La naturaleza: El verdadero camino

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Ya no caminamos los caminos de la naturaleza.  No caminamos los caminos que se han construido con la intervención del viento veloz, con las correntadas de agua milenarias, con la tierra viva movediza, con los animales que mimetizan el tiempo, con el espacio que curva a la materia, con el arbusto que siempre está presente y más.  Por comodidad y rapidez, hemos decidido caminar por ‘el asfalto’, y nos hemos quedado con la inteligencia y la memoria del asfalto en todas las actividades humanas.  Queremos llegar más ‘temprano’.  Queremos ir a la ‘misma’ y ‘alta’ velocidad todo el tiempo.  No queremos ninguna ‘interrupción’: humanos, animales, árboles, charcos, pendientes…ya que nos “retardan” la llegada, o nos arrebatan el tiempo.  A diferencia de los caminos de asfalto, que no tienen gran información, los caminos de la naturaleza tienen información vital profunda y eterna sabiduría viva y evolucionada. 


Los caminos “asfaltados” están vacíos de inteligencia superior; solo condensan inteligencia material. No permitamos que se eliminen los caminos naturales que nos quedan. Este es el único camino para salir de toda pandemia: sanitaria, social, política, económica, institucional, ciudadana.

Alfredo Sfeir-Younis (Dzambling Cho Tab Khen), mayo 2020.

No queremos, ni sabemos, cómo identificar y extraer las “guías naturales” (indicaciones), y hemos perdido nuestra sensibilidad respecto a la ecología y el medioambiente externo.  Esto ha desmoronado y debilitado fuertemente nuestra ecología interna y nuestras capacidades de crecimiento y transformación interior.  Y, es esta separación tan profunda una de las grandes razones del por qué destruimos nuestro medioambiente, a los seres sintientes y a la naturaleza.  Hoy generamos cientos de estrategias con el objetivo de separarnos de la naturaleza para que no sea “más lento este camino”.  Y cuando queremos la naturaleza cerca la atrapamos, la enjaulamos, y la maltratamos.

En el camino natural, de la naturaleza, cuando lo vamos caminando, aprendemos de las lluvias torrenciales, de las pendientes, de las curvas pronunciadas, de los precipicios, de los vientos fuertes e infinitos, de los truenos y relámpagos que alumbran el camino, del sol caliente y que nos quema, de los árboles que se cimbran con el viento enloquecido o que se mueren encima del camino, del agua que nace y se moviliza con una memoria eterna, de los ríos y esteros que decidieron existir para siempre allí mismo, etc.  Con la eliminación progresiva de estas fuentes de aprendizajes, también se eliminan del gran caminar de la vida nuestra memoria sutil, que contiene las manifestaciones inteligentes de nuestra naturaleza, separándonos minuto a minuto de ella, y generando un proceso de atrofia interior tanto de nuestra mente como del cuerpo natural.  ¿Por qué? ¿Para qué? 

Queremos desesperadamente el camino fácil, aun aquel que es tan rápido que ni si quiera vemos a otro caminante: “es un inconveniente, porque me va a retrasar en mi camino”.  Queremos un camino que esté completamente marcado, delineado, e identificado permanentemente, en todo momento y en todo lugar: inamovible, indestructible, incambiable…  O sino, me pierdo, o pierdo mi tiempo.  Un camino marcado que sea totalmente independientemente del sol, la luna, la tormenta, el viento, los rayos…

Todo este enfoque de vida nos ha hecho entrar en “un mundo normativo de asfalto”.  Es el mundo normativo fácil y rápido.  Queremos normas que nos den las facilidades que mimetizan una línea recta, para así evitar las curvas, las cuestas, los pedregales, la arena, el hielo…  La normatividad “moderna” se ha simplificado a tal punto que nadie quiere normas.  Hoy, establecemos normas para desnaturalizarnos.  Normamos para no normar.  Es por eso que cuesta tanto declarar los derechos de la naturaleza.

Los caminos “asfaltados” están vacíos de inteligencia superior; solo condensan inteligencia material.  Así, hemos perdido las facultades de leer, interpretar, y caminar en la naturaleza.  No permitamos que se eliminen los caminos naturales que nos quedan.  Tenemos que volver a aprender a leer, pero leer algo muy especial y diferente: las guías de la madre naturaleza.  Este es el único camino.  Este es el camino correcto.  Estas son guías que van más allá de observar un árbol o una cascada de agua.  Estas son las guías que almacenan, marcan y preservan la construcción permanente de nuestra historia.  La historia de la humanidad acompañada de todos los seres sintientes, los seres no materiales y la naturaleza.  El camino de la naturaleza es el camino que marca el curso de nuestra historia.

Al no querer ver las marcas de un camino a través de un árbol frondoso y especial, de una roca inolvidable, de una dirección inédita del viento, de un arroyo que nace y muere con las estaciones del tiempo, de una trayectoria única de la luna, de una señal ya sea de un águila o de una bandada de pájaros migratorios, o de un salir del sol en un nuevo amanecer, nos alejamos inexorablemente de los puentes que existen entre el ser humano y la naturaleza.

Protejamos la ecología externa para poder caminar en los caminos de la ecología interna.

Tenemos que caminar un camino donde no haya un vacío ético, donde no desaparezca la intuición moral, y donde no se destruya la ley y doctrina natural.  Este es el único camino para salir de toda pandemia: sanitaria, social, política, económica, institucional, ciudadana…  


Zacarias Perdomo

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