Solbes Mira (ministro de Economía español y también miembro de la Trilateral); Francisco González (presidente del BBVA); Joaquín Almunia Amann (ex secretario general del PSOE-Partido Socialista Obrero Español); Manuel Fraga Iribarne, Jordi Pujol (de la Junta de Galicia) y Pedro Sánchez (justo antes de convertirse en presidente del gobierno español), entre otros. En la edición de 2018 fueron convocados Ana Patricia Botín, Albert Rivera, Soraya Saínz de Santamaría y el sempiterno Cebrián.

Obviamente no podían faltar, por su gran utilidad en el manejo de la información, los directores y principales columnistas de diarios como “The Washington Post”, “The New York Times”, “The Wall Street Journal”, “Die Zeit”, “Corriere Della Sera” y “Financial Times”, además del ya mencionado presidente del grupo español PRISA y ex director del diario “El País”, Juan Luis Cebrián. Toda una pléyade de altos exponentes de la prensa mundial, listos para difundir al mundo lo que el Club Bilderberg dicte o permita, pero obviamente autocensurados para no decir una palabra de lo que se prepara en una cocina tan selecta. Y tan secreta.

De masonería, secretismos, ayudas y amenazas

Este Club funciona, efectivamente, como una sociedad secreta. Muchos de sus miembros están influenciados por antiguas sociedades de ese tipo como los Illuminatti y la Masonería. De hecho, no es una logia reconocida pero sus fundadores y varios de los dirigentes que han transitado por allí, o que lo siguen haciendo, son masones, y es como tales que barajan sus cartas en los encuentros y deciden qué hacer con tal o cual dirigente –ya sea premiarlo o quitarlo de en medio-, a cuál promover a los máximos cargos políticos, qué guerras merecen librarse, o qué país debe ser ahogado financieramente, entre otras conspiraciones por el estilo.

Cristina Martín, experta en seguir los movimientos de los Bilderberg

Cristina Martín es una periodista española que ha investigado a esta asociación secretista y escrito el libro “El,Club Bilderberg-Los Amos del Mundo”. En un reportaje realizado en 2006 a través del chat del sitio Terra, reveló entre otras consideraciones que las religiones oficiales no cumplen ningún papel en el Club, “aunque hay una conexión directa con la Masonería”. Señaló que se propuso develar los secretos de “ese grupo poderoso que actúa tan secretamente para dominar el mundo”, y que para ello se contactó con “un investigador que lleva años siguiéndoles la pista, cuyo nombre omitiré por su seguridad personal”. Según la periodista, éste le dijo: “Bilderberg es igual que Gran Hermano, el ojo que todo lo ve y controla. No actúan por dinero, ya que tienen muchísmo; es por poder. El objetivo real es el poder absoluto; convertir a la gente en esclavos”. Agregó que su interlocutor le mostró a continuación un billete de un dólar para mostrarle la simbología masónica que contiene: “El ojo sobre la pirámide, las 13 ramas, las 13 flechas. Debajo de la pirámide hay una frase que dice: Nuevo Orden Mundial. No sólo se intuye la mano de la Masonería, sino del Iluminismo”. Atendiendo a esta explicación, podríamos agregar por nuestra parte que el billete de un dólar tiene la figura de George Washington, y éste era un reconocido masón.

La salsa de todos los guisos

En otro orden, la periodista española señaló que “en el año 1960 diversos miembros del Bilderberg y de otras sociedades secretas se reunieron para analizar la situación internacional. De allí salió el informe ‘Iron Mountain’ (Montaña de Hierro), en el que concluyeron que no existen medios más eficaces que las guerras para sacar beneficios. Han implantado una economía de guerra donde con su dinero arman a los dos bandos, crean situaciones de peligro y se aprovechan con las reconstrucciones, los créditos, y acaban dominando las vidas de los países afectados”.

El investigador al que se refería Cristina Martín, evitando nombrarlo “por su seguridad personal” es Daniel Estulin, ruso de nacimiento y nacionalizado canadiense, quien efectivamente sigue el rastro del Club Bilderberg y de sus participantes desde hace casi quince años. Ello le ha valido no pocas amenazas contra su vida y hasta un atentado en 1996, cuando sabotearon un ascensor que iba a tomar. De allí que cambia frecuentemente de lugar de residencia, haciéndolo actualmente en España, y en los reportajes que se le hacen elude mencionar aspectos de su vida privada, como por ejemplo su domicilio y si es casado y tiene hijos.

