La reserva cognitiva, una capacidad decisiva en la evolución de nuestro cerebro

La reserva cognitiva es un concepto que nace en el contexto de la neuropsicología. Se refiere a la capacidad de las estructuras cerebrales para responder a la pérdida de capacidades cerebrales o a las transformaciones negativas en ese órgano.

Dicho en otras palabras, la reserva cognitiva hace alusión a la capacidad del cerebro para reaccionar funcionalmente ante una enfermedad que lo afecta o ante la vejez o el deterioro. Esta capacidad permite compensar, hasta cierto punto, cualquier daño sufrido.

Un elevada reserva cognitiva consigue en algunos casos que el cerebro vuelva a funcionar con normalidad después de una enfermedad. También mantiene plenamente activo ese funcionamiento, incluso con el deterioro natural por la edad. Como ves, se trata de una capacidad muy importante, que vale la pena cultivar y mantener.

El origen de la reserva cognitiva

La reserva cognitiva comienza a formarse desde el mismo momento en el que empieza a desarrollarse el cerebro dentro del vientre materno. Se sabe que las experiencias de los primeros años de vida son determinantes. Estas definen en gran medida el rumbo que tomará el proceso de desarrollo de la inteligencia.

cerebro con estrellas representando la reserva cognitiva

Hay razones para pensar que el factor genético influye en la formación de una reserva cognitiva. Sin embargo, este aspecto no es definitivo. Existen maneras de estimular el cerebro para aumentar esta capacidad a lo largo de la vida. De hecho, se puede incrementar incluso en un cerebro dañado.

Las actividades intelectuales, lúdicas y deportivas se han mostrado eficaces para aumentar la reserva cognitiva. Particularmente la lectura, los juegos mentales, el aprendizaje de idiomas, el baile, el deporte y toda actividad intelectualmente estimulante ayuda a que se eleve esta capacidad.

rostro entre ramas de arbol representando la reserva cognitiva

Estimular la reserva cognitiva

Cuando se tiene una buena reserva cognitiva, el cerebro es capaz de realizar nuevas conexiones entre las neuronas, para reemplazar aquellas que pudieran estar dañadas o deterioradas. Ese proceso es mucho más fácil para quienes previamente han realizado algunas de estas actividades o tienen alguna de estas características:

  • Mayor nivel cultural. Por nivel cultural se entiende el conjunto de estudios acumulado, la lectura y las actividades de tipo intelectual que se realicen. Un nivel más elevado protege al cerebro del deterioro cognitivo leve, o sea, del que se produce por la edad.
  • Relaciones sociales. Está comprobado que aquellos que cuentan con el apoyo de un buen círculo social, con el que se relacionan de manera frecuente, tienen un 38% menos de posibilidades de sufrir una demencia.
  • Ejercicio físico. Favorece el riego sanguíneo en el cerebro, protege del estrés oxidativo y de otros factores de deterioro asociados a la vejez
  • Ejercicio mental. Es definitivo para incrementar la reserva cognitiva. Incluye actividades como tocar un instrumento musical, realizar pasatiempos intelectuales, etc.

Una dieta saludable también contribuye a mantener la fortaleza en el cerebro. Se debe evitar el consumo de tabaco, alcohol u otros psicoactivos. Las caminatas, los paseos y los viajes también se incluyen dentro de los factores favorables.

Un experimento sorprendente

David Snowdon, doctor en epidemiología y profesor de neurología en la Universidad de Kentucky, llevó a cabo un impresionante estudio en 1986. Tomó como grupo de investigación a un grupo de 678 monjas católicas de los Estados Unidos. Se trataba de un grupo muy uniforme. Comían lo mismo, vivían en el mismo entorno y realizaban actividades similares.

Se realizó un seguimiento de su reserva cognitiva durante 17 años. Durante ese lapso se les realizaron pruebas regulares, de tipo genético, intelectual o psicológico. Todas ellas aceptaron que al morir sus cerebros fueran estudiados para complementar las información del experimento.

monjas del estudio sobre reserva cognitiva

Lo más sorprende fue el caso de la Hermana Bernadette. Esta religiosa murió a los 85 años. Su cerebro fue estudiado y se detectó entonces que padecía de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, nunca durante su vida había mostrado síntomas de padecerla. Los investigadores pudieron concluir que la reserva cognitiva de la religiosa había compensado claramente sus deficiencias.

Los investigadores lograron comprobar también otro dato interesante. Las religiosas con un vocabulario más rico acusaban un menor deterioro cognitivo con el paso de los años. Y ese vocabulario, a su vez, se derivaba de que ellas habían sido buenas lectoras durante la infancia. Este experimento es una de las evidencias más contundentes a favor del ejercicio intelectual, social y físico como formas válidas de retrasar la decadencia natural de nuestras funciones cognitivas.

Imágenes cortesía de Tomasz Alen Kopera.

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