Recreación artística de la sonda espacial Hayabusa2 acercándose a la superficie del astroide Ryugu. [JAXA]

Fue un breve pero histórico contacto en la superficie del asteroide Ryugu. A las 7:29 del 22 de febrero, según la hora japonesa, la sonda espacial Hayabusa2 tocó la superficie del asteroide en el lugar previsto para ello. Una vez allí, la nave disparó un proyectil en suelo de la roca espacial y emprendió de inmediato el regreso hacia su «altitud de estacionamiento», según informó la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) en una serie de tuits. Los responsables de la misión esperan que la maniobra haya cumplido su objetivo, consistente en reunir muestras del asteroide.

Si la operación ha tenido éxito, será la segunda vez en la historia que se logre un hito semejante, después de que en 2005 hiciera lo propio la sonda predecesora, Hayabusa. La maniobra era uno de los aspectos más arriesgados de la misión, ya que la superficie de Ryugu se encuentra repleta de rocas que podrían dañar fácilmente la nave. El objetivo final de la misión consistirá en traer a la Tierra las muestras del asteroide, lo que está previsto que ocurra a finales de 2020.

«La toma de contacto ha progresado con suavidad», aseguró Satoshi Hosoda, de la Agencia Espacial Japonesa, en una retransmisión web. «Las personas implicadas estaban muy tensas, pero luego pudimos ver sonrisas y abrazos.» Yuichi Tsuda, director de proyecto de la misión, confirmó más tarde en una rueda de prensa que la secuencia de disparo del proyectil se había desarrollado según lo previsto.

Una vez que la sonda hizo contacto con la superficie del asteroide, disparó una bala en el suelo con la intención de desprender arena, guijarros y fragmentos de roca. Esos restos debían almacenarse después en una cámara de recolección, o «manguera de muestreo». En caso de que lo anterior hubiera fallado, la manguera se halla provista de dientes que también deberían haber arrancado material para llevarlo a la nave.

Hayabusa2 había comenzado su lenta caída hacia Ryugu unas 26 horas antes, cuando emprendió su camino desde una altitud de 20 kilómetros (la débil gravedad del asteroide hace difícil que un objeto pueda permanecer en órbita a su alrededor). La nave continúo de forma autónoma su descenso, lista para abortar la operación y volver a subir en caso de que se produjese cualquier anomalía. A medida que la superficie del asteroide giraba lentamente bajo ella, Hayabusa2 se dirigió hacia su objetivo: una pequeña bola reflectante que previamente había depositado en la superficie.

Dicha ubicación, bautizada por los responsables como L08-E1, había sido seleccionada como una de las opciones «menos malas». Ello se debe a que el asteroide se encuentra casi totalmente cubierto de rocas de distintos tamaños, y chocar contra una de ellas podría haber tenido consecuencias desastrosas para la misión.

Hayabusa2 fue lanzada a finales de 2014. En junio de 2018 llegó a Ryugu, un asteroide de apenas un kilómetro de ancho y situado en una órbita no muy alejada de la de la Tierra. Una vez allí, los responsables de la misión cartografiaron con detalle la superficie del objeto y seleccionaron varios lugares para su múltiple asalto a la roca. La nave nodriza ya ha lanzado tres pequeñas sondas a la superficie, desde donde enviaron imágenes en septiembre y octubre.

La siguiente fase de la misión, aún más arriesgada, consistirá en lanzar un explosivo para crear un pequeño cráter en la superficie del asteroide. La nave intentará entonces hacer contacto en dicha zona con miras a recoger parte del material arrancado durante el impacto. Si todo continúa según lo previsto, la sonda partirá de regreso a la Tierra a finales de 2019 y entrará en la atmósfera de nuestro planeta a finales de 2020.

Davide Castelvecchi/Nature News

Artículo original traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Más información en la página web de la Agencia Espacial Japonesa.

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