Estulin, de 48 años, ya ha publicado dos libros, uno a continuación del otro. El primero, editado en 2005, se titula “La verdadera historia del Club Bilderberg” y se constituyó en un best-seller mundial, que llegó a 38 países y fue traducido a 21 idiomas, recibiendo en Canadá el premio “The Kingston Eye Opener” al mejor libro de no ficción extranjero, pese a que algunos –seguramente enviados por el Club- lo tildaron de “conspiranoico”. En el segundo, “Los secretos del Club Bilderberg”, su autor revela las intrigas ocultas de los principales políticos y empresarios, demuestra cómo el Club manipula la cultura hasta convertirla en “un instrumento de lavado de cerebro de las masas” y cómo se ha servido de conflictos como los de Kosovo y Afganistán para consolidar su monopolio en uno de los negocios más lucrativo de todos los tiempos: el tráfico de drogas.

Estulin asegura tener abundante documentación sobre todo lo concerniente al Club Bilderberg, además de haber logrado contar con un contacto que le ha filtrado parte de esos documentos. Asegura además que de la invasión a Irán ya comenzaba a hablarse en la reunión que el Club realizó en 2005 en Rotach-Egern, un pueblo ubicado en Bavaria, Alemania. Lo que equivaldría a pensar que quizás, a casi dos años de ese encuentro, esa invasión podría estar muy cercana.

Durante la reunión de los bilderbergers en 2003 en el Hotel Trianon, de Versalles, hubo por primera vez un ligero enfrentamiento entre algunos participantes europeos y norteamericanos por la invasión de Estados Unidos a Irak, ya que un grupo de los primeros se había opuesto el año anterior a la misma, además de que en ese encuentro del 2002, Donald “el pastorcito mentiroso” Rumsfeld había asegurado tajantemente que esa invasión “no se realizará”.

Por otra parte, y como se señaló anteriormente, el Club Bilderberg se encarga muy bien de ayudar a sus socios a acceder a diversos altos cargos. Es así como, por ejemplo, Bill Clinton y Tony Blair estuvieron en una reunión del Club antes de llegar a ser, respectivamente, presidente de Estados Unidos y Primer Ministro del Reino Unido. Lo mismo ocurrió con Jaap de Hoop Scheffer antes de acceder al cargo de secretario general de la OTAN. Menos suerte tuvo, en cambio, el senador demócrata norteamericano John Kerry, candidato presidencial en las últimas elecciones de Estados Unidos en que enfrentaba la reelección de George W. Bush, y que había participado en la reunión del Bilderberg en Suecia, en 2001. Una suerte que, de acuerdo a la sintonía más afinada de este último y muchos miembros de su administración con el Club, fácilmente pudo haber sido desviada hacia los republicanos.

Hay otras maniobras achacadas al Club, que han sido denunciadas por algunas publicaciones tanto de derecha como de izquierda. Por ejemplo, en el encuentro realizado en 1999 en Sintra, Portugal, se decidió dar “luz verde” a Rusia para que bombardeara Chechenia. A su vez, los seguidores de la ex Primer Ministro británica Margaret Thatcher lo acusan de haberla apartado de la política por haberse opuesto a la adopción del euro como moneda única en la Unión Europea.

Por su parte, en el año 2000 Donald Rumsfeld trabajó junto al general Peter Sutherland en la dirección de la compañía suiza de energía ABB, y fue esta compañía la que le vendió dos reactores nucleares a Corea del Norte, supuestamente enfocada como uno de los integrantes del “eje del mal” que tanto preocupa al gobierno norteamericano. Otra particularidad de los bilderbergers es que suelen encontrarse unos días antes y cerca del lugar de cada reunión del Grupo de los 8 (G-8). Las casualidades, a veces, no existen.

La reina Sofía de España, a la entrada del Hotel Marriot de
Copenhague durante la cita Bilderberg de 2014

De todas maneras, al Club Bilderberg no se le reconoce ideología específica alguna, y así lo demuestra frecuentemente a través de sus acciones. Se lo sindica a la vez de nazi, antisemita, conservador y socialista. Lo cierto es que tiene una ideología muy propia, no importa quiénes sean ni de dónde provengan sus socios. Allí dentro, sólo existe una, que más que ideología es un culto: el del poder y la dominación mundial.

De Kofi Annan, ciertos medios y Putin

Pasando a otro reportaje interesante, el que se le realizó a Arcadi Oliveres -doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona y presidente de la organización catalana “Justicia i Pau” (Justicia y paz), quien también ha investigado al Club Bilderberg- contiene también datos para tener en cuenta. Oliveres revela que el Club, además de las cuotas de miles de dólares que recibe de cada uno de sus socios, tiene sus “mecenas” para financiar sus costosos encuentros, destacándose entre ellos la familia Wallenberg, la más rica de Suecia ya que es accionista mayoritaria de empresas como Electrolux, ABB y Ericsson. Señala el hecho llamativo de que una de las hijas de Wallenberg estuvo casada con Kofi Annan, el ex secretario general de la ONU que antes de serlo fue secretario del Steering Comittee del Club Bilderberg, y explica que “es necesario que se difunda todo este tipo de informaciones, que la gente sepa quién está decidiendo, quién fue Kofi Annan y por qué decidió unas cosas y no otras”.

