La pirámide de los muertos

Contaba tiempo atrás el investigador Juan Gómez en la revista Año/Cero, que «una vez finalizada la guerra, el gobierno franquista e italiano se volcaron en la creación de un mausoleo dedicado a los soldados italianos caídos en aquel enfrentamiento, formando así la “pirámide de los muertos”. Esa jornada, varios militares italianos encabezados por Pietro Battiston, oficial de la División Littorio, cayeron ante los veintidós batallones republicanos que defendían la frontera del norte. Y entonces empezó el misterio.

El total de bajas sufridas fue de 372: 360 soldados y 12 oficiales. Para ello, el propio Franco y el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini y ministro de Exteriores, llegaron al acuerdo de construir una pirámide que albergaría los restos de los soldados italianos pertenecientes a dicha división». 

Y fue aquí, en las alturas del puerto del Escudo, donde se ubicó el curioso monumento. Se trataba de una pirámide escalonada de más de veinte metros cuya entrada estaba jalonada por una M gigante que pretendía recordar así que los que fallecieron lo habían hecho por su duce, Mussolini. 

El 9 de mayo de 1971, un grupo de familiares y excombatientes que habían sobrevivido a aquel combate viajaron desde Italia en autobús para celebrar un acto de homenaje a los soldados caídos. Cuando regresaban en dirección a Santander, la tragedia se cebó con ellos. El autobús empezó el descenso del puerto sin mayores problemas. Sin embargo, la pronunciada pendiente de la carretera junto con las sinuosas curvas y la longitud del puerto, hicieron que el conductor se emplease a fondo con los frenos.

Ante la imposibilidad de mantener el vehículo sobre el asfalto, éste se precipitó más de cien metros ladera abajo, desencadenando la tragedia. El accidente se llevaría por delante la vida de once personas, algunas de ellas soldados que cuarenta años antes habían estado combatiendo en ese mismo lugar. Por la acción de algún resorte que no acabamos de comprender, como si de un macabro juego del destino se tratara, la muerte los alcanzó donde cuatro décadas antes habían sobrevivido a las bombas, a las balas y a los cañonazos. 

Hay personas que aseguran que en realidad no permanece vacía, que algo sigue presente. Testigos afirman que han salido sobresaltados de ese lugar porque “algo” parecía tocarles la espalda con una mano helada. También afirman que mientras realizaban grabaciones en el interior de la pirámide “alguien” había dejado su mensaje en forma de extraña y sobrecogedora voz.

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