Al recordársele que los medios de prensa nunca informan sobre las reuniones de los bilderbergers, Oliveres explica: “Hay demasiados intereses económicos en los grandes grupos de comunicación. Como ejemplo baste analizar qué pasó con ‘Le Figaro’, el diario más vendido de Francia. Cuando murió el último propietario, sus ocho hijos decidieron vender el 80% de las acciones. La mitad fue adquirida por Marcel Dassault, el primer fabricante de aviones de combate de Francia (N.del A.: los Mirage), quien tiene prohibida la entrada a Bélgica por negocios ilegales. El otro 40% fue adquirido por el Grupo Carlyle, cuyo principal accionista es George Bush padre. ¿Qué va a estar dispuesto a escribir ‘Le Figaro’ con estos dos señores detrás?”.

También resultaron de interés algunas apreciaciones de Oliveres respecto del desastre ecológico provocado por el barco petrolero “Prestige” en las costas de España en el 2002. Se recuerda que ese barco, con bandera de Bahamas y procedente de Letonia, que se dirigía hacia Gibraltar, sufrió una grieta en uno de sus costados y posteriormente se partió en dos –por causas que aún no se aclararon debidamente y continúan envueltas en la polémica- cuando se encontraba a 250 kilómetros de las costas de Galicia. Cuando se enviaron remolcadores para arrastrarlo a que se hundiera mar adentro, su capitán se resistió durante horas, tiempo en que, antes de partirse, explotó uno de los tanques durante una tormenta. Allí comenzó el derrame de petróleo cuyas consecuencias fueron desastrosas para la costa gallega y una zona que iba desde el norte de Portugal hasta el sur de Francia. El entonces presidente de la Junta de Galicia, Manuel Fraga Iribarne (casualmente uno de los que transitó por el Club Bilderberg), había asegurado entonces que el hundimiento “no tendría efectos sobre el medio ambiente”. Un grosero error de apreciación que aún hoy recuerdan los ciudadanos de Galicia.

Sobre este tema Oliveres recordó que casi todos los datos del “Prestige” los había encontrado en el diario francés “Le Monde”, indicando: “Durante semanas estuve preguntándome quién sería el propietario del barco, porque tenía claro que el capitán era sólo un ‘cabeza de turco’. Finalmente, ‘Le Monde’ publicó que era propiedad de una pequeña compañía suiza, la que a su vez pertenecía a otra rusa, ‘Alpha Group’. Vladimir Putin tiene intereses personales en esta empresa. Un día después el diario (español) ‘El País’ reprodujo el artículo de ‘Le Monde’, pero cortó la línea en que salía Putin. Casualmente sólo se saltó esa referencia”. Al preguntársele entonces si Putin era tan poderoso, Oliveres respondió: “Cuando Putin aspiraba a ser presidente de Rusia, las encuestas le daban sólo un 5% de posibilidades. Entonces se produjeron tres atentados en Moscú en los que murieron 280 personas. Putin apareció en televisión pidiendo ser elegido para garantizar la paz y la seguridad. Finalmente ganó las elecciones. Recientemente se descubrió que aquellas bombas no fueron chechenas, como se dijo, sino que las colocó la KGB, la organización que hasta poco antes había dirigido Vladimir Putin”.

Cuestiones éstas que explican, entre otras cosas relativas al presidente ruso, el por qué del rápido ascenso de Putin en los ámbitos internacionales –seguramente impulsado por el Club Bilderberg- y, muy probablemente, los motivos de que se quite de encima a tantos periodistas de su país que le son críticos –30 asesinados en el tiempo que lleva como presidente-, entre ellos su última víctima, la tan perseguida Anna Politkovskaya, baleada en octubre del 2006. Por cuenta propia o también con la ayuda del Club. Para el caso es lo mismo.

Por algo dijo la periodista española Cristina Martín, respecto del “selecto” grupo que se reúne año tras año en algún lugar del norte de Occidente: “No tienen escrúpulos a la hora de matar personas para conseguir lo que quieren”.

(Fuente: https://periodicotribuna.com.ar/)

PD.: Enlazo aquí el artículo de «Donde la verdad nos lleva» en que se nos da la primicia del Hotel donde se celebrará entre el 15 y el 19 del próximo mes de mayo la reunión anual del Club Bilderberg: el Brookstreet de Otawa (Canadá), propiedad del magnate galés vinculado a la élite Rothschild Terry Matthews, y que ya acogiera la reunión en 2006.

En breve, la segunda parte de este artículo.

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